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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
EL LADRÓN DE ORQUÍDEAS
(Adaptation)
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Dirección: Spike
Jonze.
País: USA.
Año: 2002.
Duración: 114 min.
Interpretación: Nicolas
Cage (Charlie Kaufman / Donald Kaufman), Meryl
Streep (Susan Orlean / Madre de Orlean), Chris
Cooper (John Laroche), Tilda Swinton (Valerie), Cara Seymour (Amelia),
Rheagan Wallace (Kim Canetti), Jane
Adams (Margaret), John Cusack, Agnes Baddoo, Paul Fortune,
Paul Jasmin.
Guión: Charlie kaufman y
Donald Kaufman; basado en una obra de
Susan Orlean.
Producción: Jonathan
Demme, Vincent Landay y Edward Saxon.
Música: Carter
Burwell.
Fotografía: Lance Acord.
Montaje: Eric
Zumbrunnen.
Diseño de producción: K. K.
Barrett.
Dirección artística: Peter
Andrus.
Vestuario: Casey
Storm y Ann Roth. |
CRÍTICA
por
Mariano Malanga
Buenos Aires, Argentina
¿Están seguros de
que me he adaptado?
Desde hace un
tiempo no tan largo, parte importante de la producción cine-matográfica,
sobre todo norteamericana, se ha visto llamativa y particularmente
fascinada por cuestionar las complejas, enigmáticas y siempre
inquietantes re-laciones que se dan entre: discurso y metadiscurso,
referencia y autorreferen-cia, realidad y ficción. “El ladrón de
orquídeas”, de Spike Jonze, puede
ser pensado como un film de ácido humor y lenguaje un tanto efectista
que, con un guión intrincado, atractivo, cambiante y muy ingenioso,
se enrola voluntariamente en esta tendencia.
Al igual que sus
predecesoras (entre las cuales, por supuesto, está “Cómo ser John
Malkovich”, escrita y dirigida por los mismos autores), esta película se
propone alcanzar sus objetivos desde un evidente espanto a la “aburrida
inte-lectualidad”. De más está decir que este presunto concepto, tanto
en el cine como en otros ámbitos de la vida, puede ser largamente
discutido. Sin embar-go, de lo que no hay dudas, es de que estos
realizadores nunca pierden de vis-ta los parámetros de
“cine-espectáculo-entretenimiento-impacto” que siempre han caracterizado
a Hollywood. Aunque más no sea, como ocurre en este ca-so, para
apropiarse de ellos de manera personal.
Charlie es un inteligente guionista de cuarenta años con una autoestima
muy baja y una timidez que linda con el ridículo. En este sentido, la
ino-perancia con las mujeres, la calvicie más que in-cipiente y el leve
exceso de peso, se ofrecen co-mo argumentos óptimos para justificar sus
com-plejos. Recientemente, ha tenido un gran éxito con su “Cómo ser John
Malkovich” y esto le ha dado cierta notoriedad que, por supuesto, no es
suficiente para cambiar la imagen que tiene de sí mismo ni la actitud
que lo caracteriza. Así están las cosas cuando obtiene un nuevo y muy
seductor tra-bajo: adaptar el libro “El ladrón de orquídeas”. El desafío
es grande ya que él, desde sus anhelos artísticos y desde la carencia de
estructura clásica que pre-senta el libro, pretende hacerlo eludiendo
las rígidas reglas que aseguran un guión exitoso. Este objetivo, más el
eterno y simbólico de conquistar a alguna mujer, determinarán su arduo y
angustiante recorrido. Mezclándose decisiva y permanentemente con esta
historia, aparecerán: su hermano gemelo (alter-ego de él y devenido
guionista a lo largo del relato) y la pareja protagonista del texto
original (un ladrón furtivo de orquideas y la reportera que lo
entrevistó).
Si bien queda
clara la adhesión a esa válida tendencia antes mencionada (máxime si
tenemos en cuenta que Charlie Kaufman,
guionista de la película, se ubica como personaje principal y se
“inventa” un gemelo), el nivel de rique-za, con relación a ella, es
dudoso. En la primera parte, seducen los recursos del planteo y atrapa
la no explícita esencialidad de los cuestionamientos. So-bre todo, por
el humor que potencia ambos aspectos. Sin embargo, a medida que la
narración avanza, se sienten algunos síntomas de incipiente
abu-rrimiento y hasta cierto sabor amargo. Empieza a parecer que
todo se trata de un “juego astuto” al que sólo le importa la
problemática para coquetear con ella y demostrar, así, las virtudes de
su propia confección.
Ahora, dicha
problemática entre realidad y ficción (por enunciarla muy
sintéti-camente) se entrelaza, en este film, con otro tipo de preguntas
directamente relacionadas con el título y cuyo tratamiento es quizá más
profundo. Adaptar-se, adaptarse al “medio”... ¿es deseable o repudiable?
¿Hay existencia evitán-dolo? ¿Es posible decidirlo? Y lo más importante
¿hay alguna otra alternativa más allá de adaptarse o no? Tanto el
personaje principal en su vida, como el guión que está escribiendo,
generan angustia porque buscan desesperadamen-te esa otra alternativa.
Escrito y escritor signados por el mismo conflicto. Un conflicto que se
simboliza, con mayor obviedad, en el hecho de que
Nicolas Cage interprete a ambos
hermanos: Donald tiene el “grado de adaptación” que quisiera tener
Charlie, pero una nulidad intelectual que lo aterra.
Esta película no es una gran genialidad y, muy probablemente, no llegue
a lo sublime. Sin embar-go, es holgadamente digna de ser vista. Sobre
to-do porque, más allá de lo dicho hasta ahora, po-see un último
elemento más que interesante. Ocurre que, llegando al final de la
proyección, el espectador puede percibir que todo el relato fíl-mico, en
el desenvolvimiento de su propia estruc-tura como obra, es absolutamente
consecuente con aquellos interrogantes que lo motivaron. También ÉL (el
propio film) cons-truye una fantasía idílica donde puede ser “original”
sin apelar a recursos tri-llados pero, finalmente, termina aceptando con
todo cinismo y lucidez la reali-dad inexorable de su proceso de
“adaptación”. Personalmente tengo que reco-nocer que el cinismo no es
santo de mi devoción y, además, siento que está emparentado con ese mero
“juego astuto” del que hablara antes. Sin embargo, la sutileza
audiovisual con la que aquí se trabaja ese cinismo le aporta volu-men,
permite interpelarlo y, por eso, merece ser destacada.
Imágenes de "El ladrón de orquídeas" - Copyright © 2002 Columbia
Pictures, Intermedia Films y Magnet / Clínica Estético. Distribuidora en
España: Columbia TriStar. Fotos por Ben Kaller. Todos los derechos reservados.
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© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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