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EL SECRETO DE VERA DRAKE
(Vera Drake)


Dirección y guión: Mike Leigh.
Países:
Gran Bretaña y Francia.
Año: 2004.
Duración: 124 min.
Género: Drama.
Interpretación: Imelda Staunton (Vera Drake), Phil Davis (Stan), Peter Wight (Detective Webster), Adrian Scarborough (Frank), Heather Craney (Joyce), Daniel Mays (Sid), Alex Kelly (Ethel), Sally Hawkins (Susan), Eddie Marsan (Reg), Ruth Sheen (Lily), Martin Savage (Sargento Vickers).
Producción: Simon Channing Williams y Alain Sarde.
Música: Andrew Dickson.
Fotografía:
Dick Pope.
Montaje: Jim Clark.
Diseño de producción: Eve Stewart.
Dirección artística: Ed Walsh y Andrew Grant.
Vestuario: Jacqueline Durran.
Estreno en Reino Unido: 7 Enero 2005.
Estreno en España: 25 Febrero 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Retrato roto de familia pobre-pero-feliz

  Vaya por delante una sonora reprimenda a los responsables de promocionar esta película con un póster que, debajo del título perti-nente, exhibe el engañoso lema "Madre. Esposa. Asesina", tradu-cido con absoluta fidelidad del original en inglés ("Wife. Mother. Cri-minal"). Al margen de que como eslogan es de un burdo y un faci-lón que espanta, ese "Asesina" final no sólo no se ajusta al mensa-je del film, que no pretende criminalizar a su protagonista, sino que confundirá al espectador poco informado que espere encontrarse con un manifiesto categóricamente antiabortista, o en el mejor de los casos con una negra comedia criminal similar a "Los asesina-tos de mamá" de John Waters.  Entiendo que los publicistas pre-tendan provocar el interés del público, pero no que lo engañen ven-diéndoles algo que se posiciona en las antípodas de su producto: decepcionará a los que esperaban ver cumplidas sus expectativas y alejará a los contrarios, sin alcanzar nunca a su target potencial.

  El nombre de Mike Leigh ha sido tradicionalmente asociado al de sus compatriotas Stephen Frears y Ken Loach como máximos representantes de un cine británico con claras inquie-tudes de crítica y denuncia social. Sin embargo, mientras que Frears ha go-zado de una mayor repercusión debi-do a sus incursiones en la gran indus-tria, y Loach se ha ganado la atención por una filmografía más airada y políti-camente combativa, Leigh, quizás más sutil pero igual de competente, si no más interesante, sólo ha alcanza-do un moderado reconocimiento públi-co, incluso tras haber visto recompensados algunos de sus últimos proyectos con todo tipo de premios internacionales que incluyen varias nominaciones al Oscar®. Con largometrajes destacados en su haber como "Grandes ambiciones", "La vida es dulce", "Indefen-so", "Secretos y mentiras" y "Todo o nada", este director y drama-turgo se ha consolidado como un dotado observador de las mise-rias humanas que surgen en los entornos desfavorecidos, haciendo hincapié en la dinámica de las relaciones interpersonales señala-das por el desarraigo, la desorientación y la desesperanza, y más en concreto en la desintegración de los núcleos familiares.  Habla-mos de un cine que entiende la vida como una ardua tarea que exi-ge una constante batalla anímica contra las penurias, en el que el individuo se ve inexorablemente marcado por las heridas pasadas y la falta de expectativas derivadas de su condición social, y donde la familia, reunida alrededor de la figura materna, como motor y co-lumna vertebral de todos los miembros, se perfila como el único asidero o punto de apoyo, caldo de cultivo de desafectos y fraca-sos futuros cuando falla. Son constantes en la obra de Mike Leigh que se vuelven a dar cita, si acaso no se acrecientan, en su último trabajo, "El secreto de Vera Drake". Por eso, aunque el presente film haya sido anunciado como una película sobre el aborto, esta cuestión sirve en realidad como excusa para dirimir los más profun-dos intereses que siempre han mediado en la filmografía de este veterano autor,  y que no son otros que ofrecer un vívido testimonio de las miserias y alegrías que sacuden a las familias proletarias urbanas. Nos encontramos, pues, delante de un drama humano que se propone componer un cuadro familiar sujeto a una trágica debacle y donde el fresco social cobra especial rele-vancia.

  "El secreto de Vera Drake" nos traslada al Londres de la década de los 50 para presentarnos a esta modélica madre, esposa, em-pleada y convecina de clase trabajadora que secretamente practica abortos a las muchachas con pocos medios que se han quedado embarazadas fuera del matrimonio, ya sea fruto de sus novios, de una relación pasajera o de una violación, o a aquellas madres de proles tan humildes como numerosas que no pueden asumir los costes que les supondría un nuevo hijo. Asistimos, gracias a la ma-gistral interpretación de Imelda Staunton, al convincente retrato de una mujer paradigmáticamente buena y honesta, de ánimo ge-neroso, positivo y afable, que se entrega al cuidado de los suyos y de todos aquellos necesitados, y que a pesar de la estrechez eco-nómica, se siente agradecida por contar con una familia como la suya. Entre su trabajo en la fábrica de bombillas, su empleo como mujer de la limpieza y sus quehaceres domésticos, Vera Drake sa-ca tiempo para ocuparse de su anciana madre, hacerse cargo del vecino incapacitado o enfermo, o acoger al muchacho solitario, sin perder nunca la sonrisa, y de ese mismo modo desinteresado e inocente, como un acto más de solidaridad, también "ayuda a jóve-nes con problemas", como ella se encargará de repetir eludiendo en todo momento la palabra "aborto".

  En esa primera parte, Leigh nos su-merge en el deambular cotidiano de la protagonista con la misma naturalidad con la que ella canturrea mientras despacha sus labores,  y con idéntica naturalidad nos descubre, como una más, esa faceta controvertida de su existencia para subrayar el carácter de normalidad que le otorga Vera Dra-ke. Pero también nos introduce en el entrañable clima que preside a esta familia pobre-pero-feliz, afectuosa y honrada, siempre congregados en tor-no a la mesa como símbolo de su unión,  en la que Vera ejerce como verdadero sostén, preparándonos para comprender el alcance de lo que llegará después. Leigh traza con económica precisión un catálogo de caracteres reconocibles por todos, desde el espo-so comprensivo del que sigue enamorada tras décadas de matrimo-nio, a la hija poco agraciada o al jovial hijo mayor que se labra su propio futuro como sastre, sin olvidar tampoco a ese cuñado, mejor situado, al que crió como una madre cuando perdió a la suya, o a la cuñada con ínfulas de nueva rica, que se siente al margen de su naturaleza sencilla y resignada, y critica a Vera por ser una meto-mentodo, perfilándose como contrapunto del grupo.

  Pero a pesar de las buenas intenciones que mueven a esta mujer, su método de la jeringa con agua y jabón no goza de las medidas higiénicas más apropiadas, ni sus beneficiarias pueden permitirse la supervisión médica correspondiente. Así, cuando su ejercicio traiga nefastas consecuencias para una de ellas, "el secreto de Ve-ra Drake" saldrá a la luz y la policía se le echará encima. Es enton-ces cuando la película abandona su tono amable y nos precipita en el calvario que atraviesa la protagonista durante los interrogatorios, así como en la perplejidad y desgracia que azotan a una familia que se desmorona ante la caída de su piedra angular. Vera ha deja-do de sonreír y sólo llora, consciente de que sus actos son puni-bles por ley y cuentan con el rechazo de la sociedad, y por tanto avergonzada y temerosa por la forma en que aquello afectará a los suyos, pero incapaz de asumir el carácter criminal que se imputa a su "ayuda". Es este tramo final el más conmovedor y doliente del film, sustentado en la carga emocional de unos personajes desvali-dos por significativas escenas que trasladan en imágenes toda la angustia y desesperación vividas.

  No cabe duda de que "El secreto de Vera Drake" constituye un volunta-rioso acercamiento a la problemá-tica del aborto, que refleja los conflictos que sacuden a las muje-res que se ven empujadas a tomar esta difícil decisión —también de aquellas otras que lo encaran con aparente frivolidad—, sin dejar pasar por alto la oportunidad para criticar el afán de lucro y la falta de escrúpulos de algunos personajes que convierten este trance en un negocio — repre-sentados por figuras como la de Lily, esa cínica intermediaria que pone en contacto a las jóvenes con Vera, exigiéndoles un dinero del que ésta no tiene la más mínima noticia—, denunciando, asimismo, la doble moral de una sociedad con rescoldos victorianos que censura y penaliza el aborto siempre en prejuicio de los menos privilegia-dos. Quizás en este último punto se encuentre la aportación más personal de Leigh a la temática, al plantearnos la cuestión abortista desde una perspectiva de la lucha de clases, confrontando el caso de esas muchachas acomodadas que podían abortar cómodamen-te y sin riesgos para su salud, previo desembolso de dinero y paso por la consulta de un psiquiatra que les seguía el cuento, con esas otras menos afortunadas, obligadas a hacerlo desde la clandestini-dad y poniéndose en manos de mujeres como Vera Drake, que lo hacían como mejor sabían, pero con peligrosas limitaciones.

  Apuntalado por un sólido guión que se alimenta de contras-tes y oposiciones, conjugando de manera brillante los dife-rentes puntos de vista y asuntos, ajustado en los detalles y diálogos que construyen personajes y situaciones, y con un desarrollo dinámico exento de altibajos, Leigh plantea su relato desde una mirada directa, transparente y sencilla, car-gada de humanidad, que va exponiendo las circunstancias sin emitir juicios, dejando que sea el espectador el que ex-traiga sus propias valoraciones morales. Es cierto que el di-rector británico no parte con absoluta imparcialidad  al tratar esta historia. No pasa desapercibido el hecho de que juega con cierta trampa al apoyarse en el virtuosismo irreprochable de una mujer bondadosa, ingenua e íntegra que se desvive por ayudar a los de-más, difícilmente generalizable, llevando a la caricatura aquellos personajes, como Lily o la cuñada, a los que reprueba, y acentuan-do el contraste entre clases sociales —son aquellos más pudien-tes o con mejores expectativas de futuro los que ostentan los ras-gos más negativos, ya sea en el clima emocional de los hogares o en su manera de proceder—. Tampoco que busca en todo momen-to implicar sentimentalmente al espectador, abocándolo a efectis-tas secuencias, aunque no por ello menos contundentes, como la de su detención mientras la familia se encuentra celebrando el en-lace de la hija con ese muchacho acogido, precisamente después de que la cuñada haya anunciado su embarazo.  No obstante, no se puede acusar a "El secreto de Vera Drake" de caer en el panfle-to. La imagen que ofrece de la policía y el juez, compasiva y sensi-ble dentro de las obligaciones inherentes a su cargo, está comple-tamente alejada del maniqueísmo, y tampoco carga tintas en el menoscabo social consecuente. Leigh se mantiene en una oportu-na equidistancia entre la causa pro-abortista y anti-abortista, sin ahondar en argumentos ni abrir un debate explícito, limitando su denuncia contra unas leyes que agravan la injusticia social en per-juicio de los que cuentan con menos recursos, y arrojando, en úl-tima instancia, una mirada comprensiva sobre el el universo feme-nino —"¿Qué sabrán los hombres?", se lamenta una de las vecinas a las que atiende Vera, mientras yace enferma en la cama sin po-der acudir al trabajo, anticipándose a los reproches que le tocará escuchar—.

  Pero, como ya advertía, el aborto no monopoliza la atención de una pelícu-la que está tanto o más interesada en componer una estampa familiar y so-meter su estabilidad a un dramático derrumbe. Una vez que Leigh ha esta-blecido su certero estudio de persona-lidades, la crisis sirve como detonante de un abanico de reacciones que se dividen entre la falta de entendimiento de los hombres —pese a contar con el apoyo incondicional de su marido, éste reconoce que les ha fallado— y la comprensión de las mujeres, sien-do su futuro yerno, agradecido por to-das las bondades que Vera ha aportado a su anodina vida, y su cu-ñada, abiertamente disgustada ante la idea de que la relacionen con una asesina, las notas discordantes en cada grupo. Más allá de los conflictos morales, sociales y psicológicos derivados del aborto, de las penurias económicas o de las diferencias entre cla-ses, "El secreto de Vera Drake" nos sume en el dolor de unos per-sonajes desconcertados y hundidos, de una familia que tras recibir un duro golpe, el más duro, si cabe, que podían imaginar, queda rota y lo pierde todo: la guía y la ilusión para vivir. Una voluntad que queda recogida en el descorazonador plano final, válido resumen de toda la cinta: una vez más, Leigh reúne a los cuatro miembros alre-dedor de la cena, pero ahora cabizbajos y en silencio ante la elo-cuente ausencia de la madre.

  Claro ejemplo de un realismo social que nos retrotrae a ese paisa-je urbano de clases trabajadoras en una Inglaterra que, como seña-lan algunos diálogos, todavía presenta las heridas de una guerra reciente, "El secreto de Vera Drake" destaca sobre todo por la autenticidad que desprende como retazo de vida, envolvien-do a un espectador que deja de ser simple testigo de las cuitas de los protagonistas para verse incluido en la palpable cotidianeidad de la ficción como verdadero partícipe. A esta espléndida labor de recreación no sólo contribuye la minuciosa puesta en escena de Leigh o la magnífica dirección de un reparto entregado al máximo, sino también la lograda ambientación que aportan la aclimatadora fotografía de Dick Pope —luminosa y abierta en las casas ricas, opresiva y oscura en las pobres—, el efectivo trabajo de los departamentos de vestuario y estilismo, y un soberbio diseño de producción, a cargo de Eve Stewart, con unos decorados que, más que reproducir con fidelidad, parecen arranca-dos de cualquier hogar proletario por su verismo: son estancias ha-bitadas y objetos usados, que revelan el poso paulatino del tiempo y de la presencia humana.

  Merecidamente propuesta para el Oscar® —también merecida ganadora de haberlo sido— Imelda Staunton sobrecoge con una incontestable interpretación que arroja credibilidad y estima por un personaje que se convierte en sus manos en la auténtica alma de la película. A su lado, un elenco juiciosamente equilibrado de acto-res que han interiorizado la idiosincrasia de los personajes hasta alcanzar un admirable nivel de veracidad, entre los que se cuentan los veteranos rostros de Phil Davis, Richard Graham, Peter Wight, Ruth Sheen, Heather Craney o un fugaz Jim Broadbent como juez, o los más jóvenes de Daniel Mays, Alex Kelly y Eddie Marsan.

  No es, en definitiva, "El secreto de Vera Drake" la tentativa defini-tiva sobre el aborto, ni creo que lo pretendiera. Por encima de su polémica superficie o de su discurso social clasista, nos queda una profunda y genuina muestra de pura vida que habla del valor de la familia y sirve, de paso, como estimable homenaje a la figura de la madre.

Calificación:


Imágenes de "El secreto de Vera Drake" - Copyright © 2004 Les Films Alain Sarde, Studio Canal, The Inside Track y Thin Man Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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