53ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

CRÓNICA DEL MARTES 11
Por Diego Vázquez                                                                                  

Día 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 de Febrero de 2003

Patrice Chéreau se redime con “Son frère”

Imagen de "Son frère"  A pesar de haber arrasado con su anterior film, “Intimidad”, que de hecho se llevó el Oso de Oro en este festival hace dos años, Patrice Chéreau es uno de esos directores franceses a temer. Ya aquel trabajo era una sucesión irritante de mo-mentos de “calité” destinados a las mentes más sesudas, adornado eso sí con el ridículo escánda-lo de poseer una felación real en pantalla, que ni era para tanto ni perturbó a nadie. Pero la suerte nos ha sonreído en esta Berli-nale y con su último film, Chéreau nos regala la que seguramente sea su me-jor película hasta la fecha, su obra más sincera, dolorosa y menos aparente. Cierto que el director de la bastarda “La Reina Margot” comete algún desliz en los primeros pasajes del film, siempre al borde de caer una vez más en lo pre-tencioso y altivo, en la poesía barata. Pero la cinta avanza con aplomo gracias a la fuerte relación que se establece en pantalla entre ese hombre enfermo, con la muerte llamando a su puerta, y su hermano con quien tantas cosas tiene que arreglar. No es la única visión de la muerte cercana que hemos podido ver en esta edición, pues ayer mismo Coixet nos contaba una historia parecida con menos solemnidad y también menos gravedad, lo que no evita que este trabajo de Chéreau se acerque más a la realidad de una situación tan difícil co-mo esa. La película va ganando en intensidad según avanza su metraje, poseí-da por la fuerza del gesto que despliega Chérau, que le permite ofrecernos una de las mejores secuencias de todo el festival, cuando las enfermeras han de afeitar el cuerpo del enfermo, lentamente, como en un ritual, antes de la opera-ción. También la canción que marca los últimos compases de Son frè-re (con la marca inconfundible de Angelo Badalamenti), es de las que se clavan en los oídos. Una buena forma, en definitiva, de reconciliarse con este director.

Imagen de "Ja zuster, nee zuster"  Con la película que nadie se podrá reconci-liar (y que volvió a mostrar uno de los ejerci-cios favoritos de todo festival: la espantada en masa) es con Ja zuster, nee zuster" (Yes nurse, no nurse), un film holandés inspirado en una serie de televisión que tuvo un importante im-pacto de público en ese país durante los años 60, pero de la cual se perdieron las cintas originales, por lo que alguien debió pensar que la nostalgia vende y decidió recuperar este delirio kitsch y filogay, primero en forma de obra de teatro y luego en forma de teatro filmado. La propuesta es de las que exigen agallas al espectador, no sólo estamos ante un musical (género delicado como pocos), sino que además se trata de uno repleto de canciones que aquella se-rie hizo populares en Holanda (marcianas para el resto de la humanidad), con una historia de episodio de telecomedia de 30 minutos (de hecho el set donde transcurre la acción recuerda a “Farmacia de guardia”) alargada a casi dos ho-ras y con unas interpretaciones histriónicas y guiñolescas. Durante su primera media hora se sigue con interés, pero pronto se transforma en una sucesión de canciones sin argumento, más propias de un music-hall que de una película. A pesar de beber de Jacques Demy, de “Cantando bajo la lluvia” y de “La tienda de los horrores” y de poder emparentarse en intenciones con la estupenda “8 mujeres”, poco se puede salvar en este film, quedando como una cinta para nostálgicos holandeses o freakies del musical más kitsch.

Imagen de "Lichter"  El último título de la jornada correspondió a una nueva aportación del país anfitrión, que esta vez, al contrario de lo sucedido con “Good Bye, Le-nin!”, dejó una palpable sensación a materia des-perdiciada. No es que Lichter" (Distant lights) de Hans-Christian Schmid sea un film totalmen-te desdeñable, de hecho tanto por la historia que cuenta como por la estructura que decide otorgar su director al relato para contarla, podríamos considerarlo como un triunfador. Además cuenta con un reparto solvente, no demasiado destacable en ninguna de las interpretaciones, pero bien encajado en todos los papeles. Este aspecto es muy importante en el caso que nos ocupa, pues estamos ante uno más de esa rica tradición de los films corales, en este caso con la regla de que todas las historias sucedan dentro de Alemania y en un plazo de 48 horas. A pesar de que el resultado no es malo, se esperaba mucho más de este retrato de las miserias de la vida y de la gente que lucha tozudamente hasta las últimas con-secuencias para superarlas. Al film le falta una mano tras la cámara ca-paz de sacarlo de su literalidad y hermetismo, algo más de brío y algún recorte en su guión, donde el tiempo se dilata en todas las historias más de lo debido, provocando así que los momentos realmente importantes se pierdan entre la paja que los envuelve. Sin ser excelente, fue una manera aceptable de cerrar un día en el que la presencia de Patrice Chéreau, en carne y hueso y desde la pantalla, arrasó con todo lo demás.



© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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