CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
La gran afición de Hollywood
por dotar a las firmes historias de acción del pasado de la
espectacularidad del presente sigue ofreciendo jugosas cifras en
la taquilla, y la revisión de “The Italian Job” por parte de
F. Gary Gray no ha sido ninguna
excepción. Con el propósito de ofrecer espectaculari-dad a
raudales con un mínimo (muy mínimo) toque de distinción, esta
nue-va visión de aquella intriga de grandes atracos que hiciera
Michael Caine en 1969 no decepciona en su calidad de frenético
divertimento, pero derrocha ese alucine en sus personajes que,
nos consta, tan buena acogida tiene en el imperio yanquie.
Obviamente, hay que partir de la base de que “The Italian
Job” renuncia por com-pleto a la verosimilitud en cualquiera de
sus aspectos, y con esa carta de presenta-ción, se permite
todos los lujos, todas las co-loquialmente llamadas
“fantasmadas” que jus-tifiquen el derroche de medios, el
lucimiento de sus hormonales protagonistas,
Charlize Theron y
Mark Wahlberg (que se apuntan a
la moda de dejar su historia de pasión en punto muerto) o para
la publicidad que en ca-da fotograma hace del glorioso
Mini-Cooper, el más brillante secundario de la cinta, un
verdadero robaescenas que de-leita en toda la parte final de la
película y provoca un buen sabor de boca en su desenlace, a
pesar de todo. No es tan importante que no muestre un rasguño
después de bajar y subir escaleras, cruzar canales o atravesar
al-cantarillados como lo mono que queda cada uno en su
color y con su bri-llante esmaltado.
También una vez más, uno se
lleva la impresión de que los robos (dos en este caso) son
absolutamente innecesarios si se cuenta con el presupues-to
inicial para llevarlos a cabo, lo suficiente para vivir de gorra
unos cuantos años. Pero, como Hollywood no tiene límites, este
detalle no tiene ningún tipo de peso. La balanza se inclina por
la construcción de las persecucio-nes por los canales de Venecia
o, al volante de los míticos coches, por los túneles del metro
que, todo hay que decirlo, son verdaderamente apasio-nantes.
Pero es que, al margen de eso, los tópicos acumulados son de un
calibre y de un poco trabajo dignos de mención. La muerte del
lí-der de la banda en sus primeros minutos cre-ará el ya clásico
sentimiento de venganza y traición que potenciará el segundo
golpe, en el que su hija, una mujer de armas tomar con el
impresionante físico de Theron, formará parte del grupo. Entre
ellos, el guaperas, ca-chas y seductor (el amigo Marky Mark), el
hacker de turno que podrá parar el mismísimo sistema de tráfico
de Los Ángeles e investigar todos los sistemas de suguridad y,
por supuesto, el malo malísimo, Ed-ward
Norton en esta ocasión. No hay sorpresas, pero
tampoco las vende, como tampoco busca la inteligencia y, desde
luego, no la encuentra por casualidad. “The Italian Job” es
puro negocio, su único objetivo es la rentabilidad, y 115
millones de dólares recaudados hasta el mo-mento avalan que ha
sido un trabajo bien hecho. Rítmico y amable-mente imposible, es
un espectáculo para masas, y no pecisamente cerebrales.
Cumple con su cometido y allá uno si éste le satisface. Al que
suscribe, personalmente y teniendo en cuenta que no abona la
entrada del cine, simplemente, le hace “una poca de gracia”.
Calificación:
    
Imágenes de "The Italian job" - Copyright © 2003 Paramount
Pictures y De Line Pictures. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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