CÓMO SE HIZO "SOÑADORES"
Notas de producción
© 2003
Lauren Films
2. El reparto
Desde que en 1973, Bertolucci
descubrió para el mundo a una Maria Schneider de 21 años en EL
ÚLTIMO TANGO EN PARÍS, como perfecta oponente, con su abrumadora
naturalidad, al hastiado extraño que encarnaba Marlon Brando, el
director se ha granjeado fama como poseedor de un gran ojo para
detectar a los jóvenes talentos. Todo su trabajo se ha regido
por esta cualidad, desde EL CONFORMISTA, en 1970, hasta STEALING
BEAUTY (BELLEZA ROBADA, 1996) y BESIEGED (ASEDIADA, 1998). Sin
embargo, al centrarse en una historia con tres jóvenes, se vio
enfrentado a una labor difícil. Jeremy Thomas nos lo explica:
«Cuando se hace un film sobre jóvenes, es muy difícil dar con
actores que estén entre los 19 y los 20 años que sean estrellas
cinematográficas, por lo que es una gran oportunidad para
descubrir a gente nueva.» Sin embargo, en esta ocasión, era
preciso que Bertolucci afrontara más de una búsqueda de
talentos. «Por lo general» —nos dice—, «lo que busco no es
exactamente una persona que responda a lo que está escrito en el
guión. Lo más importante es tener la sensación de contar con
alguien que posea un aire misterioso, alguien que mantenga a mi
cámara intrigada por él o ella.»
Así las cosas, cuando la
preproducción empezó, lo único cierto era la necesidad de hallar
a dos actores franceses y uno norteamericano. «Para éste último,
fuimos a Los Ángeles y Nueva York» —dice Thomas—, «y creo que
entrevistamos a unas 200 personas, hasta que fuimos perfilando y
reduciendo, y dimos con Michael Pitt. Pasó lo mismo con los
personajes franceses; vimos a mucha gente hasta toparnos con los
que creímos que encarnarían mejor los papeles; luego los
personajes cobraron vida en ellos hasta que nos convencimos de
que nadie más podía hacerlo.»
Sin embargo, la búsqueda en
EE.UU. no resultó fácil, y no fue menos motivo el hecho de que
el director se mostraba muy celoso por preservar cierto grado de
misterio sobre el proyecto. «Bernardo se mantenía muy reservado
con respecto al guión» —recuerda Pitt—, «por lo que uno tenía
que entrar y leerlo justo delante de él; no podía llevármelo a
casa. Me senté allí y leí el guión; me pareció simplemente
maravilloso.» Además, había otros problemas. Aunque EL ÚLTIMO
TANGO EN PARÍS puede parecer blando para los patrones actuales,
el film provocó verdaderos disturbios en todo el globo con su
sincero retrato de la sexualidad humana; a algunos agentes les
incomodó mucho ofrecer este nuevo guión a sus clientes. «Los
EE.UU. resulta un lugar muy puritano» —opina Bertolucci—, «lo
que es un auténtico problema para ellos. Con todo, no empleé
mucho tiempo tratando de convencer a la gente. Se trata de un
guión que o te gusta inmediatamente o no vale la pena hacer el
esfuerzo. Mientras estaba buscando, me topé con Michael en Nueva
York; inicialmente sentí cierta reticencia hacia él. Estaba a
punto de contratar a otro cuando me di cuenta de que me estaba
equivocando. Tenía miedo de que debido a su aspecto pudiera
parecer un narciso, pero le había subestimado. Es mucho más que
un buen actor. Creo que me estaba resistiendo porque yo mismo
procedía mucho como él, y me era doloroso tener que admitirlo.»
Habiendo intervenido
previamente en la controvertida BULLY (BULLY, 2001), de Larry
Clark, como integrante de una pandilla de adolescentes asesinos,
Pitt se ha establecido rápidamente como uno de los nuevos
actores norteamericanos más audaces desde su aparición en el
culebrón televisivo DAWSON’S CREEK (DAWSON CRECE, 1998). Esos
dos papeles de su carrera tan contrapuestos le prepararon
realmente para su personaje en THE DREAMERS. «Encarno a Matthew»
—nos dice—. «Es un estudiante norteamericano que acaba de llegar
a Francia para estudiar. Se ha criado en el seno de una familia
de clase media de zona residencial. Es un buen chico, aunque
algo ingenuo. Procede de San Diego, y ha venido llevando una
vida protegida, plenamente opuesta a la de un hippie; su
despertar, o su liberación, va a empezar realmente aquí. Mucho
de todo esto tiene que ver con los dos hermanos con quienes se
cruza y con el modo en que en cierto sentido éstos le corrompen.
Quizá son ellos quienes le abren los ojos, o le posibilitan que
él mismo decida abrirlos.» Gilbert Adair aborda la historia:
«Así que empieza la película, Matthew aparece como alguien
absolutamente solitario. Cada noche asiste a la Cinémathèque; no
conoce a mucha gente. Y entonces, en el primer choque entre
cinéfilos y policía, entabla amistad con dos jóvenes franceses,
Theo e Isabel. Son mellizos, pero no idénticos; y tenemos la
vaga sensación de que tenían a Matthew en su punto de mira, y
que el encuentro no se ha producido casualmente. A partir de ese
momento, sus destinos van a unirse para siempre.»
Dar con Theo e Isabel fue
igualmente agotador, ya que Bertolucci estaba buscando actores
que pudieran transmitir la intimidad que comparten dos gemelos.
«No estaba buscando el parecido» —informa el director—. «Buscaba
algo más sutil que eso. Proceden de una familia parisina de
clase media, son cultos pero también muy retraídos.» Para dar
vida a Theo, eligió a Louis Garrel, hijo de Philippe Garrel,
quien tiene otra inesperada relación con el 68. «Conocí a su
padre» —nos dice Bertolucci—. «Es un director a quien admiro;
era muy joven en el 68. Sentí curiosidad por conocer a su hijo.
Me gustó a simple vista; hay algo muy romántico en él, pero
también cierta severidad.» Garrel entendió intuitivamente ese
aspecto del papel. «Se trata de unos mellizos que despiertan al
sexo y necesitan a alguien que les ayude» —opina el actor—. «Se
encuentran con este norteamericano y lo usan por su inocencia;
Theo quiere que Matthew le separe de su hermana, e Isabel desea
que el norteamericano le separe de su hermano.»
Con Garrel, Adair se dio
cuenta de que la película iba a emprender el vuelo por su
cuenta. «Theo es un personaje misterioso» —nos dice—, «mucho más
de lo que es en mi novela y, en parte, ello se debe a Louis.
Creo que pasará un buen rato antes que el público llegue a saber
si es Theo quien manipula a Isabel o viceversa. Al principio,
parece que Isabel domina a Theo casi por completo, pero a medida
que vamos descubriendo las inseguridades de ella, empezamos a
preguntarnos si Theo está desarrollando un juego más sutil. Este
juego de dos pasa a ser de tres, y de eso trata precisamente
este largometraje.»
Para completar el trío,
Bertolucci seleccionó a la debutante Eva Green, una actriz de
formación teatral que afronta aquí su primera película. «Cuando
me encontré con ella» —informa Bertolucci—, «sólo transcurrieron
diez segundos y ya estaba pensando ‘Ésta es Isabel.’»
Efectivamente, las primeras impresiones son esenciales. Adair
nos dice: «Cuando Isabel aparece por vez primera, se trata de
alguien que irradia, que percibimos consciente de su propia
belleza, de la calidad de su propia imagen, porque está imitando
claramente el tipo de estrellas cinematográficas que admira.
Luego vamos descubriendo muchas otras cosas sobre ella, y nos
damos cuenta de que resulta mucho más vulnerable, alguien mucho
más insegura de lo que parece. Es una chica ocurrente,
inteligente, y de gran vivacidad, pero tiene un secreto que el
largometraje desvela a su debido tiempo.»
Aunque le asustaba dar el
paso desde los escenarios a la pantalla, Green afrontó el
desafío. «Es un gran papel porque Isabel posee mucho misterio»
—nos dice la actriz—, «y nunca acabamos de saber si está
fingiendo o no, porque da la impresión de que está interpretando
todo el tiempo. Se inspira en las grandes actrices del cine:
Greta Garbo, Lauren Bacall, Bette Davis… y resulta muy ambigua.
Es como la Esfinge. En ocasiones parece muy dura y, sin embargo,
oculta una enorme sensibilidad. Le asusta la soledad, verse
separada de su hermano, y sin embargo también le asusta haberse
enamorado de él.»
Una vez logrado el reparto,
Bertolucci desveló sus propósitos para facilitar a los actores
la comprensión de la mentalidad del momento y el lugar donde se
desarrolla el drama. «Lo que en realidad quería es que tres
jóvenes de hoy se enfrentaran a los jóvenes del 68» —confiesa—.
«Realmente, ¿qué saben Michael, Louis y Eva del 68? Casi nada.
La juventud actual sabe muy poco de aquella época. Decidí
mostrarles un montón de noticiarios y mucha televisión de aquel
entonces. Y en cierto momento, estuve a punto de hacerles leer
los textos que eran esenciales en los 60, pero reparé en que
habría sido demasiado, hubiera originado muchas preguntas que
habría sido imposible responder. Decidí mantener esta
confrontación de un modo más sutil.»
Green se dio cuenta
inmediatamente y se sintió impresionada por el estilo instintivo
del director. «En su película, la atmósfera se contagia, es muy
sensual» —opina la actriz—. «Me asustaba trabajar con él, aunque
es alguien encantador; trabaja muy estrechamente con los actores
y transmite seguridad. También es muy exigente, pero puede
llevarte a donde quiere sin dar la impresión de ser un
manipulador. Todo parece sencillo; sabe comunicarte lo que busca
con sólo una palabra o un gesto. Es alguien muy misterioso»
—ríe. «¡Nunca llegamos a saber lo que está pensando!» —coincide
Pitt—. «En cierto sentido, Bernardo aparenta ser alguien muy
despreocupado, pero no deja de apuntar hacia algo extremadamente
preciso.» Sin embargo, esta precisión tiene su precio. A medida
que el reparto se acomodaba en sus papeles, Bertolucci y Adair
empezaron a ver cómo el argumento iba cambiando de modo
inesperado. «Trabajar junto a Bernardo ha sido algo inolvidable
y, en ocasiones, totalmente estresante» —confiesa Adair—. «Para
él, una película es un organismo vivo; estábamos cambiando
constantemente la dirección del film. Alguna que otra vez, tenía
la necesidad de mostrarme lo que había filmado y montado hasta
aquel momento, porque el guión había dejado de ser la guía más
fiable de acuerdo con el rumbo que la película había emprendido.
Constantemente, tenía que rescribir los diálogos a medida que
los personajes iban evolucionando. Al principio, eso me
molestaba, pero aprendí una gran lección con Bernardo. Yo creía
que uno tenía que lograr que los actores encajaran en sus
respectivos personajes del mismo modo que una botella da forma a
un líquido vertido en su interior. Bernardo me demostró que
justamente se trata de lo contrario. Es el actor quien da forma
al personaje.»
3.
Los cinéfilos
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Imágenes y notas
de cómo se hizo "Soñadores" - Copyright © 2003 Recorded Picture
Company, Peninsula Films y Fiction Films. Distribuida en España
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