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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
GANGS OF NEW YORK
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Dirección: Martin
Scorsese.
Países: USA, Reino Unido, Alemania, Italia y
Holanda.
Año: 2002.
Duración: 160 min.
Interpretación: Leonardo
DiCaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis
(Bill 'El Carnicero'), Cameron Diaz (Jenny Everdeane), Jim
Broadbent (Tweed), John C. Reilly (Jack), Liam
Neeson ('Cura' Vallon), Henry Thomas (Johnny
Sirocco), Brendan Gleeson (Monk), Gary Lewis
(McGloin), Stephen Graham (Shang).
Guión: Jay
Cocks, Steven Zaillian y Kenneth Lonergan; basado
en un argumento de Jay Cocks.
Producción: Martin
Scorsese, Alberto Grimaldi y Harvey Weinstein.
Música: Peter
Gabriel.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma
Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante
Ferretti.
Dirección artística: Robert
Guerra y Stefano Maria Ortolani.
Vestuario: Sandy
Powell.
Estreno en USA: 20 Diciembre 2002.
Estreno en España:
28 Febrero 2003. |
CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Otra lección de
cine del tío Marty
Muchos son los llamados, pocos los elegidos.
Martin Scorsese pertenece a ese reducido grupo de maestros
del cine moderno que continúan con vida y además se mantienen en activo.
Su incon-testable talento puesto al servicio del séptimo arte ha dado
origen a un granado racimo de títulos ejemplares, deleite para el
espectador, objeto de estudio en las escuelas de audiovisuales,
destina-dos a convertirse en clásicos en el mismo mo-mento de su
estreno. "Taxi Driver", "Toro salvaje" o "Uno de los nuestros" son sólo
una pequeña, aunque representativa, muestra del legado con el que esta
leyenda andante nos ha obsequiado a lo largo de las últimas décadas. Su
inestimable contribución al mundo del cine encuentra, en gran medida,
continuación en "Gangs of New York", otra lección magistral del tío
Marty, en la que, sin embargo, puede percibirse una ligera
descompensa-ción entre cuerpo y espíritu, entre forma y fondo, tal vez
porque la hondura emocional de la historia parece no encontrarse del
todo a la singular altura de su impecable técnica y su valor artístico.
En cualquier caso, y dadas sus excelencias, es-ta producción titánica
no sólo ratifica las ca-pacidades ilimitadas del Scorsese director, sino
que además recupera, con impresionan-tes resultados, esa esencia
esplendorosa de un cine que es capaz de conjugar espectácu-lo con
calidad, autoría con comercialidad, de un cine que supera sus
posibilidades como sim-ple cuentacuentos para erigirse en un colosal
mo-numento a sí mismo. Scorse rodó esta película en la mítica Cinecittà
y rehuyó usar efectos digitales, con la excepción de de-terminadas
imágenes imposibles de reproducir por otros medios; no fue gra-tuito,
pues "Gangs of New York" nos remite a la grandeza de las
superpro-ducciones pretéritas y se puede percibir la nostalgia de un
cine majestuoso pe-ro artesano. Tampoco es casual que el cineasta
encontrara en Sergei Eisens-tein ("El acorazado Potemkin", "Octubre")
inspiración para esta obra, de igual forma que otro de los pioneros del
lenguaje fílmico, David Wark Griffith ("El na-cimiento de una nación")
resuena entre los referentes.
Scorsese vuelve a acercarse una vez más al mundo violento de las
bandas, a la jungla de Nueva York, pero en esta ocasión lo hace desde un
marco espacio-temporal y un punto de vista muy diferentes. "Gangs of
New York", drama épico de gigantescas proporciones, retrata, como si de
un mastodóntico fresco en movimiento se tratara, los convulsos orígenes
de la ciudad de Nueva York, en un tiempo de ebullición política y
social. Nos trasladamos hasta mediados del siglo XIX, época en la que
miles de irlandeses, empujados por la hambruna, de-sembarcaban en la
ciudad atraídos por ese sueño americano que muy pronto se tornaba
pesadilla. Rechazados por los llamados "nativos" –claro está, los
verdaderos nativos ya habían sido borrados del mapa por estos otros–,
que veían en los recién llegados una amenaza para su sistema de vida,
los inmi-grantes irlandeses estaban condenados a subsistir como podían,
ya fuera en-frentándose a ellos o sirviéndoles. Y en medio de este rico
y febril mosaico de odios y pasiones, de miseria y corrupción, de luchas
sanguinarias entre los dos grupos y de revueltas de la población como
consecuencia del recluta-miento de soldados para la Guerra Civil, es
donde cobra relieve una tragedia con ecos shakespearianos –venganza,
amistad, amor, relaciones paterno-filiales y traición– que tiene en las
figuras de Amsterdam Vallon (Leonardo DiCaprio)
y Bill El Carnicero (Daniel Day-Lewis) a
sus princi-pales protagonistas.
Se ha dicho que esta trama carece de origina-lidad, que cuenta algo ya
visto con anterioridad... Hay temas eternos, igual que el de la
inmigración y la guerra, tan antiguos como la humanidad, tan de
actualidad también en nuestros días. No obs-tante, nos encontramos ante
unos personajes tan bien apuntalados sobre el guión, y desarrollados por
el reparto con tal distinción, que cualquier atisbo de déjà vu queda
eclipsado. Si DiCaprio co-mo Amsterdam Vallon realiza una de las mejores
–si no directamente la mejor– interpretaciones que ha logrado hasta la
fecha, con una madurez y una convicción sorprendentes, la palma se la
lleva Da-niel Day-Lewis en el papel de Bill El Carnicero. Es éste uno de
esos vi-llanos carismáticos, repleto de luces y sombras, llamados a no
prescri-bir nunca en la memoria. Un personaje imponente, emblemático,
que un soberbio Day-Lewis asume hasta la médula. Su presencia es tan
magnética y arrolladora que deseamos que la cámara no le pierda de vista
en ningún mo-mento. El elenco que los secunda es igualmente una delicia;
desde esa entregada Cameron Diaz
–qué lástima que pierda el tiempo en memeces co-mo "La
cosa más dulce" o "Los Ángeles de Charlie"–, hasta un rotundo
Gary Lewis, sin olvidar, bajo pena
de caer en la injusticia, a Jim Broadbent,
Bren-dan Gleeson o
John C. Reilly; todos y cada uno de
ellos –además de los no citados– constituyen un maravilloso recital.
Con Scorsese al timón –conoce el barco, co-noce las aguas, conoce a su
tripulación–, nada escapa a su control, todo responde a su completo
dominio de la situación. Su pericia en la planifica-ción y composición
de las distintas secuencias, su habilidad para narrar, su virtuosismo
con los resortes e intenciones del lenguaje cinematográfi-co, encuentran
en el montaje, a cargo de Thelma Schoonmaker
(Oscar por "Toro salvaje") su me-jor aliado. De esta manera, "Gangs of
New York" resulta un deslumbrante desfile de imágenes de gran belleza y
plasticidad, con un inusitado poder de evocación. Pero para que todo
este circo cobrara vida, para que la orgía de colores, sonidos y olores
estallara en todas sus dimensio-nes, ha sido fundamental la minuciosa
labor del diseño de producción, en manos de Dante
Ferretti, a la que se vienen a sumar el resto de par-celas, ya
sea en el vestuario y el maquillaje como en los decorados, o en
todos aquellos profesionales que de una manera u otra han contribuido a
esta rigurosa y detallista recreación. La fotografía de
Michael Ballhaus –otro habitual en el
equipo de Scorsese– es otro de los lujos del film. En muchos momento
cuasi pictórica, atraviesa una amplia paleta cromática de atractiva
textura, comenzando por los gélidos blancos de las calles cubiertas de
una nieve manchada por la sangre o los tonos tierras del western,
pasando por los vermellones del teatro-burdel chino, y terminando en el
baño ámbar del interior de la iglesia o ese fabuloso tenebrismo para los
nocturnos o las catacumbas, iluminados tan sólo por fuegos o velas, en
un estilo muy rembrandtiano.
"Gangs of New York" es como una de esas enormes locomotoras de vapor, de
férrea presen-cia, mecánica precisión y espectacular avance. Puede que
le cueste arrancar, pero una vez que entra en calor y toma velocidad, se
convierte en una mole imparable y vertiginosa. Al final de la
proyección, el espectador colmado, exhausto an-te semejante vorágine, se
recupera del huracán tomando aliento mientras ve circular los títulos de
crédito, y se siente colapsado, como víctima del síndrome de Florencia:
demasiado en tan poco tiempo –incluso los más de 160 minutos de
duración parecen escasos para dar cabida a tantas emo-ciones, idas y
venidas, héroes, gestas, luchas y malvados...–.
Afortunadamente,
no se trata de una película patriótica. Scorsese no es com-placiente.
Los orígenes que aquí se nos muestran tienen poco de gloriosos. No
obstante, a menudo, el hecho de enseñar las heridas de un país o de una
ciu-dad, puede suponer el mejor tributo que se le haga a una Nueva York
todavía consternada por los atentados del 11 de septiembre: recordarles
que en el pa-sado fueron capaces de sobreponerse y edificar a partir del
desastre. Otra cosa es que los propios norteamericanos sepan entenderlo
y no prefieran, como pa-rece ser que es el caso, los cantos patrioteros
dedicados a los venerables hombres que encumbraron las barras y las
estrellas a un lugar de honor.
En definitiva,
tenemos entre manos un cine superlativo, un cine con ma-yúsculas.
Tal vez no se trate de uno de los mejores trabajos de Scorsese –es
difícil cuando se debe decidir cuál es el mejor entre los mejores–, pero
"Gangs of New York" apunta alto, tan alto como ambiciona. Se trataba de
un proyecto que llevaba gestándose durante treinta años, que se vio
entorpecido por un ro-sario de obstáculos a lo largo de los distintos
episodios de su creación, y que incluso así destila grandeza y buen
hacer.
Calificación: 9.5
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Imágenes de "Gangs of New York" - Copyright © 2002 Miramax Films.
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© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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