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.[Especial 53ª
Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
GANGS OF NEW YORK
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Dirección: Martin
Scorsese.
Países: USA, Reino Unido, Alemania, Italia y
Holanda.
Año: 2002.
Duración: 160 min.
Interpretación: Leonardo
DiCaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis
(Bill 'El Carnicero'), Cameron Diaz (Jenny Everdeane), Jim
Broadbent (Tweed), John C. Reilly (Jack), Liam
Neeson ('Cura' Vallon), Henry Thomas (Johnny
Sirocco), Brendan Gleeson (Monk), Gary Lewis
(McGloin), Stephen Graham (Shang).
Guión: Jay
Cocks, Steven Zaillian y Kenneth Lonergan; basado
en un argumento de Jay Cocks.
Producción: Martin
Scorsese, Alberto Grimaldi y Harvey Weinstein.
Música: Peter
Gabriel.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma
Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante
Ferretti.
Dirección artística: Robert
Guerra y Stefano Maria Ortolani.
Vestuario: Sandy
Powell.
Título en Argentina: Pandillas de Nueva York. |
CRÍTICA
por
Leandro Marques
Buenos Aires, Argentina
Jugar con el caos
Sólo de una cosa puede uno estar seguro luego de las maratónicas casi
tres horas de "Pandillas de Nueva York": el filme de
Martín Scorsese presenta un despliegue
visual y narrativo arrollador y sumamente atrapante. Probable-mente,
al finalizar la película costará un leve es-fuerzo reincorporarse al
mundo exterior y asimilar al mismo tiempo todo el bagaje de información
y sensaciones que desbordaba de la pantalla minu-tos antes. Este
comentario no se propone hacer las veces de guía esclarece-dora ni mucho
menos. Tal vez sólo sirva para sumar un poco más de caos a lo visto.
Intentar entender a veces está de más.
"Pandillas de
Nueva York" es la película que trata de contar y mostrar los turbulentos
acontecimientos que derivaron en la conformación de la principal
democracia del mundo. Por cierto nada limpios o democráticos. Por cierto
po-cas veces contados por el cine estadounidense. Allí por mediados del
siglo XIX, cuando Nueva York era la sede central de hospedaje de
numerosas bandas mafiosas que buscaban el control de la ciudad a través
de la violencia y la corrupción, las calles servían de escenarios
cotidianos para los enfrentamien-tos a muerte por el poder absoluto.
Principalmente lo disputaban los que se hacían llamar nativos
protestantes y los irlandeses católicos, autodenominados “conejos
muertos”, dispuestos a dejar correr tanta sangre como fuera necesaria
para alcanzar sus objetivos.
Scorsese, respaldado por una extenso presu-puesto, realiza un monumental
despliegue visual que le permite graficar con nitidez la densidad del
ambiente que caracterizaba aquellos tiempos. Ca-si no hay detalle que se
le escape, desde los ves-tuarios, pasando por la textura y el tinte
opaco de la imagen, hasta la excelente ambientación, to-dos los
recursos estructurales de la cinta so-bresalen por su perfección. A eso
hay que agregarle el delicado talento del director pa-ra registrar
con su cámara cualquier mínima gestualidad de los cuerpos, el más
pequeño estremecimiento de un rostro, la carga de sentido invisible que
porta una mirada. Scorsese toma una historia cargada de complejidad
histórica, teñi-da de política, corrupción, ética, romance, valores
morales, honor, hombría; y resuelve el asunto de la manera más
complicada: la hace cuerpo. Como pocos directores podrían hacerlo.
Porque frente a las dificultades que plantea la tra-ma, él se dedica a
bombardear al espectador con imágenes que siempre, por una razón u otra,
son crudas y contundentes. Las hay de todo tipo: batallas co-losales,
sangrientas, y también más sutiles, más pequeñas, tan bien filmadas, y
al mismo tiempo contadas con tan intenso ritmo narrativo, que es
imposible no dejarse llevar por ellas y sumergirse en el complejo caos
que transmiten.
Es muy interesante también el tratamiento de los personajes
principales de la historia. Tanto el interpretado por el fabuloso
Daniel Day-Lewis, líder del grupo
mafioso de los nativos, que se hace dueño de Five Points, el suburbio
neoyor-kino donde se desarrolla la acción, como el en-carnado por
Leonardo DiCaprio, hijo del asesi-nado
líder del bando enemigo, son presentados sin intención de condicionar el
juicio de valor del espectador. Ninguno representa al Bien o al Mal,
ambos tienen valores que defender, razones que justifican de alguna
forma su pensamiento y su accionar en el mundo. Eso los lleva a ocupar
un lugar que los opone. Quizás sea por el modo en que son presentados al
espectador que más que obligarlo a elegir un favorito, a encontrar un
héroe, le sugiere tratar de entenderlos, de interpretarlos. Ese juego,
el de los personajes, al que hay que sumarle el de
Cameron Díaz, en un rol algo más secundario, es uno de los
tantos que ofrece la película.
De eso se trata tal vez la cinta, de juegos que se suceden uno tras otro
y todos también al mis-mo tiempo. Un cineasta sobresaliente, actores
de primerísimo nivel, una superproducción que garantiza el impacto
visual, una historia subdividida en varias historias que se
entre-mezclan, se diversifican, se vuelven a fusio-nar. Demasiadas
alternativas para una sola pelí-cula, demasiados juegos en los que
entrar, explo-rar, salir y volver a entrar. Ésa es la propuesta de
"Pandillas de Nueva York". El caos de la abundancia, de los extremos,
del des-control. Todo está ahí en la pantalla, servido, listo para ser
tomado. El camino a seguir sólo depende del espectador.
Calificación:
    
Imágenes de "Gangs of New York" - Copyright © 2002 Miramax Films.
Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.
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© 2003 LaButaca.net - Revista de Cine.
Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
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