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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
GANGS OF NEW YORK
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Dirección: Martin
Scorsese.
País: USA.
Año: 2002.
Duración: 166 min.
Interpretación: Leonardo
DiCaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis
(Bill 'El Carnicero'), Cameron Diaz (Jenny Everdeane), Jim
Broadbent (Tweed), John C. Reilly (Jack), Liam
Neeson ('Sacerdote' Vallon), Henry Thomas (Johnny
Sirocco), Brendan Gleeson (Monk), Gary Lewis
(McGloin), Stephen Graham (Shang).
Guión: Jay
Cocks, Steven Zaillian y Kenneth Lonergan; basado
en un argumento de Jay Cocks.
Producción: Alberto Grimaldi y Harvey Weinstein.
Música: Howard Shorel.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma
Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante
Ferretti.
Dirección artística: Robert
Guerra y Stefano Maria Ortolani.
Vestuario: Sandy
Powell.
Estreno en USA: 20 Diciembre 2002.
Estreno en España:
28 Febrero 2003. |
CRÍTICA
por
Diego Vázquez
¿Demasiado o
demasiado poco?
Ésa probablemente sea la pregunta que cual-quier espectador avezado se
haga al terminar la epopeya de casi tres horas a la que
Martin Scor-sese
ha entregado 10 años de su vida. La grandi-locuencia de este “Gangs of
New York”, el deseo evidente y presente en cada fotograma de hacer de
este film algo muy grande, enorme, probable-mente la obra magna de la
carrera de su autor y un intento de sintetizar y redondear todas sus
ob-sesiones en una sola cinta, acaba supeditando cualquier atisbo de
crítica o comentario a valorar estos aspectos por encima de otros.
Ésta pretende ser la obra maestra de su autor y de
manera con-cluyente y esquemática sólo se puede afirmar que no lo es.
Ahora bien, eso no significa que no sea una buena película extremista,
magnífica en sus aciertos y ridícula en sus errores.
El film cuenta la formación de la
ciudad que su autor ama, Nueva York (Scor-sese es el trovador del lado
oscuro de la gran manzana por excelencia), a tra-vés de las manos que la
construyeron (parafraseando la canción de
U2
que cie-rra el film) y de la sangre derramada en sus calles por las
mareas de inmigran-tes (principalmente irlandeses) que vivieron,
lucharon, amaron y murieron en un tiempo (segunda mitad del siglo XIX)
tan sanguinario como fascinante. En un momento en el que se puso a
prueba la democracia hasta sus últimos extre-mos y del que luego esta
ciudad y este país saldrían fortalecidos y comenza-rían a crear un
espacio para vivir en el siglo XX, aunque como parecen indica-rnos las
imágenes finales de este film, en el fondo nada haya cambiado
real-mente.
El que las ciudades se construyen con sangre, injusticias y sufrimientos
es una realidad tan uni-versal como lo es la propia naturaleza humana,
por eso, aunque Scorsese hable de Nueva York, la vieja Europa se puede
ver perfectamente retra-tada. Esa construcción de la ciudad, ese retrato
y recreación de una época y de un lugar, esas san-guinarias batallas
que, a excepción del espanto fílmico de la primera (montada a plano por
segun-do como si de un ejercicio de principiante se tra-tara), condensan
la energía y la garra del mejor Scorsese (una constante desde su primer
film) y esa excepcional creación de Bill “el
carnice-ro” (encarnado de manera portentosa e inigualable por un
Daniel Day-Lewis que se convierte en la
principal punta de lanza del film)
y de su ascenso y caída con aromas
Shakesperianos, son los grandes valores de esta cinta. Sus triunfos
plenos y absolutos. Pero frente a ellos se sitúan también otros puntos
de interés con los que Scorsese quiere acabar de construir su epopeya
abarcadora de la totalidad de las visiones posibles, que en vez de
llevar a que el film logre esa comunión perfecta entre lo concreto y lo
abstracto, el intimismo y la majestuosidad (a la manera de los grandes
films sobre perio-dos cercanos en los que se mira, como son
principalmente la saga de “El Pa-drino” o “Érase una vez en América”),
consiguen que la balanza se desequilibre y que la sensación de relleno
sea mayor que la de trabajo compacto.
Podría pensarse que a la cinta habría que am-putarle toda la historia de
venganza con connota-ciones freudianas que encarna el personaje de
Leonardo DiCaprio
frente al de Day-Lewis y aún más la historia de amor fuera de tono que
vive és-te con Cameron Díaz
o las traiciones y rencillas con su propio grupo de amigos (ahí también
inter-viene el tópico y predecible personaje que inter-preta
Henry Thomas),
tanto porque ni éstas con-siguen encajar plenamente con la historia
principal, ni tampoco tienen su fir-meza y potencia de narración (a lo
que no ayudan las encorsetadas interpreta-ciones de la joven y
glamourosa pareja protagonista). No es casualidad que és-tas sean las
principales aportaciones de los guionistas al libro de Herbert As-bury
en que se basa principalmente el film. Otra manera de verlo vendría por
imaginar que la larga cantidad de metraje amputada al film como
resultado de la batalla entre productor y director que se vivió en el
largo proceso de postpro-ducción (en realidad presente desde el primer
momento), contuviera las claves y la implicación que le faltan a estas
secciones para que terminen de formar un todo colosal y enorme como se
pretende. Habrá que esperar a una posible edición
extendida futura, para comprobar qué es lo que se extiende y si Scorsese
tenía la película clara en su cabeza y se la robaron, o
desgra-ciadamente se equivocó y puso el énfasis en los lugares en que no
de-bía.
Calificación: 7.5
Imágenes de "Gangs of New York" - Copyright © 2002 Miramax Films.
Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.
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© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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