53ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

CRÓNICA DEL DOMINGO 9
Por Mateo Sancho Cardiel                                                                      

Día 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 de Febrero de 2003

Domingo de intensidades y simpatías folclóricas: “The hours” recoge el aplauso unánime y “Good Bye, Lenin!” enorgullece al país anfitrión

  Uno de los platos fuertes aterrizó a primera hora de la mañana en el Berlinale Palast en una jornada de domingo que, por su carácter festivo, hizo que fuera de asistencia masiva. La presentación de la gran favorita para arrasar en los Oscar y la asistencia de su espectacular protagonista caldearon el ambiente para dejar satisfechas todas las exigencias: desde la curiosidad marujil de ver a Nicole Kidman al natural al orgasmo cinematográfico generalizado tras la proyección de su película: The hours.

Nicole Kidman en "The hours"  No sabemos si tras perder el Oscar contra Halle Berry, ganadora el año pasado del Oso de Plata en este festival, Kidman ha decidido contraatacar y presentar su potentísima interpretación a con-curso para hacer méritos y que este año sea el que coloque en su vitrina al eunuco dorado, y lo cierto es que su trabajo, a pesar de los escasos minutos en la pantalla, tiene una inusitada pre-sencia. En cualquier caso, “The hours” no puede omitirse en la próxima lectura del palmarés. La opinión de la crítica ha sido unánime y también suena con fuerza un premio para todo el equipo de actrices, magnífico, que incluye ade-más a Meryl Streep, Julianne Moore, Toni Collette y Claire Danes. La profundidad de su guión, así como la brillantez de su realización podrían ser igualmente destacados por el jurado presidido por Atom Egoyam, pero con lo que nos quedamos de momento es con la satisfacción de haber vuelto a recibir en la Berlinale una dosis de cine puro.

  El entusiasmo de los periodistas, sin embargo, no se ha traducido en pregun-tas acertadas, sino más bien todo lo contrario. Espigada, imponente, con un vestido granate amplio y con unas sutiles gafas, Nicole Kidman mostró su cara más picante y desenfadada y trató en vano de dinamizar una rueda de prensa que versó insistentemente sobre la preparación de su personaje de la ator-mentada escritora Virginia Woolf. La actriz hizo interesantes reflexiones so-bre el contraste entre su lucidez intelectual y su desequilibrio emocional e hizo un llamamiento a la fuente de inmensa sabiduría que es la literatura. En el polo opuesto, Ed Harris, taciturno y por momentos desagradable, no aportó nada a la conferencia. Por su parte, Stephen Daldry habló de la tarea de adaptar un libro, de las diferencias necesarias entre dos formatos tan diferentes como el cine y la literatura y, una vez más, evitó con los clichés habituales las referen-cias a los Oscar.

Imagen de "Madame Brouette"  Tras concluir la rueda de prensa, entre la nube de fotógrafos, los periodistas tuvimos que comen-zar la estampida para llegar a la proyección que ya se había solapado con la rueda de prensa. Fi-nalmente, sin perder ningún minuto, comenzó Madame Brouette, una coproducción entre Francia y Senegal. La combinación que dio un resultado tan magnífico con “Little Senegal” se quedó en esta ocasión en un retrato curioso e intrascendente de la idiosin-crasia senegalesa, condimentado con malos tratos y feminismo un poco tras-nochado. Simpática y colorista, la película fue una especie de bocadillo del re-creo entre las dos grandes películas de hoy y trajo a Berlín a parte de su equi-po totalmente ataviado con vestimenta autóctona, a pesar de las temperaturas nada tropicales que nos están acompañando durante este festival.

  En frenética concatenación, a las dos y media se proyectó la última película a concurso del día, un cocktail tan inusitado como cine alemán con calidad fue posible gracias a la buena mano de Wolfgang Becker (“La vida en obras”) en una chispeante y vitalista cinta titulada Good Bye, Lenin!. La inteligencia de saber transmitir un mensaje complejo a través de la sencillez, la ligereza y el sentido del humor sano son cualidades que se aprecian en una película y, sobre todo, en el contexto de un festival de cine, donde las intelectualidades de gran esfuerzo mental dejan el cerebro agotado. Con loable eficacia y abrién-dose paso con facilidad en el umbral de recepción del espectador, “Good Bye, Lenin!” es una amable y conseguidísima fábula que se vale de su audacia para dar una lección de historia.

Imagen de "Good bye, Lenin!"  Parte de la ingeniosa premisa argumental de una mujer que entra en coma en los ocho meses clave para la reunifiación alemana y juega a re-construir con simpatía los acontecimientos para evitar un shock en la enferma. La farsa que cons-truye su hijo para no dar un disgusto a su corazón profundamente socialista, tratará de suavizar el radical proceso de occidentalización del Este de Berlín. Con mucho contenido localista, pero con una globalidad totalmente uni-versal y por momentos didáctica, la película está llena de ternura, de socarro-nería, de buenas intenciones y de contenido político. Crítica a la vez que cari-ñosa con ambas partes, nos dejó un buenísimo sabor de boca, la sensación en el paladar a la que aspiramos cuando venimos a un festival que se encuentra entre los cuatro más grandes del mundo. Es “Good Bye, Lenin!”, en definitiva, una película unificadora de todas las cualidades que hacen de la sección a concurso un mosaico culturalmente rico y cinematográficamente placentero.



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