53ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

CRÓNICA DEL JUEVES 6
Por Mateo Sancho Cardiel                                                                      

Día 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 de Febrero de 2003

“Chicago", o cómo el musical insiste en revitalizarse, aterriza con todo el equipo en la gélida Berlinale

Catherine Zeta-Jones en "Chicago"  Un año más, la Postdamer Platz, apoteosis de la modernidad y de la tecnología arquitectónica, se convierte en el ojo de este huracán llamado Berlinale en el que se conjugan con más o menos acierto las tendencias más oscarizables del cine norteamericano con lo más reclamado por los cír-culos intelectuales alternativos. La ciudad, teñida con la nieve que homogeneiza la visión desde el avión, es tan bonita estéticamente como heladora a efectos prácticos: es febrero en Berlín y, frente a estas temperaturas, lo más socorrido fue montar un importante festival de ci-ne que, con el calor de sus estrellas y el refugio de la sala de proyección, nos hiciese olvidar que las fuentes se han solidificado y que el viento nos corta la cara. La primera encargada de ponernos a tono ha sido uno de los grandes ate-rrizajes de la artillería made in USA: Chicago.

  Así, comenzamos con las temperaturas altas en la primera proyección que, con la licencia del fuera de concurso, ha buscado el brillo de tres astros de la Meca del Cine: Richard Gere, Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones, que han hecho parada en la capital alemana para presentar y abrir fuego con esta publicitada y multipremiada puesta de largo de un género que quiere resucitar a toda costa: el musical. Tres Globos de Oro que han creado firmes expectativas para los Oscar y grandes resultados de taquilla allá donde se ha estrenado son dos puntos imprescindibles de un currículo que se ha completado con una calurosa acogida, ovación incluida para algunos de sus brillantes números musicales, en el ambiente premeditadamente intelectual pe-ro finalmente concesivo del Berlinale Palast.

Renée Zellweger en "Chicago"  Por ello, pese a sus tretas algo convencionales para agarrar a la audiencia y su notoria banalidad, “Chicago” fue recibida con regocijo y sin comple-jos por el público, a pesar de esa sensación de que, tras las expectativas levantadas, la crítica no ha sabido contestar los errores existentes en la producción. Sea como fuere, lo cierto es que la asistencia de todo el equipo de la película ha levantado pasiones en una rueda de prensa que, por el contenido de las preguntas y la unanimidad de los conferen-ciantes a la hora de hablar de la película como “una experiencia vital maravillosa”, fue descafeinada y carente de interés más allá de los ki-los de fama por metro cuadrado allí presentes. A la vista del trío estelar, su presencia humana acredita lo que ya hace sospechar la gran pantalla: ese término tan indefinible como el magnetismo del que es dueña más que nadie Catherine Zeta-Jones traspasa las cámaras y, espléndidamente embarazada, deja en neutral e insípida presencia a una Renée Zellweger de comportamiento casi adolescente. “No hubo ningún tipo de rivalidad, adoro a esta chica, y estoy harta de que cuando dos mujeres trabajen juntas se dé por supuesto que se van a pelear”, dijo la primera de la segunda, y de comentarios tan poco intere-santes como éste se nutrió el resto de la conferencia de prensa.

Richard Gere y Renée Zellweger en "Chicago"  Hubo una ineludible pregunta acerca de los Oscar y, como suele responderse en estos ca-sos, todo el mundo afirmó sentirse ya premia-do con su participación en este proyecto que “nos transmitió la sensación durante todo el roda-je de que juntos estábamos haciendo algo mági-co, algo especial”, como comentó el director, Rob Marshall. Él era, sin embargo, el único que trans-mitía autenticidad en sus declaraciones de debu-tante entusiasta y, en realidad, el principal artífice del éxito de esta película, por su profesionalidad y su conocimiento del musi-cal. Trató, por el contrario, de desencasillarse en tal género afirmando que “no existe una gran diferencia entre rodar un musical y un drama, puesto que en esta película, los números se enriquecen con la historia y los números forman parte de la trama”. Elogiado hasta el rubor por sus actores, Marshall habló de su procendencia de Brodway y transparenta en su trabajo sus orígenes y la influencia de Bob Fosse, creador original de “Chicago” para los escenarios, y a propósito de ello afirmó que “hay muchos éxitos de los escenarios que han fra-casado en el cine, porque lo fundamental en una adaptación cinematográfica es el tener una historia que contar”. Así, casi inconscientemente, nos dio la gran clave de por qué “Chicago” no es la obra decisiva que aspira ser. Eso y el error de casting de un Richard Gere que tan flojo estuvo en la película como en sus insípidas intervenciones, que sólo confirmaron su condi-ción de galán otoñal con alarmante recurrencia a las reminiscencias místicas para salir del paso. Con esta desigual y por momentos desmitifi-cadora baza de glamour y estrellato, la Berlinale arranca, entonces, hacia uno de los programas más sugestivos en años que, esperemos, consiga mantener e incluso subir el nivel más que aceptable de este musical con sabor a clásico que es “Chicago”.



© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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