52ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 52ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

TAKING SIDES
Dirección: István Szabó.
Países:
Alemania, Francia.
Año: 2001.
Duración: 105 min.
Interpretación: Harvey Keitel (Mayor Steve Arnold), Stellan Skarsgård (Wilhelm Furtwängler), Moritz Bleibtreu (Teniente David Wills), Birgit Minichmayr (Emmi Straube), Oleg Tabakov (Coronel Dymschitz), Ulrich Tukur (Helmut Rode), Hanns Zischler (Rudolf Werner), August Zirner (Capitán Ed Martin).
Guión: Ronald Harwood.
Producción: Yves Pasquier.
Fotografía: Lajos Koltai.
Montaje: Sylvie Landra.
Diseño de producción: Ken Adam.
Dirección artística: Anja Müller.
Vestuario: Gyöirgyi Szakács.
Decorados: Bernhard Henrich.

CRÍTICA

Mateo Sancho Cardiel
Berlín, 16-Feb-02

Adicto a la realidad histórica, narrador de pulso firme y solemne, István Szabó había demostrado con "Sunshine" que podía ser un efectivo director para una recreación exhaustiva y brillante de la memoria del siglo XX. Pero tras ese fresco tan ambicioso como superficial, ha decidido centrarse en un período mucho más corto y con un despliegue de medios mucho más modesto, para profundizar en él y ofrecer un relato sobrecogedor y perfectamente construido sobre el tema por excelencia del cine político de los últimos diez años: el inagotable y, por su complejidad, siempre interesante nazismo.

Todo está dicho ya sobre los altos mandos, sobre el holocausto, sobre los judíos que vivieron la represión y el homicidio, pero esta vez, Szabó innova en el sentido de que se preocupa por la población alemana que asistía a esa radicalización de la política. Para ello, se centra en el personaje de Wilhelm Furtwängler, el más destacado director de orquesta alemán de la época que siguió actuando para el gobierno de Hitler. Tras acabar la guerra, con un Berlín absolutamente destrozado por los bombardeos, los cargos norteamericanos, siempre dados a buscar culpables y posturas (de ahí el título de la película), le someten a un interrogatorio para culparle de colaboracionismo.

Siguiendo con su camino de purgatorio que el Festival de Berlín ha decidido emprender con la proyección de películas que dejan muy mal parado el país, "Taking Sides" es una dura crítica al régimen alemán, pero en esta ocasión tampoco defiende a ultranza al bando aliado. La historia vuelve a ser difícil de despejar, casi imposible de despegar de las interpretaciones de cada fuente. Y es que, cuando ya nadie duda de la barbarie que se llevó a cabo en manos nazis, es hora de poner al microscopio las acciones europeas y norteamericanas. Tras los siempre forzosos tratados de paz, los aliados hicieron de Berlín su campo de castigo e impusieron todo tipo de juicios muchas veces con poca capacidad de análisis y, sobre todo, ningún tipo de feed back. Porque se juzgó a gente que no supo reaccionar al auge nacionalsocialista por su cobardía y su pasividad, cuando no su simpatía al régimen, sin darse cuenta de que tampoco hubo una verdadera intervención en la situación por su parte hasta que se vieron amenazados por la invasión de tierras propias, en el caso de Europa Occidental, y el bombardeo a Pearl Harbor en el de Estados Unidos. Así, tras la guerra, se hicieron investigaciones sin seguir ningún tipo de respeto por las personas juzgadas, con prepotencia acerca de los valores de la moralidad democrática. La película no trata de justificar acciones indudablemente pusilánimes, pero busca una cierta comprensión hacia un pueblo asustado o, en ciertas ocasiones, también ignorante, algo que en el caso de los aliados se resumía en intereses. En ocasiones, sí es cierto que la antipatía con que es presentado el Mayor Arnold, estadounidense, es tan abusiva (aunque podría ser ciertamente real), que la balanza se llega a volcar en la defensa de lo insostenible, pero eso demuestra hasta qué punto todo depende del punto de vista desde el que se enfoque, y cómo una situación puntual puede causar una opinión general y equivocada del conflicto. También hay que recriminar a la película que abusa de la proyección de documentos verídicos que resultan, sin duda alguna, efectistas.

Detrás de esta nueva mirada a la polémica nacionalsocialista, vuelve a encontrarse un nombre mayúsculo: Harvey Keitel. Sin embargo, aunque cueste decirlo, su interpretación en esta película cae en el exceso, es demasiado caricaturesca. Todo lo contrario, su compañero Stellan Skarsgård es un ejemplo de buen hacer interpretativo y de credibilidad en su personaje. El actor danés sigue labrándose una interesantísima carrera lejos de los grandes estudios, con gran talento y sabiduría, trabajando con los mejores directores de uno y otro lado del Atlántico. Pero no es el único que convence con su actuación, sino que hay multitud de secundarios anónimos que realizan su trabajo con notable pericia. Y es que en ellos se basa la película, prácticamente carente de escenarios, casi teatral, pero que no necesita más para resultar una obra interesante, madura, que, como pocas, desarrolla con magnífica destreza la estimulación de la mente del espectador.


Imágenes de Taking sides - Copyright © 2001 Little Big Bear Film Production y Beyond Films. Todos los derechos reservados.


© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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