CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Confirmada ya su vuelta a los terrenos del intimismo, de
la juventud, de la Europa de cualquier época,
Bernardo Bertolucci nos ofrece
en su última película, “Soñadores”, un ambiguo canto a la
libertad que mezcla, aparen-temente, crítica y elogio hacia el
movimiento social del Mayo del 68 en Pa-rís.
A un lado y a otro de la
balanza podemos situar, casi por adhesión con-ceptual, los
errores y los valores de la película. Y es que es en su
visión nostálgica, cinéfila y melómana donde la cinta se
embadurna de cierta distorsión y cursilería, en su recuerdo
paisajístico de la mentali-dad juvenil revolucionaria, en su
ilusión, en su pasión por descubrir nuevos aspectos de la
cultura, de la vida y del amor. Todo desprende un aroma
fal-seado, inverosímil, demasiado ficticio para la voluntad
evocadora de Berto-lucci.
Ese retrato de la inocencia y
la ensoñación es, quizá, el deje del veterano director hacia la
comercialidad, su concesión al público e, intuimos, a su propio
deseo, para dotar de una frescura, de un ritmo y de una
amabilidad que no por agradable dejamos de tachar de tramposa.
El recurso de la sexualidad explícita y desenfadada para
agilizar la cinta y como casi única expresión del movimiento de
apertura mental, funciona a un nivel superficial, pero es tan
explotado que la cinta se resiente de una notable
intrascendencia.
Sin embargo, en una segunda
lectura más analítica de ese comportamiento, quizá más rebuscada
e involuntaria por parte de su direc-tor, encontramos factores
mucho más suges-tivos, actuales y didácticos. Porque el trián-gulo
amoroso formado por los dos hermanos italianos y un joven
americano ambientado en las revueltas estudiantiles se sustenta
sobra la muy errónea base de confundir la libertad con el
liberalismo como única opción y, una vez más, de enmarañarse con
la palabrería avalada por la bonanza económica. “Soñado-res” es
reflejo de una revolución por moda, de un compromiso de pose,
por actuación y la vida de esos dos hermanos gemelos díscolos y
cinéfilos en el París que alumbró la Nouvelle Vague no es, en
realidad, más que la excentricidad, el divertimento y el
capricho de una acomodadísima burguesía intelectual. Y tras toda
la falacia se esconden represiones y complejos, cobardía e
inma-durez, dudas, materialismo y apariencias.
Por ello, es una lástima
que la cinta, a pesar de ser un entreteni-miento sofisticado,
abandone la opción más profunda para centrar-se, indudablemente,
en el carácter lúdico y encantador de aquella época, en lo
excitante del descubrimiento sexual y en lo colorista de la
moda, la música y el cine de entonces. La decadencia congénita
de la re-volución es devorada por la visión idealizada de
“Soñadores” y es en ese camino fácil donde Bertolucci pierde la
oportunidad de hacer una magnífica película y se resguarda en la
corrección revestida de su innegable talento. Sus fuegos de
artificio en la relación incestuosa y en la insinuada
homose-xualidad, en el rescate de fragmentos de películas
añoradas y de cancio-nes libérrimas, crean una cinta muy gustosa
para los sentidos pero es ine-vitable pensar que el único y
verdadero soñador de la realidad histórica es el propio Bernardo
Bertolucci.
Calificación:
    
Imágenes de "Soñadores" - Copyright © 2003 Recorded Picture
Company, Peninsula Films y Fiction Films. Distribuida en España
por Lauren Films. Todos los derechos
reservados.
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