CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Hay un nuevo director,
llamado Christoffer Boe, al
que a partir de ahora habrá que seguir la pista. En su película
“Reconstruction” hay ecos de ge-nialidad, de entusiasmo, de gran
lirismo. Oímos voces de Frank Capra en su tono fabulador, de
Julio Medem en su desesperado romanticismo, de David Lynch en su
capacidad de hacer palpable lo onírico, de Spike Jonze en su
capacidad de sorpresa o incluso de Lars Von Trier en su
capacidad de pasar del dolor sentido al dolor físico. Y sin
embargo, Boe, bebiendo de tantas y tan ilustres fuentes, se
revela único, genuino en su creación y ha-ce del título de su
película, la clave para entender el ensamblaje que le per-mite
transmitir a la perfección ese concepto de magia fílmica con una
per-sonalidad que se desmarca de toda influencia.
“Es una película, es una
reconstrucción, pero aún así, duele”. Esta frase recitada en off
al inicio y al final de la cinta re-dondea, sintetiza los
grandes méritos de esta creación fílmica, destapa y reserva el frasco de
las esencias que nos embria-gará durante hora y media. Y es
que Boe explora en las posibilidades del Séptimo Arte, en su
lenguaje y en sus licencias para acer-carnos, precisamente, hasta
el límite del con-tacto físico con su historia. Con su ínfima
ca-lidad de imagen, con su saturado colorido, crea una
sobrecogedora atmós-fera en la que, sin mostrarnos ninguna
destacable innovación, deslumbra con su capacidad de desnudar
los sentimientos, de mostrar su irraciona-lidad, y devuelve a
frases tan escuchadas como un “te quiero” un extraño poder de
penetración en la sensibilidad del espectador. Porque su retrato
ultraterreno del amor arranca desde la incomprensión, desde el
delirio, pero va conformándose, con detalles que todos
reconocemos en nuestros aden-tros, como un sólido entramado de
significados y metáforas que envuelve y transporta a un mundo de
casualidades eternas, de sentimientos atempo-rales y de sueños
compartidos.
“Reconstruction” nos habla de segundas y terceras oportunidades,
pero siempre denos-tadas por el mismo error, por la misma tor-peza
humana. De pasiones encontradas, de identidades intercambiadas,
pero todas al servicio de un destino, para nuestra tranquili-dad
o nuestro desasosiego. Porque la es-tructura narrativa de la
película es tan re-donda que tiene lecturas en varias
direc-ciones, desde el optimismo al derrumba-miento emocional, y
encuentra en esa mezcla paradójica su capacidad de fascinación.
En la perfección abru-madora del rostro de
Maria Bonnevie en contraste con
los rasgos primiti-vos de Nikolaj Lie
Kaas, surge el contraste
entre la belleza de la vida, la fortuna o la condena, la
esclavitud a la providencia. Sus interpretaciones se nutren de
esa naturalidad pasmosa del Dogma del que provienen y perfilan
un conjunto que prescinde casi por completo de llevar un ritmo
convencio-nal. Así, permite a su director, casi siempre con
acierto, detener a su anto-jo la cinta a favor de la intensidad
de las situaciones, de ese apartado in-móvil reservado para la
idealización y el estado puro del sentimiento román-tico. Y en
ese toque magistral de despojar de identidad a su protagonista
matiza la plasmación universal de la fantasía y la ensoñación en
contacto directo con la realidad material.
Calificación:
    
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de "Reconstruction" - Copyright © 2003 Nordisk Film
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