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.[Especial 52ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
CRÍTICA conjunta de "Beneath clouds" y "Brucio nel vento" Mateo
Sancho Cardiel La moda del cine atmosférico Si algo está siendo enfermizamente recurrente en este festival, es la continua referencia a fenómenos atmosféricos en los títulos en películas de lo más mediocre. Después de "Heaven", dos filmes han traído, no sabemos muy bien por qué, elementos de la estratosfera: "Beneath clouds" y "Brucio nel vento". Aunque está en boga lo australiano por el desembarco de grandes estrellas de las antípodas en Hollywood como Cate Blanchet, Nicole Kidman o Russell Crowe, pocas son las producciones autóctonas que, salvando a Jane Campion, puedan hacer carrera en el resto del mundo. Y, a juzgar por lo que vemos en estos festivales, el filtro de la comercialidad a veces nos salva de obras verdaderamente lamentables. La prueba es la cuarta película a concurso, "Beneath clouds", una historia poco original, aburrida y rematadamente lenta.
Por otro lado, con una procedencia tan compleja, que mezcla Italia y Suiza, hablada en francés y checo, ha aterrizado en la Berlinale una historia apacible, narrada con sencillez y promotora de los amores eternos, casi obsesivos y psicopáticos. Es un cuento idealista, teñido de negro en algunos pasajes, que en ocasiones pierde el norte, pero llega a contagiar verdadero interés. Ha sido aceptada con agrado, sin grandes entusiasmos, pero la propuesta era sugestiva. "Brucio nel vento" nos muestra a un hombre, Tobías, que ha creado un mito llamado Line, que se convertirá en el gran objetivo de su vida. Una mujer maravillosa que irá buscando a través de una y otra pareja, hasta que encuentre a la que sea correcta. Ésta resulta ser una mujer casada y madre de una niña que, además, a modo de complicación extraordinaria, es su hermanastra. Esto no le detendrá, sin embargo, en su búsqueda desesperada del amor infinito, y no dejará de luchar hasta conseguirlo. Existe una gran virtud en esta película que es que sabe imprimir magia en la historia que nos está contando. Pese algunos excesos de violencia, es cierto que el personaje principal contiene un atractivo místico especial que lo hace curioso, un lunático enamorado que consigue hacerse con el favor del espectador. Lo seguimos por todos sus avatares alrededor de Europa y consigue transmitirnos sentimiento, aunque no verdadera emoción. Porque le falta una estructura más trabajada, una estética más reluciente, más deslumbrante y un tratamiento del argumento más valiente y delicado. Nos muestra un personaje que abandona sin sufrimiento a quien haga falta si cree que Line puede aparecer en su vida, y hubiera ganado muchísimo si nos hubiera mostrado el proceso de desencanto al ver que sus relaciones no cubrían las expectativas. Hubiera podido considerarse un retrato fidedigno de la pasión amorosa como verdadero sufrimiento si hubiera humanizado más cada personaje secundario, pero desperdicia la oportunidad al centrarse en dos protagonistas muy marcados. Es, de nuevo, una película aceptable, pero que uno no puede dejar de pensar durante toda la proyección lo que podría haber llegado a ser. Y parece que ésta es la tónica general de un festival que prometía mucho y no gana para batacazos. A la espera de las grandes producciones norteamericanas, los regresos de directores como Costa-Gavras o Lasse Hallström, seguimos viendo, sufriendo películas que, en el mejor de los casos, sólo logran nuestra indiferencia. Imágenes de Beneath clouds - Copyright © 2001 Axiom Films. Todos los derechos reservados.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España). |
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