● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

SOÑADORES
(The dreamers)


 

Dirección: Bernardo Bertolucci.
Países:
Reino Unido, Francia e Italia.
Año: 2003.
Duración: 120 min.
Interpretación: Michael Pitt (Matthew), Eva Green (Isabelle), Louis Garrel (Theo), Robin Renucci (Padre), Anna Chancellor (Madre), Florian Cadiou (Patrick).
Guión: Gilbert Adair; basado en su novela "The holy innocents".
Producción: Jeremy Thomas.
Fotografía: Fabio Cianchetti.
Montaje: Jacopo Quadri.
Dirección artística: Jean Rabasse.
Vestuario: Louise Stjernsward.
Estreno en España: 17 Octubre 2003.

CÓMO SE HIZO "SOÑADORES"
Notas de producción
© 2003 Lauren Films

2. El reparto

  Desde que en 1973, Bertolucci descubrió para el mundo a una Maria Schneider de 21 años en EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS, como perfecta oponente, con su abrumadora naturalidad, al hastiado extraño que encarnaba Marlon Brando, el director se ha granjeado fama como poseedor de un gran ojo para detectar a los jóvenes talentos. Todo su trabajo se ha regido por esta cualidad, desde EL CONFORMISTA, en 1970, hasta STEALING BEAUTY (BELLEZA ROBADA, 1996) y BESIEGED (ASEDIADA, 1998). Sin embargo, al centrarse en una historia con tres jóvenes, se vio enfrentado a una labor difícil. Jeremy Thomas nos lo explica: «Cuando se hace un film sobre jóvenes, es muy difícil dar con actores que estén entre los 19 y los 20 años que sean estrellas cinematográficas, por lo que es una gran oportunidad para descubrir a gente nueva.» Sin embargo, en esta ocasión, era preciso que Bertolucci afrontara más de una búsqueda de talentos. «Por lo general» —nos dice—, «lo que busco no es exactamente una persona que responda a lo que está escrito en el guión. Lo más importante es tener la sensación de contar con alguien que posea un aire misterioso, alguien que mantenga a mi cámara intrigada por él o ella.»

  Así las cosas, cuando la preproducción empezó, lo único cierto era la necesidad de hallar a dos actores franceses y uno norteamericano. «Para éste último, fuimos a Los Ángeles y Nueva York» —dice Thomas—, «y creo que entrevistamos a unas 200 personas, hasta que fuimos perfilando y reduciendo, y dimos con Michael Pitt. Pasó lo mismo con los personajes franceses; vimos a mucha gente hasta toparnos con los que creímos que encarnarían mejor los papeles; luego los personajes cobraron vida en ellos hasta que nos convencimos de que nadie más podía hacerlo.»

  Sin embargo, la búsqueda en EE.UU. no resultó fácil, y no fue menos motivo el hecho de que el director se mostraba muy celoso por preservar cierto grado de misterio sobre el proyecto. «Bernardo se mantenía muy reservado con respecto al guión» —recuerda Pitt—, «por lo que uno tenía que entrar y leerlo justo delante de él; no podía llevármelo a casa. Me senté allí y leí el guión; me pareció simplemente maravilloso.» Además, había otros problemas. Aunque EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS puede parecer blando para los patrones actuales, el film provocó verdaderos disturbios en todo el globo con su sincero retrato de la sexualidad humana; a algunos agentes les incomodó mucho ofrecer este nuevo guión a sus clientes. «Los EE.UU. resulta un lugar muy puritano» —opina Bertolucci—, «lo que es un auténtico problema para ellos. Con todo, no empleé mucho tiempo tratando de convencer a la gente. Se trata de un guión que o te gusta inmediatamente o no vale la pena hacer el esfuerzo. Mientras estaba buscando, me topé con Michael en Nueva York; inicialmente sentí cierta reticencia hacia él. Estaba a punto de contratar a otro cuando me di cuenta de que me estaba equivocando. Tenía miedo de que debido a su aspecto pudiera parecer un narciso, pero le había subestimado. Es mucho más que un buen actor. Creo que me estaba resistiendo porque yo mismo procedía mucho como él, y me era doloroso tener que admitirlo.»

  Habiendo intervenido previamente en la controvertida BULLY (BULLY, 2001), de Larry Clark, como integrante de una pandilla de adolescentes asesinos, Pitt se ha establecido rápidamente como uno de los nuevos actores norteamericanos más audaces desde su aparición en el culebrón televisivo DAWSON’S CREEK (DAWSON CRECE, 1998). Esos dos papeles de su carrera tan contrapuestos le prepararon realmente para su personaje en THE DREAMERS. «Encarno a Matthew» —nos dice—. «Es un estudiante norteamericano que acaba de llegar a Francia para estudiar. Se ha criado en el seno de una familia de clase media de zona residencial. Es un buen chico, aunque algo ingenuo. Procede de San Diego, y ha venido llevando una vida protegida, plenamente opuesta a la de un hippie; su despertar, o su liberación, va a empezar realmente aquí. Mucho de todo esto tiene que ver con los dos hermanos con quienes se cruza y con el modo en que en cierto sentido éstos le corrompen. Quizá son ellos quienes le abren los ojos, o le posibilitan que él mismo decida abrirlos.» Gilbert Adair aborda la historia: «Así que empieza la película, Matthew aparece como alguien absolutamente solitario. Cada noche asiste a la Cinémathèque; no conoce a mucha gente. Y entonces, en el primer choque entre cinéfilos y policía, entabla amistad con dos jóvenes franceses, Theo e Isabel. Son mellizos, pero no idénticos; y tenemos la vaga sensación de que tenían a Matthew en su punto de mira, y que el encuentro no se ha producido casualmente. A partir de ese momento, sus destinos van a unirse para siempre.»

  Dar con Theo e Isabel fue igualmente agotador, ya que Bertolucci estaba buscando actores que pudieran transmitir la intimidad que comparten dos gemelos. «No estaba buscando el parecido» —informa el director—. «Buscaba algo más sutil que eso. Proceden de una familia parisina de clase media, son cultos pero también muy retraídos.» Para dar vida a Theo, eligió a Louis Garrel, hijo de Philippe Garrel, quien tiene otra inesperada relación con el 68. «Conocí a su padre» —nos dice Bertolucci—. «Es un director a quien admiro; era muy joven en el 68. Sentí curiosidad por conocer a su hijo. Me gustó a simple vista; hay algo muy romántico en él, pero también cierta severidad.» Garrel entendió intuitivamente ese aspecto del papel. «Se trata de unos mellizos que despiertan al sexo y necesitan a alguien que les ayude» —opina el actor—. «Se encuentran con este norteamericano y lo usan por su inocencia; Theo quiere que Matthew le separe de su hermana, e Isabel desea que el norteamericano le separe de su hermano.»

  Con Garrel, Adair se dio cuenta de que la película iba a emprender el vuelo por su cuenta. «Theo es un personaje misterioso» —nos dice—, «mucho más de lo que es en mi novela y, en parte, ello se debe a Louis. Creo que pasará un buen rato antes que el público llegue a saber si es Theo quien manipula a Isabel o viceversa. Al principio, parece que Isabel domina a Theo casi por completo, pero a medida que vamos descubriendo las inseguridades de ella, empezamos a preguntarnos si Theo está desarrollando un juego más sutil. Este juego de dos pasa a ser de tres, y de eso trata precisamente este largometraje.»

  Para completar el trío, Bertolucci seleccionó a la debutante Eva Green, una actriz de formación teatral que afronta aquí su primera película. «Cuando me encontré con ella» —informa Bertolucci—, «sólo transcurrieron diez segundos y ya estaba pensando ‘Ésta es Isabel.’» Efectivamente, las primeras impresiones son esenciales. Adair nos dice: «Cuando Isabel aparece por vez primera, se trata de alguien que irradia, que percibimos consciente de su propia belleza, de la calidad de su propia imagen, porque está imitando claramente el tipo de estrellas cinematográficas que admira. Luego vamos descubriendo muchas otras cosas sobre ella, y nos damos cuenta de que resulta mucho más vulnerable, alguien mucho más insegura de lo que parece. Es una chica ocurrente, inteligente, y de gran vivacidad, pero tiene un secreto que el largometraje desvela a su debido tiempo.»

  Aunque le asustaba dar el paso desde los escenarios a la pantalla, Green afrontó el desafío. «Es un gran papel porque Isabel posee mucho misterio» —nos dice la actriz—, «y nunca acabamos de saber si está fingiendo o no, porque da la impresión de que está interpretando todo el tiempo. Se inspira en las grandes actrices del cine: Greta Garbo, Lauren Bacall, Bette Davis… y resulta muy ambigua. Es como la Esfinge. En ocasiones parece muy dura y, sin embargo, oculta una enorme sensibilidad. Le asusta la soledad, verse separada de su hermano, y sin embargo también le asusta haberse enamorado de él.»

  Una vez logrado el reparto, Bertolucci desveló sus propósitos para facilitar a los actores la comprensión de la mentalidad del momento y el lugar donde se desarrolla el drama. «Lo que en realidad quería es que tres jóvenes de hoy se enfrentaran a los jóvenes del 68» —confiesa—. «Realmente, ¿qué saben Michael, Louis y Eva del 68? Casi nada. La juventud actual sabe muy poco de aquella época. Decidí mostrarles un montón de noticiarios y mucha televisión de aquel entonces. Y en cierto momento, estuve a punto de hacerles leer los textos que eran esenciales en los 60, pero reparé en que habría sido demasiado, hubiera originado muchas preguntas que habría sido imposible responder. Decidí mantener esta confrontación de un modo más sutil.»

  Green se dio cuenta inmediatamente y se sintió impresionada por el estilo instintivo del director. «En su película, la atmósfera se contagia, es muy sensual» —opina la actriz—. «Me asustaba trabajar con él, aunque es alguien encantador; trabaja muy estrechamente con los actores y transmite seguridad. También es muy exigente, pero puede llevarte a donde quiere sin dar la impresión de ser un manipulador. Todo parece sencillo; sabe comunicarte lo que busca con sólo una palabra o un gesto. Es alguien muy misterioso» —ríe. «¡Nunca llegamos a saber lo que está pensando!» —coincide Pitt—. «En cierto sentido, Bernardo aparenta ser alguien muy despreocupado, pero no deja de apuntar hacia algo extremadamente preciso.» Sin embargo, esta precisión tiene su precio. A medida que el reparto se acomodaba en sus papeles, Bertolucci y Adair empezaron a ver cómo el argumento iba cambiando de modo inesperado. «Trabajar junto a Bernardo ha sido algo inolvidable y, en ocasiones, totalmente estresante» —confiesa Adair—. «Para él, una película es un organismo vivo; estábamos cambiando constantemente la dirección del film. Alguna que otra vez, tenía la necesidad de mostrarme lo que había filmado y montado hasta aquel momento, porque el guión había dejado de ser la guía más fiable de acuerdo con el rumbo que la película había emprendido. Constantemente, tenía que rescribir los diálogos a medida que los personajes iban evolucionando. Al principio, eso me molestaba, pero aprendí una gran lección con Bernardo. Yo creía que uno tenía que lograr que los actores encajaran en sus respectivos personajes del mismo modo que una botella da forma a un líquido vertido en su interior. Bernardo me demostró que justamente se trata de lo contrario. Es el actor quien da forma al personaje.»

3. Los cinéfilos >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Soñadores" - Copyright © 2003 Recorded Picture Company, Peninsula Films y Fiction Films. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos reservados.

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