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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
UNA
MENTE MARAVILLOSA
(A beautiful mind)
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Dirección: Ron
Howard.
País: USA.
Año: 2001.
Duración: 134 min.
Interpretación: Russell
Crowe (John Nash), Ed Harris (Parcher), Jennifer
Connelly (Alicia Nash), Christopher Plummer (Dr.
Rosen), Paul Bettany (Charles), Adam Goldberg
(Sol), Josh Lucas (Hansen), Vivien Cardone
(Marcee), Anthony Rapp (Bender), Jason
Gray-Stanford (Aisnely), Judd Hirsch (Helinger),
Austin Pendleton (Thomas King).
Guión: Akiva
Goldsman; basado en el libro de Sylvia Nasar.
Producción: Ron
Howard y Brian Grazer.
Música: James
Horner.
Fotografía: Roger
Deakins.
Montaje: Daniel
P. Hanley y Mike Hill.
Diseño de producción: Wynn
Thomas.
Dirección artística: Robert
Guerra.
Vestuario: Rita
Ryack.
Decorados: Leslie
E. Rollins. |
CRÍTICA
Manuel
Márquez
Si hay dos elementos sobre los que,
fundamentalmente, pivota el éxito o el fracaso en el
empeño de plasmar en una película la biografía de un
personaje -sea éste del corte que sea-, éstos son el
acierto en la elección de aquellos pasajes de su vida
que se van a recoger en el desarrollo de la historia,
así como el peso cuantitativo (metraje, minutaje) y
cualitativo (intensidad y trascendencia dramáticas) que
se va a dar a los mismos; y la capacidad del intérprete
que asume el papel del personaje biografiado para diluir
su identidad hasta el punto de convertirse en otra
persona (ojo, no un personaje, sino otra persona: parece
lo mismo, pero no lo es...).
Tanto desde un punto de vista, como
desde el otro, Una mente maravillosa da en el
clavo, y, en ese sentido, poco hay que reprocharle.
El recorrido temporal de la
biografía es preciso y ajustado al perfil del personaje.
Elude la infancia, cuyas claves son fácilmente asumibles
desde el retrato que se dibuja en el punto de arranque -su
llegada a la universidad-; fija el clímax dramático en
la etapa de madurez personal del biografiado; y se
remansa en una vejez a la que sólo la apuesta descarada
por el "happy end" y una cierta precipitación,
quizá fruto del afán por no extenderse demasiado en la
culminación, le privan de una total redondez. Nada que
objetar, pues, al respecto.
En cuanto al
protagonista, Russell Crowe -cuya particular cosecha, abierta
con el Globo de Oro, no ha hecho más que comenzar (y no
tiene el Oscar garantizado por la mera circunstancia de
que ya lo obtuvo el año pasado, y siempre es difícil
repetir...)-, su interpretación no se desvía en lo más
mínimo del tono general de la película: sobria,
compacta y sin fisuras, con el toque justo de contención
para evitar que el personaje se le vaya de las manos
(algo nada complicado: los personajes de
"loquitos"se prestan muy bien a tal accidente).
Su falta de histrionismo hace el resto, y así cuaja un
trabajo completísimo, aunque quizá no deslumbrante (lo
que sí es realmente deslumbrante es el maquillaje del
final: quizá habría que calificarlo, más bien, como
orfebrería...).
Y eso es todo, o casi todo (me dejo
en el tintero a Ed Harris o Jennifer Connelly, y quizá no sea
justo, pero cada cuestión tiene su peso relativo...).
¿Mucho, poco? Ésta es una buena película, un
buen producto industrial, tras cuyo visionado
uno abandona la sala con el convencimiento de que la
factoría hollywoodiense -de la que tan fiel exponente es
su director, Ron Howard- no ha perdido ni los planos ni
las técnicas para el buen funcionamiento de su
maquinaria, pero, eso sí, flojea considerablemente en el
departamento de patentes... De ahí que no pueda más que
llevarme las manos a la cabeza oyendo ciertas proclamas
acerca de la condición de obra maestra de esta
película: ¿el que se volvió loco no era el personaje
principal de la película...?
Imágenes
de Una mente maravillosa - Copyright © 2001 Imagine
Entertainment y UIP. Todos los derechos reservados.
© 2002 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
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