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Dirección: Pete Travis.
Países: Irlanda y Reino Unido.
Año:
2004.
Duración: 106 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Gerard McSorley
(Michael Gallagher), Michèle Forbes (Patsy Gallagher), Brenda
Fricker (Nuala O'Loan), Stuart Graham (Victor Barker), Peter
Balance (Mark Breslin), Pauline Hutton (Sharon Gallagher), Fiona Glascott (Cathy
Gallagher), Kathy Kiera Clarke (Elizabeth Gibson), Clare Connor
(Caroline Gibson), Gerard Crossan (Hugh), Ian McElhinney
(Stanley).
Guión: Guy Hibbert y Paul
Greengrass.
Producción: Ed Guiney y Paul
Greengrass.
Fotografía: Donal Gilligan.
Montaje: Clive Barrett.
Dirección artística: David Wilson.
Vestuario: Eimer Ní Mhaoldomhanaigh.
Estreno en Irlanda: 22 Mayo 2004.
Estreno en España: 20 Mayo 2005. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Lo individual y lo político
Con Paul
Greengrass ("Bloody Sunday") como guionista y
pro-ductor, Pete Travis debuta en la dirección con una
película muy pegada al terreno del “conflicto irlandés”. Recoge
el sangriento atentado de Omagh, perpetrado por el IRA Auténtico
en agosto de 1998, en su intento por entorpecer el proceso de
paz iniciado con el Acuerdo de Viernes Santo y que se iba a
someter a referéndum. En la masacre perdieron la vida 31
personas y cientos resultaron heridas, pero curiosamente sólo
hubo un procesado: el miedo de los gobiernos y del propio IRA a
que se rompiesen los sutiles hilos de la negociación política se
impuso frente a la justicia y al derecho a conocer la verdad de
los hechos. Eso es lo que reclama Michael Gallagher, que había
perdido a su hijo y que se convirtió en líder ca-rismático y
portavoz de los familiares de las víctimas, que exigían
transparencia en las investigaciones y que los culpables pagasen
su delito.
Con estilo
hiperrealista, comienza mostrando la precisa reconstrucción de
los preparativos de los terroristas, mientras que de manera
paralela se recoge el ambiente pacífico y alegre de una familia
católica que pronto se verá socavado. Son momentos en que,
cámara en mano y gracias a un montaje preciso, el director logra
al-ternar instantes de profunda humani-dad con otros de creciente
dramatis-mo, en una mezcla explosiva que lle-ga a conmover en la
secuencia del atentado. Entonces la cámara se re-crea en imágenes
intensas y descar-nadas que muestran sangre y mutilaciones, pero
también el profun-do dolor de los familiares afectados. Escenas
crudas y reales —por desgracia vividas hace poco en nuestro
país—, que lle-gan directamente al corazón del espectador, que no
puede dejar de tomar partido y sentirse involucrado en lo que
ve. A ello contribuye la estética realista basada en una cuidada
planificación y puesta en escena, con cámara nerviosa y
abundantes primeros planos —se aprecia la formación televi-siva
del director—, junto con unas interpretaciones muy ex-presivas y
nada histriónicas. Todos los actores resultan convin-centes en
sus papeles, pero espacial mención merece la soberbia
interpretación de Gerard McSorley, que derrocha
austeridad y contención, y que logra mostrar tanto la humanidad
y el coraje de Gallagher como su confusión y derrumbe
psicológico.
Tras el
atentado y superados los primeros instantes de shock, la película
abandona las emociones para emprender senderos políti-cos y de
denuncia, con familiares que no se resignan a explicacio-nes
vagas y complacientes. Travis incide en la desidia,
ineficacia e incompetencia de las fuerzas políticas y de
seguridad, en el senti-miento de engaño y fraude que sienten unos
padres indefensos, en la sinrazón de legitimar unos caminos
tortuosos para alcanzar una paz labrada sobre la mentira. Sin
duda, el conflicto dramático y mo-ral es complejo cuando están
por medio intereses de Estado, mu-chas veces difíciles de
compaginar con otros derechos individuales. Al adoptar el punto
de vista narrativo de Gallagher, la cara familiar del problema
queda mejor reflejada que la institu-cional, y por eso policías y
políticos —el mismo Gerry Adams— adoptan un perfil más
esquemático y patético.
Drama emotivo
y denuncia política con infiltrados, investigaciones judicia-les
e intoxicación informativa, pero también con dolor humano y
familias rotas. Todo contado con fuerza y rit-mo narrativo, con
firmeza de convic-ciones pero sin amargura ni cargas ideológicas:
al director sólo le intere-san las personas, sean de una u otra
religión o clase social, y en eso se desmarca de otros films de
directores tan políticos como Loach o Costa-Ga-vras,
en cuyas manos esta historia hubiera derivado hacia lo sectario
o panfletario. Gustará a un público am-plio, tanto por el tema
tratado como por la forma sincera y humana de abordarlo. Obtuvo
el premio al mejor guión en el pasado Festival de San Sebastián.
Calificación:
    
Imágenes
de "Omagh" - Copyright © 2004 Hell's
Kitchen International y Tiger Aspect Production. Distribuida en
España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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