CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Interpretación para una realidad inexistente
El director de "Secretos y mentiras" recoge el cine
realista británi-co social y de denuncia, para tratar del aborto
libre y gratuito en una sociedad clasista, donde ricos y pobres
no tienen la misma fa-cilidad para "remediar" embarazos no
deseados. Pero en esta oca-sión lo hace adoptando una postura
excesivamente ideológica y tendenciosa, dando una lección de lo
que supone la dirección de actores y puesta en escena, pero
creando situaciones inverosími-les con cada plano y diálogo, que
esconden un engaño sensiblero y sutil por el que conduce al
espectador.
Vera es
una buena y sencilla ama de casa, esposa ejemplar y madre de dos
hijos, solícita y cariñosa con cualquiera que necesite ayuda,
trabajadora infatigable en su labor de limpieza de casas
pu-dientes; con su sonrisa y sacrificio no sólo saca adelante a
su fa-milia, sino a otras que pasan apuros. Lo que nadie sabe es
que también se dedica a “ayudar” a jovencitas que desean abortar
y que no disponen de medios para ello; lo hace sin cobrar nada y
sin ma-la conciencia, con una ingenuidad sorprendente. Tras más
de vein-te años, una de las jóvenes asistidas está a punto de
morir; la de-nuncia hace que policía y jueces intervengan y la
detengan –ante la incredulidad y desconcierto de su familia– y
que sea condenada a varios años de cárcel.
Es conocido el original método de trabajo de
Mike Leigh: durante me-ses, sus
actores viven en ambientes y circunstancias en los que sus
perso-najes se encontrarían, para así poder después aportar toda
la autenticidad en sus interpretaciones; éstas se apoyan, por
tanto, más en la interiori-zación de la historia y de sus
perso-nalidades que en un guión previo, prácticamente
inexistente y siempre abierto a la improvisación. El resulta-do
es un auténtico retrato de persona-jes, inmersos en ambientes
sociales o familiares difíciles, con una puesta en escena fresca
en la que todo está encaminado a reflejar un pro-blema y unos
seres que conmueven al espectador, pero que tam-bién le inducen
a la reflexión. Pero si la planificación e interpre-taciones
son dignas de elogio, no sucede así con un guión muy discursivo
y reiterativo, que construye personajes llenos de incoherencias
internas y a merced de la tesis planteada en la película.
Comienza con una presentación estereotipada de los
protagonistas, donde la premiosidad y afectuosidad de Vera
acaban resultando excesivas y exageradas, o donde cada miembro
de la familia aparece con rasgos definidos con tiralíneas para
mos-trar un clima idílico que refuerce la bondad que allí se
respira. A continuación, ante nuestros ojos pasarán toda una
serie de jóvenes “necesitadas y nerviosas” a las que la buena de
Vera “ayudará”, y que responden a cada uno de los supuestos que
la causa abortista defiende, con lo que la propuesta se
convierte en reclamo de un de-recho sin restricciones; como
contraste eficaz a esas jóvenes sin recursos, el director
introduce la subtrama de una chica de clase alta, puritana y
envarada, que es forzada por su novio pero que pue-de resolver
su “problema” en una clínica privada, con lo cual tene-mos la
demanda de aborto para exigir su carácter gratuito.
Mediada la
cinta, la película da un giro hacia el drama cuando Ve-ra es
denunciada e interrogada, pero no abandona entonces el ca-rácter
de alegato abortista: eufemismos que hablan de “recuperar la
regla” o de “ayudar a las pobres chicas” –llamativa la
repetición de este término–, música de coros angelicales que
mueven a la emo-ción y al sentimiento de compasión, primeros
planos de un rostro lloroso y destrozado interiormente –Imelda
Staunton hace el pa-pel de su vida–, policías que
interrogan casi pidiendo perdón a la acusada, o incluso una
frívola, egoísta y patética cuñada que no hace sino reforzar la
humanidad y bondad de la protagonista.
Si manipulador es el planteamiento y la construcción de
personajes, más inverosímil resulta que tan ejemplar esposa no
le haya dicho nada a su marido durante veinticinco años (pare-ce
que sí debía intuir que algo malo o reprochable hacía, o que no
existía la confianza conyugal que se pretende mostrar), que una
mujer con una sa-gacidad capaz de ocultar su “secreto” no se
plantee las posibles conse-cuencias físicas o psicológicas de
sus acciones, que su entereza y son-risa permanentes se
resquebrajen de pronto al ser descubierta, o que no sospeche ni
remotamente sobre los turbios negocios de quien le fa-cilita la
clientela... Por eso, el guión resulta poco convincente, y
uno no puede menos que pensar que nos han tergiversado la
realidad de esa pobres muchachas que sufren la angustia de
perder a su hijo, que se frivoliza con temas serios por causas
ideológicas o de otro tipo, que se reduce el dilema moral al
sen-timiento o a la intención del individuo sin tener en cuenta
los he-chos en sí mismos, y que se manipula al espectador
llevado por música celestial o rostros conmovedores. En este
sentido, sólo la figura del marido respira honestidad y
coherencia, al saber salvar a la persona y permanecer junto a su
mujer –no así inicialmente el hi-jo, más estereotipado–, a la
vez que deja clara la gravedad e irres-ponsabilidad de su
comportamiento.
Historia
centrada en la actuación de un personaje utópico e irreal, a
pesar de la buena interpretación de la protagonista. Su ritmo es
lento y parsimonioso, repetitivo en las secuencias de los
diversos abortos o en los múltiples interrogatorios o
declaraciones, como si se pretendiese con ello subrayar aspectos
ya expuestos o recrear-se en otros más sensibleros. Lástima que
la buena factura técnica e interpretativa no esté acorde a una
realidad más humana y verda-dera.
Calificación:
    
Imágenes
de "El secreto de Vera Drake" - Copyright © 2004 Les
Films Alain Sarde, Studio Canal, The Inside Track y
Thin Man Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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