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PIEDRAS
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Dirección y guión: Ramón
Salazar.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 134 min.
Interpretación: Antonia
San Juan (Adela), Najwa Nimri (Leire), Vicky
Peña (Maricarmen), Mónica Cervera (Anita),
Ángela Molina (Isabel).
Producción:
Francisco Ramos.
Música: Pascal
Gaigne.
Fotografía: David
Carretero.
Montaje: Teresa
Font.
Dirección de producción: Luisa
García.
Dirección artística: Montse
Sanz. |
CRÍTICA
Rubén
Corral
No
te quiere, baja al perro
No he visto "Hongos", el cortometraje
con el que Ramón Salazar logró el morrocotudo
reconocimiento que le ha permitido rodar una película
tan inhabitual en el cine español como es
"Piedras". Su duración, cerca de dos horas y
cuarto, la hacen, en apariencia, inviable para cualquiera
de estos productores con los que nuestra industria
"calcounidense" nos ha castigado. Sin embargo, Francisco Ramos se ha atrevido a,
con el conveniente apoyo de televisiones y plataformas
digitales, dejar que el director y guionista se explayara
todo (o casi todo, porque según he leído en el libreto
había más texto) lo que considerara necesario.
El resultado
remite, de manera irremediable, a la manidísima
corriente ejemplarizada por algunas películas dirigidas
por Robert
Altman
a principios de los noventa y llevaba a la sublimación
casi absoluta por Paul Thomas Anderson con una lluvia de
ranas en su sensacional "Magnolia" (id., 1999). Sin
embargo, "Piedras" (en los zapatos, supongo)
toma como pretexto narrativo este tipo de películas tan
esencialmente estadounidenses para dotarla de un punto de
vista mucho más español. En este sentido, la labor de
Salazar es encomiable, pues en ningún momento se baja de
la burra: la duración de la película es fidedigno
resultado de sus intenciones estéticas e incluso
estilísticas. Su utilización de los colores (en alguna
de las abundantes entrevistas concedidas Salazar menciona
a Hopper) está a la altura
de la demostrada por Pedro Almodóvar o por Michael
Winterbottom. Hay que alabar esa testarudez, porque es
coherencia, porque es convencimiento en lo que se hace.
Guste o no.
Sin embargo, se
desequilibra una película de proporciones tan
bienvenidamente ambiciosas por el propio resultado de
mezclar historias de interés desigual. Además,
es particularmente llamativo que buena parte de ese
interés nazca del trabajo de las actrices que conducen
la película. De este modo, la trama protagonizada por
Leire (Najwa
Nimri)
queda muy por encima del resto, hasta el punto de que el
espectador se pregunte si no se podría realizar una
emotiva, pequeña y sensible película sobre la
recuperación sentimental de una dependienta de
zapatería y go-gó. Porque si en algún momento la
película pierde el norte es por las servidumbres
heredadas del resto de tramas.
Partiendo de que la
calidad de la actuación de las actrices incide en la
revalorización de las diferentes subtramas, rápidamente
nos damos cuenta de que Antonia San Juan es la que más
evidentemente arrastra un personaje que le supera. La
directora del hilarante corto "V. O." debe encarnar a
una madre que "coordina" una casa de citas y se
siente esclava de una hija con retraso mental. A San Juan
le falta credibilidad en un personaje tan hondo como
éste, acomplejada como está su imagen a la del
personaje que le dio la fama en "Todo sobre mi madre". Se sale de su
encasillamiento momentáneamente en su forma de decir
"te quiero". Impactante.
Vicky Peña es una actriz a la
que recordamos no sólo por sus apariciones siempre
correctas, siempre creíbles, siempre verosímiles en
títulos como "Secretos del corazón" (Montxo
Armendáriz, 1997) o "Morir (o no)" (Ventura Pons, 2000). Está
acostumbrada a sobreponerse a personajes a medio hacer, y
su trabajo en "Piedras" es un ejemplo más.
Aparte de tener un juanete y llevar babuchas, poco más
se profundiza en la vida de esta taxista viuda.
La
película de Salazar vive, en buena parte, de las rentas
del trabajo acertado de Peña, Nimri o Lola
Dueñas, de la excelente partitura original de Pascal Gaigne (quizá se prodiga
desmesuradamente), de esa imagen heredera de los
diseñadores vanguardistas que florecen, de un tiempo a
esta parte, por España, pero sobre todo logra
reactualizar unos contenidos y un tipo de diálogos que,
bebiendo indisimuladamente en cierto estilo
"almodovariano", no caen en el ridículo en el
que otros epígonos se han hundido estrepitosamente
(Albacete & Menkes o Ayaso & Sabroso), sino que
logra mantener una confianza en unos diálogos con estilo
propio que sólo chirrían al principio, pero en los que
el buen trabajo de Salazar logra introducir e implicar al
espectador, entretenerlo y, muy de cuando en cuando,
emocionar. Un objetivo complicado teniendo en cuenta los
muchos inconvenientes de una película en la que parece
que, en cualquier momento, se va a poner a cantar Aimee Mann su "Wise up".
La convencionalidad
de su puesta en escena se debe más a su imbricación en
esa estética ajena del cine "calcounidense"
que nos han vendido como característica española, y que
no se diferencia del mal cine italiano actual o del mal
cine alemán. En la indefinición estética a la que nos
conducen estos iluminados está el triunfo de los que se
saben dominadores del mercado cinematográfico. Y los
profetas del cine patrio creen que eso es crear industria
porque aumenta la cuota de pantalla. A nadie le importa
que esas películas no te gusten. Antonia San Juan:
"No te quiere, baja al perro".
Imágenes
de Piedras - Copyright © 2002 Alquimia Cinema. Todos los
derechos reservados.
© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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