CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Retrato
roto de familia pobre-pero-feliz
Vaya por delante una sonora reprimenda a los responsables de
promocionar esta película con un póster que, debajo del título
perti-nente, exhibe el engañoso lema "Madre. Esposa. Asesina",
tradu-cido con absoluta fidelidad del original en inglés ("Wife.
Mother. Cri-minal"). Al margen de que como eslogan es de
un burdo y un faci-lón que espanta, ese "Asesina" final no sólo no se ajusta al
mensa-je del film, que no pretende criminalizar a su protagonista,
sino que confundirá al espectador poco informado que espere
encontrarse con un manifiesto categóricamente antiabortista, o
en el mejor de los casos con una negra comedia criminal similar
a "Los asesina-tos de mamá" de John Waters. Entiendo que
los publicistas pre-tendan provocar el interés del público, pero
no que lo engañen ven-diéndoles algo que se posiciona en las
antípodas de su producto: decepcionará a los que esperaban ver
cumplidas sus expectativas y alejará a los contrarios, sin
alcanzar nunca a su target potencial.
El nombre de Mike Leigh
ha sido tradicionalmente asociado al de sus compatriotas Stephen
Frears y Ken Loach como máximos representantes de un cine
británico con claras inquie-tudes de crítica y denuncia social.
Sin embargo, mientras que Frears ha go-zado de una mayor
repercusión debi-do a sus incursiones en la gran indus-tria, y Loach se ha ganado la atención por una filmografía más airada y
políti-camente combativa, Leigh, quizás más sutil pero igual de
competente, si no más interesante, sólo ha alcanza-do un moderado
reconocimiento públi-co, incluso tras haber visto recompensados
algunos de sus últimos proyectos con todo tipo de premios
internacionales que incluyen varias nominaciones al Oscar®. Con largometrajes destacados en su haber como
"Grandes ambiciones", "La vida es dulce", "Indefen-so", "Secretos y
mentiras" y "Todo
o nada", este director y drama-turgo se ha
consolidado como un dotado observador de las
mise-rias humanas que surgen en los entornos desfavorecidos,
haciendo hincapié en la dinámica de las relaciones
interpersonales señala-das por el desarraigo, la desorientación y la desesperanza, y
más en concreto en la desintegración de los núcleos familiares.
Habla-mos de un cine que entiende la vida como una ardua tarea
que exi-ge una constante
batalla anímica contra las penurias, en el que el individuo se ve
inexorablemente marcado por las heridas pasadas y la falta de
expectativas derivadas de su condición social, y donde la
familia, reunida alrededor de la figura materna, como motor y
co-lumna vertebral de todos los miembros, se perfila como el
único asidero o punto de apoyo, caldo de cultivo de desafectos y
fraca-sos futuros cuando falla. Son constantes en la obra de Mike
Leigh que se vuelven a dar cita, si acaso no se acrecientan, en
su último trabajo, "El secreto de Vera Drake". Por eso, aunque
el presente film haya
sido anunciado como una película sobre el aborto, esta cuestión
sirve en realidad como excusa para dirimir los más profun-dos intereses que
siempre han mediado en la filmografía de este veterano autor,
y que no son otros que ofrecer un vívido testimonio de las miserias y alegrías
que sacuden a las familias proletarias urbanas. Nos encontramos,
pues, delante de un drama humano que se propone componer un
cuadro familiar sujeto a una trágica debacle y donde el fresco
social cobra especial rele-vancia.
"El secreto de Vera Drake" nos traslada al Londres de la década
de los 50 para presentarnos a esta modélica madre, esposa,
em-pleada y convecina de clase trabajadora que secretamente
practica abortos a las muchachas con pocos medios que se han
quedado embarazadas fuera del matrimonio, ya sea fruto de sus
novios, de una relación pasajera o de una violación, o a
aquellas madres de proles tan humildes como numerosas que no
pueden asumir los costes que les supondría un nuevo hijo.
Asistimos, gracias a la ma-gistral interpretación
de
Imelda Staunton, al convincente retrato de una mujer paradigmáticamente
buena y honesta, de ánimo ge-neroso, positivo y afable, que se
entrega al cuidado de los suyos y de todos aquellos necesitados,
y que a pesar de la estrechez eco-nómica, se siente agradecida
por contar con una familia como la suya. Entre su trabajo en
la fábrica de bombillas, su empleo como mujer de la limpieza y
sus quehaceres domésticos, Vera Drake sa-ca tiempo para ocuparse
de su anciana madre, hacerse cargo del vecino incapacitado o
enfermo, o acoger al muchacho solitario, sin perder nunca la
sonrisa, y de ese mismo modo desinteresado e inocente, como un
acto más de solidaridad, también
"ayuda a jóve-nes con problemas", como ella se encargará de
repetir eludiendo en todo momento la palabra "aborto".
En esa primera parte, Leigh
nos su-merge en el deambular cotidiano de la protagonista con
la misma naturalidad con la que ella canturrea mientras despacha
sus labores, y con idéntica naturalidad nos descubre, como
una más, esa
faceta controvertida de su existencia para subrayar el carácter
de normalidad que le otorga Vera Dra-ke. Pero también nos
introduce en el entrañable clima
que preside a esta familia pobre-pero-feliz, afectuosa y honrada, siempre
congregados en tor-no a la mesa como símbolo de su unión, en la que
Vera ejerce como verdadero sostén, preparándonos para comprender
el alcance de lo que llegará después. Leigh traza con económica
precisión un catálogo de caracteres reconocibles por
todos, desde el espo-so comprensivo del que sigue enamorada tras
décadas de matrimo-nio, a la hija poco agraciada o al jovial hijo
mayor que se labra su propio futuro como sastre, sin olvidar tampoco a ese cuñado,
mejor situado, al que crió como una
madre cuando perdió a la suya, o a la cuñada con ínfulas de nueva rica, que se siente al margen
de su naturaleza sencilla y resignada, y critica a Vera por ser una
meto-mentodo, perfilándose como contrapunto del grupo.
Pero a pesar
de las
buenas intenciones que mueven a esta mujer, su método de la
jeringa con agua y jabón no goza de las medidas higiénicas más
apropiadas, ni sus beneficiarias pueden permitirse la
supervisión médica correspondiente. Así, cuando su ejercicio traiga
nefastas consecuencias para una de ellas, "el secreto de Ve-ra Drake" saldrá a la luz y la policía se le echará encima. Es
enton-ces cuando la película abandona su tono amable y nos
precipita en el calvario que atraviesa la
protagonista durante los interrogatorios, así como en la
perplejidad y desgracia que azotan a una familia que se
desmorona ante la caída de su piedra angular. Vera ha deja-do de sonreír y sólo llora,
consciente de que sus actos son puni-bles por ley y cuentan con
el rechazo de la sociedad, y por tanto avergonzada y temerosa
por la forma en que aquello afectará a los suyos, pero incapaz
de asumir el carácter criminal que se imputa a su "ayuda". Es este tramo final el más conmovedor y doliente del
film, sustentado en la carga emocional de unos personajes
desvali-dos por significativas escenas que trasladan en imágenes toda la angustia y
desesperación vividas.
No cabe
duda de que "El secreto de Vera Drake" constituye un volunta-rioso
acercamiento a la problemá-tica del aborto, que refleja los
conflictos que sacuden a las muje-res que se
ven empujadas a tomar esta difícil decisión —también de aquellas
otras que lo encaran con aparente frivolidad—, sin dejar pasar por
alto la oportunidad para criticar el afán de lucro y la falta de
escrúpulos de algunos personajes que convierten este trance en
un negocio — repre-sentados por figuras como
la de Lily, esa cínica intermediaria que pone en contacto a las jóvenes
con Vera, exigiéndoles un dinero del que ésta no tiene la más
mínima noticia—, denunciando, asimismo, la doble moral de una sociedad
con rescoldos victorianos que censura
y penaliza el aborto siempre en prejuicio de los menos
privilegia-dos. Quizás en este último punto se encuentre la
aportación más personal de Leigh a la temática, al plantearnos la cuestión
abortista desde una perspectiva de la lucha de clases,
confrontando el caso de esas muchachas
acomodadas que podían abortar cómodamen-te y sin riesgos para su
salud, previo desembolso de dinero y paso por la consulta de un
psiquiatra que les seguía el cuento, con esas otras menos afortunadas, obligadas a
hacerlo desde la clandestini-dad y poniéndose en manos de mujeres
como Vera Drake, que lo hacían como mejor sabían, pero con
peligrosas limitaciones.
Apuntalado por un sólido guión que se alimenta de
contras-tes y oposiciones, conjugando de manera brillante los
dife-rentes puntos de vista y asuntos, ajustado en los
detalles y diálogos que construyen personajes y situaciones, y con un desarrollo dinámico exento de altibajos, Leigh
plantea su relato desde una mirada directa, transparente y sencilla,
car-gada de humanidad, que va exponiendo las circunstancias sin
emitir juicios, dejando que sea el espectador el que ex-traiga
sus propias valoraciones morales. Es cierto que el di-rector
británico no parte con absoluta imparcialidad al tratar
esta historia. No pasa desapercibido el hecho de que juega con cierta trampa al apoyarse en el virtuosismo irreprochable de una
mujer bondadosa, ingenua e íntegra que se desvive por ayudar a
los de-más, difícilmente generalizable, llevando a la caricatura
aquellos personajes, como Lily o la cuñada, a los que reprueba,
y acentuan-do el contraste entre clases sociales —son aquellos
más pudien-tes o con mejores expectativas de futuro los que ostentan los ras-gos más negativos, ya sea
en el clima emocional de los hogares o en su manera de
proceder—. Tampoco que busca en todo momen-to implicar
sentimentalmente al espectador, abocándolo a efectis-tas secuencias, aunque no
por ello menos contundentes, como la
de su detención mientras la familia se encuentra celebrando el en-lace de
la hija con ese
muchacho acogido, precisamente después de que la cuñada haya anunciado
su embarazo. No obstante, no se puede acusar a
"El secreto de Vera Drake" de caer en el panfle-to. La imagen que
ofrece de la policía y el juez, compasiva y sensi-ble dentro de
las obligaciones inherentes a su cargo, está comple-tamente
alejada del maniqueísmo, y tampoco carga tintas en el menoscabo
social consecuente. Leigh se mantiene en una oportu-na
equidistancia entre la causa pro-abortista y anti-abortista, sin
ahondar en argumentos ni abrir un debate explícito, limitando su
denuncia contra unas leyes que agravan la injusticia social en
per-juicio de los que cuentan con menos recursos, y arrojando, en
úl-tima instancia, una mirada comprensiva sobre el el universo
feme-nino —"¿Qué sabrán los hombres?", se lamenta una de las
vecinas a las que atiende Vera, mientras yace enferma en la cama
sin po-der acudir al trabajo, anticipándose a los reproches que
le tocará escuchar—.
Pero, como ya advertía, el aborto no monopoliza la
atención de una
pelícu-la que está tanto o más interesada en componer una estampa
familiar y so-meter su estabilidad a un
dramático derrumbe. Una vez que Leigh ha esta-blecido su certero
estudio de persona-lidades, la crisis sirve como detonante de un
abanico de reacciones que se dividen entre la falta de
entendimiento de los hombres —pese a contar con el apoyo
incondicional de su marido, éste reconoce que les ha fallado— y
la comprensión de las mujeres, sien-do su futuro yerno,
agradecido por to-das las bondades que Vera ha aportado a su
anodina vida, y su cu-ñada, abiertamente disgustada ante la idea
de que la relacionen con una asesina, las notas discordantes en
cada grupo. Más allá de los conflictos morales, sociales y
psicológicos
derivados del aborto, de las penurias económicas o de las diferencias
entre cla-ses, "El secreto de Vera Drake" nos sume en el dolor de unos per-sonajes
desconcertados y hundidos, de una familia que tras recibir un duro golpe, el más duro, si
cabe, que podían imaginar, queda rota y lo pierde todo: la guía y la ilusión
para vivir. Una voluntad que queda
recogida en el descorazonador plano final, válido resumen de
toda la
cinta: una vez más, Leigh reúne a los cuatro miembros alre-dedor
de la cena, pero ahora
cabizbajos y en silencio ante la elo-cuente ausencia de
la madre.
Claro
ejemplo de un realismo social que nos retrotrae a ese paisa-je
urbano de clases trabajadoras en una Inglaterra que, como
seña-lan algunos diálogos, todavía
presenta las heridas de una guerra reciente, "El secreto de Vera Drake"
destaca sobre todo por la autenticidad que desprende como
retazo de vida, envolvien-do a un espectador que deja de ser
simple testigo de las cuitas de los protagonistas para
verse incluido en la palpable cotidianeidad de la ficción como
verdadero partícipe. A esta espléndida labor de recreación no
sólo contribuye la minuciosa puesta en escena de Leigh o la
magnífica dirección de un reparto entregado al máximo, sino también la
lograda ambientación que aportan la aclimatadora fotografía de
Dick Pope —luminosa y
abierta en las casas ricas, opresiva y oscura en las pobres—, el
efectivo trabajo de los departamentos de vestuario y
estilismo, y un soberbio diseño de
producción, a cargo de Eve Stewart,
con unos decorados que, más que reproducir con fidelidad,
parecen arranca-dos de cualquier hogar proletario por su verismo:
son estancias ha-bitadas y objetos usados, que revelan el poso
paulatino del tiempo y de la presencia humana.
Merecidamente propuesta para el Oscar® —también merecida
ganadora de haberlo sido— Imelda Staunton
sobrecoge con una incontestable interpretación que arroja
credibilidad y estima por un personaje que se convierte en sus
manos en la auténtica alma de la película. A su lado, un elenco
juiciosamente equilibrado de acto-res que han interiorizado la
idiosincrasia de los personajes hasta alcanzar un admirable
nivel de veracidad, entre los que se cuentan los veteranos
rostros de
Phil Davis,
Richard Graham,
Peter Wight,
Ruth Sheen,
Heather Craney o
un fugaz
Jim Broadbent
como juez, o los más jóvenes de
Daniel Mays,
Alex Kelly
y Eddie
Marsan.
No es, en
definitiva, "El
secreto de Vera Drake" la tentativa defini-tiva sobre el aborto,
ni creo que lo pretendiera. Por encima de su polémica superficie
o de su discurso social clasista, nos queda una profunda y genuina
muestra de pura vida que habla del valor de la familia y sirve,
de paso, como estimable homenaje
a la figura de la madre.
Calificación:
    
Imágenes
de "El secreto de Vera Drake" - Copyright © 2004 Les
Films Alain Sarde, Studio Canal, The Inside Track y
Thin Man Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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