CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Sábado sangriento
Hace un par de años,
Paul Green-grass,
hasta entonces mayormente dedicado al medio televisivo, irrumpió
con fuerza en el panorama cinemato-gráfico de corte
socio-político con la más que recomendable "Bloody
Sun-day (Domingo Sangriento)",
un inten-so, duro y desgarrador largometraje que prestaba
atención a la masacre acontecida en 1972 durante la fecha
conocida como Domingo Sangriento, cuando el ejército inglés
respondió de forma desproporcionada y contunden-te ante una manifestación
pacífica de civiles en Irlanda del Norte, saldándose su
intervención con trágicos resultados. Ahora, "Omagh",
precedida de mucho menos ruido pero de un aval también
considerable de premios, vuelve a
reunir a Gre-engrass en el guión y a buena parte de aquel equipo
de producción bajo la batuta del menos conocido
Pete Travis,
para acercarnos a otro de los acontecimientos decisivos en el
conflicto británico-irlandés que tiñeron de sangre las
esperanzas en el proceso de
paz y provocaron su retroceso.
En realidad, es imposible, dada
esa autoría compartida, y a tenor de sus semejanzas temáticas y
formales —a las que da continuidad ese estilo pseudo-documental
común—, no contemplar "Bloody Sunday (Domingo Sangriento)" y
"Omagh" como dos partes de un mismo díptico.
La película nos traslada al
15 de agosto
1998 para recoger los he-chos y las secuelas que sacudieron la ciudad de Omagh, después que una rama
escindida del IRA perpetrara un brutal atentado que sesgó la
vida de treinta vecinos. Y lo hace a través de la figura de
Michael Gallagher, padre de una de las víctimas y
más tarde porta-voz del resto de familiares en sus
reivindicaciones e investigaciones paralelas.
Recuerdo el visionado de "Bloody
Sunday (Domingo Sangriento)" como una experiencia frenética y descora-zonadora, pues
había sido rodada y editada de una forma tan realista, fe-bril y auténtica que
era imposible no introducirse en la situación y verse contagiado
por el clima creciente, pri-mero de amenaza y crispación,
pos-teriormente de terror y desconcierto. "Omagh" no se queda
atrás en este sentido, y es que gracias al efecto de la cámara
en mano, a su sobria exposición y al estupendo trabajo del
reparto, con un entregado y convincente
Gerard McSorley
al frente, transmite de una
ma-nera genuina y orgánica lo que se está sucediendo en la
pantalla. El impacto de la explosión de la bomba, así como el
caos posterior que se apodera de todo, te dejan sin aliento, del
mismo modo que no resulta fácil digerir el dolor y la
desesperación
de los familiares en todo el proceso, y eso teniendo en cuenta
que sus autores no se han recreado más de lo necesario es
aspectos truculentos.
Pero mientras que "Bloody Sunday (Domingo Sangriento)"
era, principalmente, una crónica detallada de los hechos,
"Omagh" se centra sobre todo en las consecuencias. Tras una
gráfica presentación de los preparativos del atentado, y de
perfilar la atmósfera de convivencia pacífica entre los
habitantes católicos y protestantes de Omagh, y la subsiguiente
devastación moral de aquellos que ven cómo de repente y sin
razón alguna alguien les arranca de su lado a sus seres
queridos, el film sirve en último tér-mino para descubrir la denuncia llevada a cabo
por una población disconforme con la actuación de las
autoridades "competentes" y la ausencia de resultados, situación
que sólo vino a aumentar su resquemor e indignación. Se ponen
sobre la mesa aspectos
confu-sos y espeluznantes en torno al asunto, como la
posibilidad de que la policía tuviera noticia de ello y no
hiciera nada para evitarlo por interés, las cuestionables
pesquisas, que no dieron fruto alguno, y otras facetas turbias que
afectan a políticos y figuras clave. Es, en definitiva, la
historia de unas vidas inocentes que fueron utilizadas como
moneda de cambio por ambas partes, dentro de un conflicto armado
que dura más de tres décadas, y a las que nadie concedió valor.
Como recogen las palabras de la responsable de supervisar el
caso, las muertes son enteramente imputables a los terroristas,
pero existían suficientes indicios como para creer que la
conniven-cia, ocultación y desinterés de los diferentes
implicados facilitaron no sólo que se produjeran, sino que los
criminales quedaran impu-nes. Creo que este último punto, aunque
la película lo aborde muy sucintamente, es el más interesante,
por las posibilidades que abre para la reflexión y la
especulación, no sólo en campo norirlandés, del mismo modo que
la doble carga de impotencia e indefensión que deben acarrear
las víctimas, como víctimas siempre de unas y otras actitudes.
Quizás el
largometraje de
Pete Tra-vis no alcanza la
solidez, profundidad, equilibrio y riqueza de perspectivas que
ofrecía "Bloody Sunday (Domingo Sangriento)", y como producto
estric-tamente cinematográfico se quede unos puntos por debajo
de aquélla. Sin embargo, no deja de ser un tra-bajo necesario
y audaz, que gana valor al atreverse a tratar un tema tan
delicado, y al hacerlo con la contención, tacto y honestidad
precisos, huyendo de posibles amarillismos y adornos, y, sobre
todo, manifestando un respeto por los afectados desde la
sen-sibilidad, la mesura y el rigor que merece todo homenaje a
una herida que todavía permanece abierta. Recomendable no sólo
para los que sientan interés por la crisis norirlandesa, sino
imprescindi-ble para quienes hayan conocido el terrorismo de
cerca, puesto que, desafortunadamente, cada vez es un asunto
menos ajeno a cualquiera de nosotros.
Calificación:
    
Imágenes
de "Omagh" - Copyright © 2004 Hell's
Kitchen International y Tiger Aspect Production. Distribuida en
España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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