53ª Berlinale


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"Gangs de Nueva
York. Bandas y
bandidos en
la Gran Manzana
(1800 - 1925)"

Herbert Asbury

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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

GANGS OF NEW YORK
Dirección: Martin Scorsese.
Países:
USA, Reino Unido, Alemania, Italia y Holanda.
Año: 2002.
Duración: 160 min.
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis (Bill 'El Carnicero'), Cameron Diaz (Jenny Everdeane), Jim Broadbent (Tweed), John C. Reilly (Jack), Liam Neeson ('Cura' Vallon), Henry Thomas (Johnny Sirocco), Brendan Gleeson (Monk), Gary Lewis (McGloin), Stephen Graham (Shang).
Guión: Jay Cocks, Steven Zaillian y Kenneth Lonergan; basado en un argumento de Jay Cocks.
Producción: Martin Scorsese, Alberto Grimaldi y Harvey Weinstein.
Música: Peter Gabriel.
Fotografía:
Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Dirección artística: Robert Guerra y Stefano Maria Ortolani.
Vestuario: Sandy Powell.
Estreno en USA: 20 Diciembre 2002.
Estreno en España:
28 Febrero 2003.

CRÍTICA por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

Otra lección de cine del tío Marty

  Muchos son los llamados, pocos los elegidos. Martin Scorsese pertenece a ese reducido grupo de maestros del cine moderno que continúan con vida y además se mantienen en activo. Su incon-testable talento puesto al servicio del séptimo arte ha dado origen a un granado racimo de títulos ejemplares, deleite para el espectador, objeto de estudio en las escuelas de audiovisuales, destina-dos a convertirse en clásicos en el mismo mo-mento de su estreno. "Taxi Driver", "Toro salvaje" o "Uno de los nuestros" son sólo una pequeña, aunque representativa, muestra del legado con el que esta leyenda andante nos ha obsequiado a lo largo de las últimas décadas. Su inestimable contribución al mundo del cine encuentra, en gran medida, continuación en "Gangs of New York", otra lección magistral del tío Marty, en la que, sin embargo, puede percibirse una ligera descompensa-ción entre cuerpo y espíritu, entre forma y fondo, tal vez porque la hondura emocional de la historia parece no encontrarse del todo a la singular altura de su impecable técnica y su valor artístico.

  En cualquier caso, y dadas sus excelencias, es-ta producción titánica no sólo ratifica las ca-pacidades ilimitadas del Scorsese director, sino que además recupera, con impresionan-tes resultados, esa esencia esplendorosa de un cine que es capaz de conjugar espectácu-lo con calidad, autoría con comercialidad, de un cine que supera sus posibilidades como sim-ple cuentacuentos para erigirse en un colosal mo-numento a sí mismo. Scorse rodó esta película en la mítica Cinecittà y rehuyó usar efectos digitales, con la excepción de de-terminadas imágenes imposibles de reproducir por otros medios; no fue gra-tuito, pues "Gangs of New York" nos remite a la grandeza de las superpro-ducciones pretéritas y se puede percibir la nostalgia de un cine majestuoso pe-ro artesano. Tampoco es casual que el cineasta encontrara en Sergei Eisens-tein ("El acorazado Potemkin", "Octubre") inspiración para esta obra, de igual forma que otro de los pioneros del lenguaje fílmico, David Wark Griffith ("El na-cimiento de una nación") resuena entre los referentes.

  Scorsese vuelve a acercarse una vez más al mundo violento de las bandas, a la jungla de Nueva York, pero en esta ocasión lo hace desde un marco espacio-temporal y un punto de vista muy diferentes. "Gangs of New York", drama épico de gigantescas proporciones, retrata, como si de un mastodóntico fresco en movimiento se tratara, los convulsos orígenes de la ciudad de Nueva York, en un tiempo de ebullición política y social. Nos trasladamos hasta mediados del siglo XIX, época en la que miles de irlandeses, empujados por la hambruna, de-sembarcaban en la ciudad atraídos por ese sueño americano que muy pronto se tornaba pesadilla. Rechazados por los llamados "nativos" –claro está, los verdaderos nativos ya habían sido borrados del mapa por estos otros–, que veían en los recién llegados una amenaza para su sistema de vida, los inmi-grantes irlandeses estaban condenados a subsistir como podían, ya fuera en-frentándose a ellos o sirviéndoles. Y en medio de este rico y febril mosaico de odios y pasiones, de miseria y corrupción, de luchas sanguinarias entre los dos grupos y de revueltas de la población como consecuencia del recluta-miento de soldados para la Guerra Civil, es donde cobra relieve una tragedia con ecos shakespearianos –venganza, amistad, amor, relaciones paterno-filiales y traición– que tiene en las figuras de Amsterdam Vallon (Leonardo DiCaprio) y Bill El Carnicero (Daniel Day-Lewis) a sus princi-pales protagonistas.

  Se ha dicho que esta trama carece de origina-lidad, que cuenta algo ya visto con anterioridad... Hay temas eternos, igual que el de la inmigración y la guerra, tan antiguos como la humanidad, tan de actualidad también en nuestros días. No obs-tante, nos encontramos ante unos personajes tan bien apuntalados sobre el guión, y desarrollados por el reparto con tal distinción, que cualquier atisbo de déjà vu queda eclipsado. Si DiCaprio co-mo Amsterdam Vallon realiza una de las mejores –si no directamente la mejor– interpretaciones que ha logrado hasta la fecha, con una madurez y una convicción sorprendentes, la palma se la lleva Da-niel Day-Lewis en el papel de Bill El Carnicero. Es éste uno de esos vi-llanos carismáticos, repleto de luces y sombras, llamados a no prescri-bir nunca en la memoria. Un personaje imponente, emblemático, que un soberbio Day-Lewis asume hasta la médula. Su presencia es tan magnética y arrolladora que deseamos que la cámara no le pierda de vista en ningún mo-mento. El elenco que los secunda es igualmente una delicia; desde esa entregada Cameron Diaz –qué lástima que pierda el tiempo en memeces co-mo "La cosa más dulce" o "Los Ángeles de Charlie"–, hasta un rotundo Gary Lewis, sin olvidar, bajo pena de caer en la injusticia, a Jim Broadbent, Bren-dan Gleeson o John C. Reilly; todos y cada uno de ellos –además de los no citados– constituyen un maravilloso recital.

  Con Scorsese al timón –conoce el barco, co-noce las aguas, conoce a su tripulación–, nada escapa a su control, todo responde a su completo dominio de la situación. Su pericia en la planifica-ción y composición de las distintas secuencias, su habilidad para narrar, su virtuosismo con los resortes e intenciones del lenguaje cinematográfi-co, encuentran en el montaje, a cargo de Thelma Schoonmaker (Oscar por "Toro salvaje") su me-jor aliado. De esta manera, "Gangs of New York" resulta un deslumbrante desfile de imágenes de gran belleza y plasticidad, con un inusitado poder de evocación. Pero para que todo este circo cobrara vida, para que la orgía de colores, sonidos y olores estallara en todas sus dimensio-nes, ha sido fundamental la minuciosa labor del diseño de producción, en manos de Dante Ferretti, a la que se vienen a sumar el resto de par-celas, ya sea en el vestuario y el maquillaje como en los decorados, o en todos aquellos profesionales que de una manera u otra han contribuido a esta rigurosa y detallista recreación. La fotografía de Michael Ballhaus –otro habitual en el equipo de Scorsese– es otro de los lujos del film. En muchos momento cuasi pictórica, atraviesa una amplia paleta cromática de atractiva textura, comenzando por los gélidos blancos de las calles cubiertas de una nieve manchada por la sangre o los tonos tierras del western, pasando por los vermellones del teatro-burdel chino, y terminando en el baño ámbar del interior de la iglesia o ese fabuloso tenebrismo para los nocturnos o las catacumbas, iluminados tan sólo por fuegos o velas, en un estilo muy rembrandtiano.

  "Gangs of New York" es como una de esas enormes locomotoras de vapor, de férrea presen-cia, mecánica precisión y espectacular avance. Puede que le cueste arrancar, pero una vez que entra en calor y toma velocidad, se convierte en una mole imparable y vertiginosa. Al final de la proyección, el espectador colmado, exhausto an-te semejante vorágine, se recupera del huracán tomando aliento mientras ve circular los títulos de crédito, y se siente colapsado, como víctima del síndrome de Florencia: demasiado en tan poco tiempo –incluso los más de 160 minutos de duración parecen escasos para dar cabida a tantas emo-ciones, idas y venidas, héroes, gestas, luchas y malvados...–.

  Afortunadamente, no se trata de una película patriótica. Scorsese no es com-placiente. Los orígenes que aquí se nos muestran tienen poco de gloriosos. No obstante, a menudo, el hecho de enseñar las heridas de un país o de una ciu-dad, puede suponer el mejor tributo que se le haga a una Nueva York todavía consternada por los atentados del 11 de septiembre: recordarles que en el pa-sado fueron capaces de sobreponerse y edificar a partir del desastre. Otra cosa es que los propios norteamericanos sepan entenderlo y no prefieran, como pa-rece ser que es el caso, los cantos patrioteros dedicados a los venerables hombres que encumbraron las barras y las estrellas a un lugar de honor.

  En definitiva, tenemos entre manos un cine superlativo, un cine con ma-yúsculas. Tal vez no se trate de uno de los mejores trabajos de Scorsese –es difícil cuando se debe decidir cuál es el mejor entre los mejores–, pero "Gangs of New York" apunta alto, tan alto como ambiciona. Se trataba de un proyecto que llevaba gestándose durante treinta años, que se vio entorpecido por un ro-sario de obstáculos a lo largo de los distintos episodios de su creación, y que incluso así destila grandeza y buen hacer.

Calificación: 9.5

Canal #Cine


Imágenes de "Gangs of New York" - Copyright © 2002 Miramax Films. Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.

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