● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

SUITE HABANA


Dirección y guión: Fernando Pérez.
Países:
Cuba y España.
Año: 2003.
Duración: 84 min.
Producción: José María Morales y Camilo Vives.
Música: Edesio Alejandro y Ernesto Cisneros.
Fotografía:
Raúl Pérez Ureta.
Montaje: Julia Yip.
Estreno en España: 3 Octubre 2003.

CRÍTICA por Rubén Corral

Instrumental humano

  Las cosas no son tanto como son sino como somos. Punto de partida muy a tener en cuenta que admite el propio director de la película hispano-cubana “Suite Habana”, Fernando Pérez. Punto de partida para un docu-mental que tiene lugar en un lugar tan concreto y tan zarandeado como La Habana, capital del virreinato de Fidel Castro, y que viene firmado por un director que –advertencia– no aspiraba a retratar un día de La Habana, sino a retratar un día de la vida de un segmento social importante en la capital cubana: los estratos más populares. Tratándose de un país en las circuns-tancias histórico-políticas de Cuba, se trata de estratos de población cier-tamente humildes, pertenecientes a la clase trabajadora.

  Como documental, “Suite Habana” opta por reflejar el comportamiento de un grupo de diez personas de ese estrato social popular a lo largo de un día. Y Fernando Pérez lo hace desde un punto de vista si quieren alejado ab-solutamente de La-Realidad-Cubana, si quie-ren alejado de lo que –todavía– muchos en-tenderán por documental (objetividad, neutra-lidad, incluso asepsia), esto es, desde la más perceptible y reconocida subjetividad. En esa línea se enmarca la labor de puesta en esce-na, evidentemente deudora de lo que muchos –los mismos citados ante-riormente– entenderán por habitual del cine de ficción: iluminación, movi-mientos de cámara que incluyen panorámicas e incluso travellings con grúa. Con tanto antecedente y tanta premisa, desde una perspectiva estric-tamente cinematográfica, “Suite Habana” es, para mi gusto, un documental pulcro pero no brillante.

  Algunas de sus taras pasan por el exceso de uso de esos elemen-tos ajenos al “quimérico documental objetivo”: demasiada música, demasiada sensiblería, demasiado mensaje ideológico. En algunas ocasiones también es víctima de una opción del propio director, y es que se trata de una película en la que los diálogos brillan por su ausencia. En algunas ocasiones incluso en escenas en las que resulta antinatural su omisión. Y de igual manera que la ausencia de diálogo hasta lo desmesurado en el arranque de “Rio Bravo” de Howard Hawks era com-pensada de sobra con el savoir faire de los actores y con el talento del di-rector de “Me siento rejuvenecer”, en la película de Pérez esa misma au-sencia de diálogo suena acartonada, prisionera de la premeditada decisión desde el título de construir un instrumental acerca de esa población cuba-na.

  Tratándose de un documento también de una parte de la realidad, posiblemente una de las menos vistas en informativos y películas sobre las realidades cubanas, resulta muy in-teresante ignorar hasta qué punto “Suite Ha-bana” conformará, en un futuro, un instrumen-to de conocimiento de lo que fue la vida po-pular en el régimen “tardocastrista”.

  En ese sentido, para esa izquierda anquilo-sada en un folklore propio e irremplazable, ex-trañamente atemporal y a todas luces inefi-caz, “Suite Habana” será un nuevo muestrario de olas chocando contra el célebre malecón, un nuevo ejemplo de valerosa resistencia. Para otra izquierda (una de tan-tas, como tantas realidades hay) la película de Fernando Pérez deberá ser tratada como un documento, un testimonio con indiscutible mensaje polí-tico, de lo que ha sido, fue o está siendo la vida de los últimos cubanos re-sidentes –o resistentes– bajo el brazo de hierro del ¿socialismo real?

  Lo que sí que me parecería mucho menos interesante es calificar la pe-lícula por su orientación política (por si acaso: si es usted de derechas o “de centro” su ideología no coincidirá con la del film), teniendo en cuenta que “Suite Habana”, como documental, se contempla con agrado porque no contiene atropellos al buen gusto cinematográfico –quizá pondría el pero de su irritante banda sonora musical de piano– pese a que esté lejos de documentales de nuestro tiempo mucho más notables –y del estilo– como “Fuentealamo, la caricia del tiempo”. Ahí queda la recomendación.

Calificación:


Imágenes de "Suite Habana" - Copyright © 2003 Wanda Films e ICAIC. Distribuida en España por Wanda Films. Todos los derechos reservados.

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