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LA CASA DE LAS DAGAS VOLADORAS
(House of flying daggers) (Shi mian mai fu)


Dirección: Zhang Yimou.
Países:
China y Hong Kong.
Año: 2004.
Duración: 119 min.
Género: Drama, acción, romance.
Interpretación: Takeshi Kaneshiro (Jin), Andy Lau Tak Wah (Leo), Zhang Ziyi (Mei), Song Dandan (Yee).
Guión: Li Feng, Zhang Yimou y Wang Bin.
Producción: Bill Kong y Zhang Yimou.
Música: Shigeru Umebayashi.
Fotografía:
Zhao Xiaoding.
Montaje: Cheng Long.
Diseño de producción: Huo Tingxiao.
Dirección artística: Han Zhong.
Vestuario: Emi Wada.
Estreno en España: 11 Febrero 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

En defensa de la belleza

  Resulta inevitable no iniciar esta reseña haciendo mención del an-terior trabajo de Zhang Yimou, "Hero", del que esta película bien podría ser considerada un hábil complemento además de toda una secuela, entendida ésta no en el sentido literal sino más bien en lo que se refiere a una buscada reiteración de claves estilísticas y for-males bien reconocibles. Pero es aún más interesante detenerse en la figura de su realizador, Zhang Yimou, que tiene un tanto des-concertada a la crítica que lo encumbró con esta segunda incur-sión/homenaje al Wuxia, género con el que confieso no estar de-masiado familiarizado, pero que es toda una tradición cultural en China y demás países del entorno. Porque, claro, una cosa es con-moverse con la fuerza de los terribles dramas, las reconstrucciones históricas o los recuerdos familiares de películas como "Sorgo ro-jo", "La linterna roja", "¡Vivir!" o "El camino a casa" (por poner sólo unos cuantos ejemplos) y otra asumir que desde que Ang Lee abrió la veda para el mercado occidental del género con su aún insupera-da "Tigre y dragón", Zhang Yimou, olvidándose de trascendencias vitales, se haya lanzado por dos veces a conquistar dicho mercado con estas películas de aventuras en las que las reflexiones políti-cas y hasta filosóficas de "Hero" o las cuitas sentimentales de esta nueva entrega se ven desbordadas por una apabullante demostra-ción de esteticismo y preciosismo visual que muchos acusan de manierista y de ocultar un contenido prácticamente vacío o poco re-levante.

  Son los mismos que no son capa-ces de apreciar que la verdad es mu-cho más simple: en las dos últimas películas de Zhang Yimou el con-tenido es precisamente la impre-sionante belleza estética de am-bas propuestas, un ejercicio des-lumbrante al que se debe asistir con los mismos ojos con los que uno acude a ver un cuadro en un museo o con la misma disposición con la que se escucha una composi-ción musical de hace cientos de años. En el fondo, buscar la belleza es una de las causas que hacen mo-verse al ser humano y, créanme, Yimou sabe cómo ofrecérnosla a raudales. Una vez más, la trama de "La casa de las dagas volado-ras" es extremadamente simple: una situación de crisis política, con unos rebeldes enfrentados al corrupto gobierno central, y la re-lación que se establece entre una joven ciega que es mucho más de lo que parece (curioso, ¿una versión china de "Zatôichi"?) y dos agentes del gobierno que urden un plan para que ésta los conduzca a la líder de esa resistencia, con el previsible resultado (dado que la chica en cuestión es la maravillosa Zhang Ziyi) de que uno de ellos se enamora perdidamente de ella y se encuentra compren-siblemente dividido entre seguir los dictados de su corazón y cum-plir con su deber. Como ven, nada nuevo bajo el sol, si acaso un in-tento por parte del realizador chino de acercarse un poco al lirismo y la emoción que, con esa maravillosa fusión entre la forma y el fondo de lo que se contaba, era lo que hacía de "Tigre y dragón" una propuesta irresistible, ya que en "Hero", a pesar de que tam-bién había una pareja de amantes infelices, era una película mucho más épica, donde las reflexiones sobre el poder y la política se im-ponían por completo a los sentimientos de los personajes.

  Hay en efecto en "La casa de las dagas voladoras" una búsqueda del equilibrio entre la emoción que busca producir en el espectador la historia de amor que centra la historia y la conmoción que produ-cen las apasionantes coreografías de luchas y duelos que se suce-den en la historia. Pero Yimou, pese a que su nueva propuesta po-dría considerarse un paso adelante en lo segundo, fracasa en lo pri-mero: no son las pasiones de los personajes, la deriva sentimental de una historia extremadamente simple o su sufrimiento lo que pro-duce que el espectador disfrute, llore o se emocione con ellos, sino el impresionante espectáculo visual, esa especie de orgía de color, música, danza y movimiento que inunda de belleza la pantalla y an-te el que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad no pue-de quedarse indiferente. Desborda y fascina a partes iguales.

  Así, la estructura de la película es un carrusel donde se alternan de manera sistemática las secuen-cias destinadas a profundizar en la historia de amor con las prodi-giosas coreografías concebidas por Ching Siu-Tung (por cierto, el di-rector de "Una historia china de fan-tasmas", película clave en el género, al menos para el espectador occiden-tal), pero no llega a producirse, salvo quizás en una secuencia final de es-tremecedora belleza, una verdadera fusión entre unas y otras, que apare-cen como desconectadas, algo que ya le sucedía a Yimou en no pocos pasajes de "Hero" y que sigue sin saber cómo solucionar a la altura de ese referente que sigue siendo "Tigre y dragón". De hecho, a la vista de este nuevo intento de Yimou (y dejando al margen consideraciones tan importantes como las puramente económicas) uno no puede dejar de pregun-tarse hasta qué punto esta nueva incursión tiene que ver con un de-seo oculto del realizador de superar dicha obra.

  A pesar de todo lo dicho, "La casa de las dagas voladoras" deja impresa en la mente del espectador más de una se-cuencia absolutamente memorable: la danza inicial que tiene lugar en el burdel con el reto de los tambores y los pañuelos, que deriva en un enfrentamiento entre la hermosa Zhang Ziyi y Andy Lau, quedará como una de las secuencias más bellas del año sin ningún género de dudas; la batalla con los soldados en el campo de flores o la preciosa secuencia del bosque de árboles de bambú demuestran que aún hay esperanza de descubrir nuevas cosas en el campo de las coreografías para representar enfrentamientos, y el encuentro final sobre la nieve consigue emocionar al más curtido. Auténtico poeta de lo visual, sería del todo punto injusto negarle a Zhang Yimou el inmenso valor que tiene la pasión con la que es ca-paz de impregnar cada plano de la película, siempre a la búsqueda de una belleza que nos haga temblar de emoción, siempre tratando de conseguir algo más que la simple sorpresa que nos deje con la boca abierta, siempre, en fin, persiguiendo innovaciones que nos hagan pensar que estamos ante algo completamente novedoso (al "Rashomon" cromático de "Hero" le sucede aquí una infinidad de vuelos de flechas, dagas y proyectiles varios en los que seguimos muy de cerca la trayectoria aérea de los mismos hasta que llegan a su objetivo) aunque en el fondo la historia que nos está contando la hayamos visto una y mil veces.

  Personalmente, reconozco que me interesaron más los complejos mean-dros narrativos y las reflexiones políti-co-filosóficas de "Hero" que la sencilla historia de amor que domina el argu-mento de "La casa de las dagas vola-doras", aunque es más que probable que ésta, mucho más directa y lineal, sea más fácil de seguir y, en conse-cuencia, más del agrado del especta-dor medio que aquélla. Tiene otra ven-taja con respecto a "Hero", y es que por mucho que los prodigios acrobáti-cos que se muestran sigan jugando con la verosimilitud y sólo tengan sen-tido dentro de su consideración puramente estética, Yimou no fuerza tanto la poesía visual como para que bordee el preci-picio del ridículo, como podía pasarle en algunos pasajes de aquélla, con lo que "La casa de las dagas voladoras" bien podría considerarse desde este punto de vista una obra mucho más com-pacta y coherente. En cualquier caso, lo que no se puede negar es que la última obra de Yimou es una película de lo más recomenda-ble, aunque sólo sea para dejarse seducir una vez más por la BE-LLEZA con mayúsculas, esa que escasea tanto en las pantallas. Hay que disfrutarla.

Calificación:


Imágenes de "La casa de las dagas voladoras" - Copyright © 2004 Elite Group, Edko Films, Zhang Yimou Studio Production y Beijing New Picture Film. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos reservados.

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