CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Silencios de amor
Sorprende que la cinematografía oriental recurra a un texto
euro-peo para su adaptación. Más llamativo aún es que se trate
del re-make de un clásico, conocido y estimado como obra
maestra. Pues bien, ése es el reto que se propuso
Xu Jinglei al llevar a la
pantalla "Carta de una desconocida", la conocida
novela de Stefan Zweig. Con
estos antecedentes, resultan inevitables las compara-ciones con
el original literario y con la gran película que Max Ophüls
realizara en 1948.
Ahora,
la directora china busca una obra que no traicione el espíri-tu
romántico y las atmósferas de ensoñación melancólica que la
novela contiene. Abandona la Viena de Zweig y Ophüls para
trasla-dar la historia al Pekín de mediados de siglo pasado; y
recupera para el protagonista masculino el oficio primigenio de
escritor. Con todo, resulta una película-puente entre Oriente y
Occidente, para hablar del amor platónico y pasional desde la
psicolo-gía femenina.
Un
hombre regresa a casa y entre la correspondencia acumulada
encuentra una carta sin remite. La curiosidad se convierte
pronto en perplejidad y drama cuando descubre que se trata de
una mujer que le quiso como nadie, que le entregó su amor en
diversas eta-pas de su vida, y que él nunca la llegó a conocer.
Ahora ella ha perdido a su hijo y, sola y a las puertas de la
muerte, decide abrir su alma y contar su vida al único hombre al
que amó y al que fue fiel.
El tono
intimista de la cinta viene da-do por la propia historia, por la
voz en off de la mujer que va susurrando sus infortunios sentimentales, y por una fotografía de luces cálidas que
envuel-ve a los personajes en una atmósfera preciosista. La
música reposada re-fuerza el carácter romántico del film, y un
cuidado diseño de producción re-coge numerosos pequeños detalles
que aclimatan la historia a los nuevos escenarios y una
coyuntura socio-po-lítica particular. Sin embargo, todos estos
aciertos técnicos no son sufi-cientes para lograr la fuerza
dramática que la película de Ophüls conseguía, y la película de
Jinglei discurre con cierta languidez narrativa desde los
primeros planos, excesivamen-te dependiente de la voz en off.
Es
cierto que queda claro el carácter pasional y tremendamente fiel
de esa mujer, su capacidad de sacrificio y su honda tristeza
so-portada en silencio. También está bien reflejada su capacidad
de perdón, y su tortura psicológica ante la promiscuidad e
indiferencia del escritor amado. Pero todo resulta demasiado
academicista y formalmente bello, lineal y plano en su ritmo,
sin fuerza para con-mover ni convencer. Las interpretaciones de
los actores son correc-tas, aunque no alcancen la expresividad de
Joan Fontaine y Louis Jourdan. Al final se queda en un producto
aceptable pero al-go insípido, copia esteticista de una realidad
profunda.
En declaraciones de la propia
directora, afirmaba su admiración por el libro y la película de
Ophüls —homenajeada al insertar un cartel promocional de su
película—, a la vez que comentaba su propósito de quitarle el
sentido moral que aquéllas tenían. Unas co-sas y otras secan
esta película, a la vez que nos empujan a volver a la otra para
revisionarla y volver a disfrutar con el romanticismo
decimonónico. A pesar de ello, la película que ahora se estrena
re-sulta agradable y la belleza de la puesta en escena hace que
me-rezca la pena, también para comprender la perspectiva de una
mu-jer oriental que mira a Europa y a los europeos.
Calificación:
    
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de "Carta de una mujer desconocida" - Copyright ©
2004 Asian Union Film & Media. Distribuida en España por
Barton Films. Todos los derechos
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