CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
En defensa de la belleza
Resulta inevitable no iniciar esta reseña haciendo
mención del an-terior trabajo de Zhang
Yimou, "Hero",
del que esta película bien podría ser considerada un hábil
complemento además de toda una secuela, entendida ésta no en el
sentido literal sino más bien en lo que se refiere a una buscada
reiteración de claves estilísticas y for-males bien
reconocibles. Pero es aún más interesante detenerse en la figura
de su realizador, Zhang Yimou, que tiene un tanto des-concertada
a la crítica que lo encumbró con esta segunda incur-sión/homenaje
al Wuxia, género con el que confieso no estar de-masiado
familiarizado, pero que es toda una tradición cultural en China
y demás países del entorno. Porque, claro, una cosa es
con-moverse con la fuerza de los terribles dramas, las
reconstrucciones históricas o los recuerdos familiares de
películas como "Sorgo ro-jo", "La linterna roja", "¡Vivir!"
o "El
camino a casa" (por poner sólo unos cuantos ejemplos)
y otra asumir que desde que Ang Lee abrió la veda para el
mercado occidental del género con su aún insupera-da "Tigre y
dragón", Zhang Yimou, olvidándose de trascendencias vitales, se
haya lanzado por dos veces a conquistar dicho mercado con estas
películas de aventuras en las que las reflexiones políti-cas y
hasta filosóficas de "Hero" o las cuitas sentimentales de esta
nueva entrega se ven desbordadas por una apabullante demostra-ción
de esteticismo y preciosismo visual que muchos acusan de
manierista y de ocultar un contenido prácticamente vacío o poco
re-levante.
Son los mismos que no son capa-ces de apreciar que la verdad es
mu-cho más simple: en las dos últimas películas de Zhang
Yimou el con-tenido es precisamente la impre-sionante belleza
estética de am-bas propuestas, un ejercicio des-lumbrante al que
se debe asistir con los mismos ojos con los que uno acude
a ver un cuadro en un museo o con la misma disposición con
la que se escucha una composi-ción musical de hace cientos de
años. En el fondo, buscar la belleza es una de las causas que
hacen mo-verse al ser humano y, créanme, Yimou sabe cómo
ofrecérnosla a raudales. Una vez más, la trama de "La casa de
las dagas volado-ras" es extremadamente simple: una situación de
crisis política, con unos rebeldes enfrentados al corrupto
gobierno central, y la re-lación que se establece entre una
joven ciega que es mucho más de lo que parece (curioso, ¿una
versión china de "Zatôichi"?)
y dos agentes del gobierno que urden un plan para que ésta los
conduzca a la líder de esa resistencia, con el previsible
resultado (dado que la chica en cuestión es la maravillosa
Zhang Ziyi) de que uno de ellos
se enamora perdidamente de ella y se encuentra compren-siblemente
dividido entre seguir los dictados de su corazón y cum-plir con
su deber. Como ven, nada nuevo bajo el sol, si acaso un in-tento
por parte del realizador chino de acercarse un poco al lirismo y
la emoción que, con esa maravillosa fusión entre la forma y el
fondo de lo que se contaba, era lo que hacía de "Tigre y dragón"
una propuesta irresistible, ya que en "Hero", a pesar de que tam-bién
había una pareja de amantes infelices, era una película mucho
más épica, donde las reflexiones sobre el poder y la política se
im-ponían por completo a los sentimientos de los personajes.
Hay en
efecto en "La casa de las dagas voladoras" una búsqueda del
equilibrio entre la emoción que busca producir en el espectador
la historia de amor que centra la historia y la conmoción que
produ-cen las apasionantes coreografías de luchas y duelos que
se suce-den en la historia. Pero Yimou, pese a que su nueva
propuesta po-dría considerarse un paso adelante en lo segundo,
fracasa en lo pri-mero: no son las pasiones de los personajes,
la deriva sentimental de una historia extremadamente simple o su
sufrimiento lo que pro-duce que el espectador disfrute, llore o
se emocione con ellos, sino el impresionante espectáculo visual,
esa especie de orgía de color, música, danza y movimiento que
inunda de belleza la pantalla y an-te el que cualquier persona
con un mínimo de sensibilidad no pue-de quedarse indiferente.
Desborda y fascina a partes iguales.
Así, la estructura de la película es un carrusel donde se
alternan de manera sistemática las secuen-cias destinadas a
profundizar en la historia de amor con las prodi-giosas
coreografías concebidas por Ching
Siu-Tung (por cierto, el di-rector de "Una historia
china de fan-tasmas", película clave en el género, al menos para
el espectador occiden-tal), pero no llega a producirse, salvo
quizás en una secuencia final de es-tremecedora belleza, una
verdadera fusión entre unas y otras, que apare-cen como
desconectadas, algo que ya le sucedía a Yimou en no pocos
pasajes de "Hero" y que sigue sin saber cómo solucionar a la
altura de ese referente que sigue siendo "Tigre y dragón". De
hecho, a la vista de este nuevo intento de Yimou (y dejando al
margen consideraciones tan importantes como las puramente
económicas) uno no puede dejar de pregun-tarse hasta qué punto
esta nueva incursión tiene que ver con un de-seo oculto del
realizador de superar dicha obra.
A pesar de
todo lo dicho, "La casa de las dagas voladoras" deja impresa
en la mente del espectador más de una se-cuencia absolutamente
memorable: la danza inicial que tiene lugar en el burdel con
el reto de los tambores y los pañuelos, que deriva en un
enfrentamiento entre la hermosa Zhang Ziyi y
Andy Lau, quedará como una de
las secuencias más bellas del año sin ningún género de dudas; la
batalla con los soldados en el campo de flores o la preciosa
secuencia del bosque de árboles de bambú demuestran que aún hay
esperanza de descubrir nuevas cosas en el campo de las
coreografías para representar enfrentamientos, y el encuentro
final sobre la nieve consigue emocionar al más curtido.
Auténtico poeta de lo visual, sería del todo punto injusto
negarle a Zhang Yimou el inmenso valor que tiene la pasión con
la que es ca-paz de impregnar cada plano de la película, siempre
a la búsqueda de una belleza que nos haga temblar de emoción,
siempre tratando de conseguir algo más que la simple sorpresa
que nos deje con la boca abierta, siempre, en fin, persiguiendo
innovaciones que nos hagan pensar que estamos ante algo
completamente novedoso (al "Rashomon" cromático de "Hero" le
sucede aquí una infinidad de vuelos de flechas, dagas y
proyectiles varios en los que seguimos muy de cerca la
trayectoria aérea de los mismos hasta que llegan a su objetivo)
aunque en el fondo la historia que nos está contando la hayamos
visto una y mil veces.
Personalmente, reconozco que me interesaron más los complejos
mean-dros narrativos y las reflexiones políti-co-filosóficas de
"Hero" que la sencilla historia de amor que domina el argu-mento
de "La casa de las dagas vola-doras", aunque es más que probable
que ésta, mucho más directa y lineal, sea más fácil de seguir y,
en conse-cuencia, más del agrado del especta-dor medio que
aquélla. Tiene otra ven-taja con respecto a "Hero", y es que por
mucho que los prodigios acrobáti-cos que se muestran sigan
jugando con la verosimilitud y sólo tengan sen-tido dentro de su
consideración puramente estética, Yimou no fuerza tanto la
poesía visual como para que bordee el preci-picio del ridículo,
como podía pasarle en algunos pasajes de aquélla, con lo que "La
casa de las dagas voladoras" bien podría considerarse desde este
punto de vista una obra mucho más com-pacta y coherente. En
cualquier caso, lo que no se puede negar es que la última obra
de Yimou es una película de lo más recomenda-ble, aunque sólo
sea para dejarse seducir una vez más por la BE-LLEZA con
mayúsculas, esa que escasea tanto en las pantallas. Hay que
disfrutarla.
Calificación:
    
Imágenes
de "La casa de las dagas voladoras" - Copyright © 2004 Elite Group,
Edko Films, Zhang Yimou Studio Production y Beijing New Picture
Film. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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