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MANJAR DE AMOR (Food of
love)
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Dirección
y producción: Ventura
Pons.
Pais: España.
Año: 2002.
Duración: 102 min.
Interpretación: Juliet
Stevenson (Pamela), Paul Rhys (Richard), Allan
Corduner (Joseph), Kevin Bishop (Paul), Geraldine
McEwan (Novotna), Craig Hill (Izzi), Pamela Field
(Diane), Naïm Thomàs (Teddy).
Guión: Ventura
Pons; basado en la novela 'Junto al pianista' de
David Leavitt.
Música: Carles
Cases.
Fotografía: Mario
Montero.
Montaje: Pere
Abadal.
Dirección artística: Bel.lo
Torras.
Vestuario: María
Gil. |
CRÍTICA
Tònia
Pallejà
Hay algo peor que creerse uno de
los mejores directores contemporáneos del cine
internacional: transmitirlo. Ya sea a través de la rueda
de prensa promocional de la película, después de
la proyección de la misma -grave error fruto de una
inconsciente autosuficiencia-, ya sea a través de tu
propio trabajo. Ventura Pons (Morir (o no), Amigo/Amado, Anita no pierde
el tren) no sólo parece creer ser un gran
director, sino que además no duda en decírnoslo, aunque
su pobre desempeño en Manjar de amor nos indique
todo lo contrario. Su último film, el primero rodado en
inglés, pretende ser una
obra de alcance universal sobre relaciones humanas,
autodescubrimiento y realización personal. A
pesar de que el eje dramático de esta historia tenga
como protagonista la relación entre un joven músico y
un consagrado pianista, y esté basada en la novela The page turner de David Leavitt -uno de los autores
abanderados del movimiento gay-, se nos insiste en que no
sea considerada únicamente como una película sobre la
homosexualidad, ya que ésta sólo sirve como excusa para
desgranar los sentimientos y emociones de unos personajes
confusos que intentan recuperar el equilibrio en sus
vidas. No se dejen engañar. Existe una notable
diferencia entre lo que a uno le gustaría que fuera su
película y lo que en realidad es.
Obviamente, la osadía de Pons no
llega al extremo de intentar trazar un fresco
representativo del "mundo gay" -no evoluciona
mucho más allá del tópico sobre el jovencito apuesto y
neófito que es seducido por un madurito experimentado-.
Pero si no es una película representativa de la
homosexualidad, tampoco lo es de nada más. Ese supuesto
tratamiento emotivo, ese análisis psicológico de
personajes que se enfrentan a determinados sucesos
vitales, no pasa de su estereotipada epidermis, y más
que considerarlo una muestra de superficialidad, a tenor
de los comentarios de su autor, deberíamos tenerlo
entonces por una incapacidad total a la hora de plasmarlo
o una desconsideración de la pericia necesaria para
transmitir dichos factores.
Los que vayan a ver Manjar de
amor serán testigos de una relación
homosexual sin demasiado fuelle, a la que preceden y tras
la que se suceden una serie de acontecimientos
irrelevantes narrados de la peor forma posible.
La manera en que ese adolescente asume su recién
descubierta sexualidad, la reacción de su madre ante el
hecho, las relaciones que se establecen entre los
diferentes personajes, y la historia en sí misma tienen
menos trascendencia que quien oye llover. Se trata de
personajes sin profundidad ni perspectiva temporal, que
encajan con una visión unidimensional y sumamente
simple, alguno de los cuales -el padre de Paul, su
compañero de piso, o incluso la perra de Joseph, aunque
suene a broma- apenas son perfilados aunque debamos
suponer la importancia que tienen en la trama y su
desenlace.
Los actores seleccionados
para tan desmerecida ocasión -la mayoría británicos-
no consiguen rescatar del olvido inmediato esta película
de insubstancial desarrollo, torpeza expresiva, ritmo
soporífero y aburrido visionado. Incluso Naïm Thomas -participante de Operación
Triunfo-, en su pequeña y anodina intervención,
consigue estar a la altura de las otras interpretaciones,
cuando no insulsas, directamente bochornosas.
Por último, Manjar de amor
ofrece una imagen de Barcelona totalmente alterada e
irreal, teñida de un romanticismo barato, incluso naif,
que arroja la misma poca credibilidad que el resto de su
discurso. Pons abandona aquellos interiores casi
claustrofóbicos, o los herméticos exteriores que
servían como escenario a otros films del realizador
catalán, por una ciudad llena de luz y color, pero con
la vitalidad de un decorado de cartón-piedra. La
ubicación de unos norteamericanos en este entorno que se
mueve entre la "europa civilizada" y la
"picaresca latina" -la anécdota de las gitanas
es para acabar de convertir el guión en cenizas-, es
aprovechada para señalar la confrontación entre
culturas en forma de chiste fácil que produce vergüenza
ajena.
Hay escasos elementos que
aplaudir en esta descafeínada producción con
pretensiones de legado cinematográfico pero realidad de
telefilm de tercera categoría, que no sea la
aparición de sus títulos de crédito finales. Ni un
sólo anzuelo que enganche al espectador, que ya es
difícil. Pero no importa. Ventura Pons no acaba de
cuajar en su propio país, pero su trabajo sigue estando
presente en el panorama internacional y algunos
iluminados admiran su personalidad creativa. Y además,
él parece estar convencidísimo de sus virtudes. Todos
contentos.
Imágenes
de Manjar de amor - Copyright © 2002 Els Films de la
Rambla. Todos los derechos reservados.
© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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