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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
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14 | 15 | 16 de Febrero de 2003
Domingo de
intensidades y simpatías folclóricas: “The hours” recoge el aplauso
unánime y “Good Bye, Lenin!” enorgullece al país anfitrión
Uno de los platos
fuertes aterrizó a primera hora de la mañana en el Berlinale Palast en
una jornada de domingo que, por su carácter festivo, hizo que fuera de
asistencia masiva. La presentación de la gran favorita para arrasar en
los Oscar y la asistencia de su espectacular protagonista caldearon el
ambiente para dejar satisfechas todas las exigencias: desde la
curiosidad marujil de ver a Nicole Kidman
al natural al orgasmo cinematográfico generalizado tras la proyección de
su película: “The
hours”.
No sabemos si tras perder el Oscar contra Halle Berry, ganadora
el año pasado del Oso de Plata en este festival, Kidman ha decidido
contraatacar y presentar su potentísima interpretación a con-curso para
hacer méritos y que este año sea el que coloque en su vitrina al eunuco
dorado, y lo cierto es que su trabajo, a pesar de los escasos minutos en
la pantalla, tiene una inusitada pre-sencia. En cualquier caso,
“The hours”
no puede omitirse en la
próxima lectura del palmarés. La opinión de la crítica ha sido unánime y
también suena con fuerza un premio para todo el equipo de actrices,
magnífico, que incluye ade-más a Meryl
Streep, Julianne Moore,
Toni Collette y
Claire Danes. La
profundidad de su guión, así como la brillantez de su realización
podrían ser igualmente destacados por el jurado presidido por Atom
Egoyam, pero con lo que nos quedamos de momento es con la satisfacción
de haber vuelto a recibir en la Berlinale una dosis de cine puro.
El entusiasmo de los
periodistas, sin embargo, no se ha traducido en pregun-tas acertadas,
sino más bien todo lo contrario. Espigada, imponente, con un vestido
granate amplio y con unas sutiles gafas, Nicole Kidman mostró su cara
más picante y desenfadada y trató en vano de dinamizar una rueda de
prensa que versó insistentemente sobre la preparación de su personaje de
la ator-mentada escritora Virginia Woolf.
La actriz hizo interesantes reflexiones so-bre el contraste entre su
lucidez intelectual y su desequilibrio emocional e hizo un llamamiento a
la fuente de inmensa sabiduría que es la literatura. En el polo opuesto,
Ed Harris, taciturno y por
momentos desagradable, no aportó nada a la conferencia. Por su parte,
Stephen Daldry
habló de la tarea de adaptar un libro, de las diferencias
necesarias entre dos formatos tan diferentes como el cine y la
literatura y, una vez más, evitó con los clichés habituales las
referen-cias a los Oscar.
Tras concluir la rueda de prensa, entre la nube de fotógrafos,
los periodistas tuvimos que comen-zar la estampida para llegar a la
proyección que ya se había solapado con la rueda de prensa. Fi-nalmente,
sin perder ningún minuto, comenzó “Madame
Brouette”, una coproducción entre Francia y Senegal. La
combinación que dio un resultado tan magnífico con “Little
Senegal” se quedó en esta ocasión en un retrato curioso e
intrascendente de la idiosin-crasia senegalesa, condimentado con malos
tratos y feminismo un poco tras-nochado. Simpática y colorista, la
película fue una especie de bocadillo del re-creo entre las dos grandes
películas de hoy y trajo a Berlín a parte de su equi-po totalmente
ataviado con vestimenta autóctona, a pesar de las temperaturas nada
tropicales que nos están acompañando durante este festival.
En frenética concatenación, a
las dos y media se proyectó la última película a concurso del día, un
cocktail tan inusitado como cine alemán con calidad fue posible gracias
a la buena mano de Wolfgang Becker
(“La vida en obras”) en una chispeante y vitalista cinta titulada
“Good
Bye, Lenin!”.
La inteligencia de saber transmitir un mensaje complejo a través
de la sencillez, la ligereza y el sentido del humor sano son cualidades
que se aprecian en una película y, sobre todo, en el contexto de un
festival de cine, donde las intelectualidades de gran esfuerzo mental
dejan el cerebro agotado. Con loable eficacia y abrién-dose paso con
facilidad en el umbral de recepción del espectador, “Good Bye, Lenin!”
es una amable y conseguidísima fábula que se vale de su audacia para dar
una lección de historia.
Parte de la ingeniosa premisa argumental de una mujer que entra
en coma en los ocho meses clave para la reunifiación alemana y juega a
re-construir con simpatía los acontecimientos para evitar un shock en la
enferma. La farsa que cons-truye su hijo para no dar un disgusto a su
corazón profundamente socialista, tratará de suavizar el radical proceso
de occidentalización del Este de Berlín.
Con mucho contenido localista, pero con una globalidad totalmente
uni-versal y por momentos didáctica, la película está llena de ternura,
de socarro-nería, de buenas intenciones y de contenido político. Crítica
a la vez que cari-ñosa con ambas partes, nos dejó un buenísimo sabor de
boca, la sensación en el paladar a la que aspiramos cuando venimos a un
festival que se encuentra entre los cuatro más grandes del mundo. Es
“Good Bye, Lenin!”, en definitiva, una película unificadora de todas las
cualidades que hacen de la sección a concurso un mosaico culturalmente
rico y cinematográficamente placentero.
© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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Todos los derechos reservados.
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