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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
UNA
MENTE MARAVILLOSA
(A beautiful mind)
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Título en Latinoamérica:
Una mente brillante.
Dirección: Ron Howard.
País: USA.
Año: 2001.
Duración: 134 min.
Interpretación: Russell
Crowe (John Nash), Ed Harris (Parcher), Jennifer
Connelly (Alicia Nash), Christopher Plummer (Dr.
Rosen), Paul Bettany (Charles), Adam Goldberg
(Sol), Josh Lucas (Hansen), Vivien Cardone
(Marcee), Anthony Rapp (Bender), Jason
Gray-Stanford (Aisnely), Judd Hirsch (Helinger),
Austin Pendleton (Thomas King).
Guión: Akiva
Goldsman; basado en el libro de Sylvia Nasar.
Producción: Ron
Howard y Brian Grazer.
Música: James
Horner.
Fotografía: Roger
Deakins.
Montaje: Daniel
P. Hanley y Mike Hill.
Diseño de producción: Wynn
Thomas.
Dirección artística: Robert
Guerra.
Vestuario: Rita
Ryack.
Decorados: Leslie
E. Rollins. |
CRÍTICA
Julio
Rodríguez Chico
Aprendiendo
a vivir

En los primeros pasos del cine, los
hermanos Lumière y Méliès marcaron los dos
caminos fundamentales que más tarde recorrerían tantos
cineastas, y que se han dado la mano en numerosas
ocasiones: mostrar el mundo real y el imaginario.
Ésta es también
la pretensión de Una mente maravillosa, que lleva
a la pantalla la extensa y complicada vida del Nobel de
matemáticas John Nash, desde sus comienzos en la
Universidad de Princeton hasta la concesión del
galardón en 1994, después de haber sufrido una
esquizofrenia con la que ha aprendido a convivir. En su
juventud, Nash ya despunta como una mente prodigiosa en
búsqueda de la idea original que le permita ser
seleccionado en la universidad, a la vez que queda
patente su inadaptación a la sociedad.
Este carácter visionario y su
dificultad para vivir en la realidad son caldo de cultivo
ideal para que Ron Howard nos ofrezca una trama en la que
juega con el espectador, le oculta y le descubre el drama
de este genio contratado por el Departamento de Defensa
de los Estados Unidos para descifrar códigos secretos en
plena guerra fría. Según le conviene, Howard
utiliza las cartas de la realidad o de la fantasía para
mantenernos en la perplejidad y en el desconcierto. La
historia se hace previsible a partir de cierto momento,
pero no por ello deja de ser interesante ni hay
que quitarle mérito: hace fácil lo difícil, y para
ello se apoya en un estupendo guión -nominado al Oscar©- que toma los
momentos más relevante la vida real de Nash, y en una
soberbia actuación de Russell Crowe.
Una mente maravillosa aborda
el tema de la relación entre el éxito y el fracaso,
analiza la sutil frontera que puede haber entre la
genialidad y la enfermedad, y apuesta por el equilibrio
que debe darse entre la razón y el corazón. Nash se nos
muestra en sus inicios como un ser arrogante y
displicente, de otra galaxia, de difíciles relaciones,
"con dos raciones de inteligencia y media de
corazón" según le decía su madre; su problema es
que se siente distinto, inseguro y necesitado de alguien
en quien confiar. Esta persona será Alicia, su futura
mujer, que le enseñará a descubrir que lo
verdaderamente real es lo que está en el corazón, y no
lo que tiene en la cabeza. Buen consejo y buena
compañía para la vida, especialmente para quien padece
una esquizofrenia: más que los tratamientos, será su
ayuda la que le permitirá "reeducar" su mente,
y aprender a convivir con una enfermedad que nace
precisamente en su cabeza. Por eso, la película
supone un homenaje a la fidelidad del matrimonio en
situaciones límite -como el propio Nash dirá
en su discurso en Estocolmo-, que enseña a vivir con
esta lógica del amor capaz de ahuyentar los fantasmas de
la mente.
Howard y Crowe tienen, junto con su
equipo, el gran mérito de lograr mostrarnos la vida de
un enfermo esquizofrénico, de enseñarnos el drama vital
del enfermo mental y romper con lo que en muchos
círculos sigue siendo un tema tabú. Es una espléndida
plataforma para la reflexión, y ofrece una salida
esperanzadora a dichas situaciones: Nash no se ha curado,
pero ha aprendido a vivir y se ha hecho con el tiempo
más humano.
Toda la
película descansa en la interpretación de Crowe,
quien ahora sí merece el Oscar© que le fue
concedido el año pasado por Gladiator. A través de los
torpes movimientos de su cuerpo, de su mirada perdida y
de su ceño fruncido nos muestra su mundo interior, sus
dramas y pesadillas, con momentos de gran dramatismo y
otros de emotividad. Quizá estos últimos sean,
especialmente en la parte final, una concesión a la
taquilla al optar por un desenlace lleno de una emoción
apenas contenida, pero está en la línea lógica
de toda la tesis argumental y de la lucha mantenida
contra la enfermedad en la realidad: sólo el amor vence
y constituye el necesario compañero de la razón para la
vida. La cámara está al servicio del actor
australiano, mira su mundo y lo que él ve, en ocasiones
con un gran angular que nos deforma esa misma realidad;
en otras le envuelve con varios travellings circulares:
todo sirve para introducirnos en su interior y ayudarnos
a comprender mejor su visión del mundo, aunque en
ocasiones abuse de ellos y se conviertan en recursos
excesivamente explícitos y manifiestos.
El resto de los actores cumplen su
cometido, también no haciendo sombra al protagonista: Ed Harris encarna a un
enigmático William Parcher, encargado de los servicios
de inteligencia americanos; Jennifer Connelly da el tono humano
y romántico interpretando a la fiel esposa Alicia, y Christopher Plummer da vida al Dr.
Rossen, un psiquiatra de semblante ambiguo que contribuye
a crear el ambiente de suspense y misterio.
Con cuatro Globos de Oro y los
recientes premios Bafta conseguidos, acude a los Oscar© con ocho
nominaciones, entre ellas a la mejor película, director
y actor principal. Sin duda, estamos ante una
obra equilibrada, buena síntesis entre lo intelectual y
lo puramente comercial, y eso a pesar de ciertas
críticas que la tachan de convencional y falsa,
simplemente porque da una visión positiva y
esperanzadora; para estos sólo lo desolador y lo
patético tiene crédito.
Imágenes
de Una mente maravillosa - Copyright © 2001 Imagine
Entertainment y UIP. Todos los derechos reservados.
© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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