● Cobertura de la 51ª edición del Festival de San Sebastián  ●
                                                         18 - 27 Septiembre 2003

     

ZAMÁN, EL HOMBRE DE LOS JUNCOS
(Zaman, l'homme des roseaux)


cartel

Dirección y guión: Amer Alwan.
Países:
Francia e Irak.
Año: 2003.
Duración: 78 min.
Interpretación: Sami Kaftan (Zamán), Shada Salim (Najma), Hussein Imad (Yasin), Saadiya Al Zaydi (Om Abbas), Haider Abbas, Karim Awad, Nizar Al-Samarayi (Doctor), Rasim Al-Joumayli, Moushin Al-Ali, Talal Hadi.
Producción: Sattar Alwan, Marc-André Brunet y Dider Couedic.
Música: François Rabbath.
Fotografía:
Tomasz Cichawa.
Montaje: Roger Ikhlef.
Diseño de producción: Dafir Nadir.
Estreno en España: 30 Abril 2004.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Amor y religiosidad sin fanatismo

  Junto a los desastres de la guerra y a las noticias de prensa llenas de mo-tivaciones interesadas, de Irak nos llega una película profunda, humana y sincera. Es la primera producida en el país tras la invasión americana, y está rodada en vídeo digital ante la prohibición de hacerlo en celuloide, por suponer que entrañaba peligro por sus componentes químicos. Pero estas y otras limitaciones no han impedido a su director recoger el interior de unas gentes que han sabido conservar la bondad, la religiosidad y la sensi-bilidad tradicionales; lo mismo que recoger la belleza de sus paisajes, con el Tigris y el Éufrates fecundando sus tierras y convirtiéndolo en un paraíso, ahora perdido por causa de la guerra.

  Esta pequeña obra nace con la vocación de mirar a esa bondad natural, aún sin perturbar por la ambición del hombre. Es un tributo a la naturaleza y al amor maduro de un matrimonio sencillo y abne-gado que ha acogido a un niño que acaba de perder a sus padres. La mujer está gravemente enferma, y su marido se ve obligado a ir hasta Bagdag en busca de unas medicinas que puedan curarla; tendrá que supe-rar las restricciones y dificultades impuestas por la guerra, pero Zamán confía en que “Alá me protegerá”.

  De estructura circular y con ese viaje como mínima trama narrativa, des-taca el delicado y ejemplar amor de los esposos, su espíritu de entrega y su constancia en el sacrificio. También queda patente, desde los primeros planos, su profundo sentido religioso, sin fanatismos ni sensiblerías; en to-do, incluida la enfermedad, ven la mano de Alá, y por todo dan gracias a la misericordia de su Dios. No son personas cultas, pero tienen una sabiduría que les da el discernimiento de lo importante, y la paz para afrontar la vida y la muerte sin la violencia ni aspavientos que puedan producir los fanatis-mos; en su actitud no hay extremismo irracional ni medianía en sus creen-cias, sino coherencia y respeto por todo lo natural y lo humano, incluida la referencia espiritual que algunos se empeñan en identificar con el fanatis-mo religioso.

  El tono documental de la película facilita la verosimilitud de la his-toria, con una fotografía que refuerza el carácter poético que ya aportan unas espléndidas interpretaciones llenas de autenticidad y frescura. Al final, la sinceridad de su propuesta se presenta como el mejor aval para la contemplación y disfrute de un espectador que descubre otra visión de Irak, y también otra manera de vivir el amor conyugal, tan diame-tralmente opuesta a la que nos ofrece el cine americano o el europeo. Los personajes son seres de carne y hueso, reales, y por ello conmovedores, con sus sentimientos de cariño, con un dolor que provoca compasión, y también con sus contrariedades, pobreza y mezquindades; y hasta con un punto de ingenuidad y bondad natural, que tanto se echa en falta y que nos hace recuperar la esperanza en el propio hombre.

  El ritmo pausado, la trama sencilla, la cámara fija que recoge la realidad que se le presenta, el gusto por los pequeños detalles o la cuidada fotografía hablan de las influencias del vecino cine iraní; y también de una sensibilidad especial para penetrar en el interior de unos espíritus que encuentran en el amor y en Dios el sentido para entender sus vidas. Ese tono poético y transparente predominante únicamente se quie-bra en su parte final, con unas denuncias al sistema sanitario o con una ar-tificiosidad en la puesta en escena que buscan dar un toque didáctico y moralizante que a esas alturas no era necesario.

  Película muy humana y sincera, canto a la convivencia posible entre mu-sulmanes y cristianos, tremendamente positiva y optimista, aunque nos ofrezca una historia no precisamente amable y entretenida. Sin embargo, un espectador contemplativo –apenas sucede nada exteriormente, pero mucho en el interior de sus personajes– se verá atrapado conforme avanza, para terminar paladeando cada una de las bellas imágenes de sus ríos y puestas de sol, y también de esa humanidad abierta a la trascendencia y al futuro.

Calificación:


Imágenes de "Zamán, el hombre de los juncos" - Copyright © 2003 Guilgamesh Films, Les Films du Village y arte France Cinéma. Distribuida en España por Sorolla Films. Todos los derechos reservados.

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