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Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
LAS HORAS
(The hours)
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Dirección: Stephen
Daldry.
País: USA.
Año: 2002.
Duración: 114 min.
Interpretación: Meryl
Streep (Clarissa Vaughan), Nicole Kidman
(Virginia Woolf), Julianne Moore (Laura Brown),
Stephen Dillane (Leonard Woolf), Miranda Richardson (Vanessa
Bell), Ed Harris (Richard Brown), John C. Reilly (Dan
Brown), Charley Ramm (Julian Bell), Toni Collette (Kitty), Claire
Danes (Julia Vaughan), Jeff Daniels (Louis Waters), Eileen
Atkins (Barbara).
Guión: David
Hare; basado en la novela de Michael Cunningham.
Producción: Scott
Rudin y Robert Fox.
Música: Philip
Glass.
Fotografía: Seamus McGarvey.
Montaje: Peter
Boyle.
Diseño de producción: Maria
Djurkovic.
Dirección artística: Mark
Raggett, Judy Rhee y Nick Palmer.
Vestuario: Ann
Roth.
Estreno en USA: 27 Diciembre 2002.
Estreno en España: 21 Febrero 2003. |
CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Lo que queda del
día
Segundo
largometraje del británico Stephen Daldry
después de su celebrado debut con "Billy
Elliot", "Las Horas" recupera el espíritu magnético,
atemporal e introspectivo de un clásico de la literatura, "La Señora
Dalloway" de Virginia Woolf. Y lo
hace a través de tres mujeres de distintas épocas que tienen en este
libro un nexo común. La primera, la propia escritora (Nicole
Kidman), mientras empieza a concebir su obra y lucha contra
las torturas de la depre-sión; la segunda, Laura Brown (Julianne
Moore), un ama de casa que en los años 50 queda enganchada
por la lectura de la novela, que ejercerá como cata-lizador de un cambio
en su vida; la tercera, Clarissa Vaughan (Meryl
Streep), una madura editora del Nueva York de nuestros días,
apodada 'Mrs. Dalloway' por un antiguo amante (Ed
Harris), un poeta moribundo de SIDA al que cuida, reviviendo
así aquel personaje en la actualidad. De esta manera, autora,
lecto-ra y personaje, las tres facetas de la creación literaria, se ven
relaciona-das en el tiempo y en el espacio, a lo largo de un único día,
gracias a una estructura en paralelo, conducida con elegancia y
desenvoltura, y arropada por un cuidadoso diseño de producción.
Al igual que aquella ficticia Señora Dalloway, las tres mujeres
despiertan una mañana, desayunan, compran (o reciben) un ramo de flores,
y preparan una fiesta. Las tres tendrán un acercamiento ho-mosexual. Las
tres se verán relacionadas con un suicidio. Las tres se sentirán
confusas, insatis-fechas e incomprendidas. Y cada una de ellas, a su
manera, huirá... o será abandonada. Pero lo más importante de todo,
aquello que dota de sig-nificado al título del film, es que las tres,
con el inicio de esta nueva jornada laboral, deberán enfrentarse a todas
Las Horas que les quedan por delante. Y son esas Horas –con
mayúsculas– llenas de des-concierto, de angustia, de vacío, de
frustración o de dolor, un homenaje a la voz femenina, a ese llamado
sexo débil que ayer, hoy y mañana –no importa dónde ni cuándo, en
realidad– mantiene día a día una bata-lla –no oficial ni reconocida– con
lo cotidiano, pequeñas hazañas, decisio-nes y responsabilidades
impuestas por el papel que les ha tocado representar, sintiéndose
obligadas a rayar la perfección en su desempeño, supeditando sus vidas a
las de los seres queridos, y viendo cómo, al final, el enorme esfuerzo
que representa mantenerse al pie del cañón no encuentra recompensa ni
en-tendimiento. Nimiedades como una simple tarta de cumpleaños, la
elección de unas rosas o confeccionar un menú para las criadas pueden
ser una pequeña muestra de una situación pero también un detonante.
La película se
convierte así en una delicada y rica exploración que se adentra en la
laberíntica alma femenina, que trata de sacar a la luz el polvo que se
ha aposentado en sus rincones, los hierros que las contraen, las heridas
que su-puran en silencio, los corsés que deben ocupar; un sensible
intento de recoger y encontrar belleza en esa armonía caótica compuesta
de chirridos y gemidos que emanan de unas cuerdas mal afinadas que, por
unos motivos u otros, no se sienten capaces de seguir tocando en la
orquesta de la vida."Las Horas" es también un grito de socorro, como ese
grito de socorro que brotaba de Virginia Woolf en "La Señora Dalloway".
Pero a pesar de ser un film aparentemen-te pesimista, no se trata de
una negación a la vida. La asunción de la muerte por voluntad propia o
los flirteos con ésta, no deben entenderse como una claudicación, sino
como una oportunidad de transformación, una aceptación del mundo y
de la existencia con todo –lo bueno y lo malo– que
conlleva.
Pero no todo son halagos por mi parte, también hay decepción. Salvo
por algunos detalles que se pasa por alto, el guión de
David Hare adapta con bastante acierto y
fidelidad las páginas del libro de Cunningham,
ganador del Premio Pulitzer en 1999. Sin necesidad de caer en el
flashback ni hacer uso de la voz en off, con-sigue hasta cierto punto –y
remarco: hasta cierto punto– transmitir el hilo de pensamientos internos
de sus protagonistas, algo básico para llegar a entender qué mueve cada
una de sus acciones. No obstante –y aquí viene el gran "pero" del film–,
el principal problema de esta historia reside en su valor explicativo,
algo que en su momento ya le achaqué a la novela original, aunque en
menor medida, porque el lenguaje literario siempre hace mucho más
factible llevar a cabo introspecciones que el fílmico. "Las Horas"
requiere a menudo, por parte del espectador, unos niveles de empatía
excepcionales hacia sus personajes, aun más para aquel que no haya
tenido la oportunidad de leer la obra de Cunningham, y sobre todo en el
caso del público mas-culino. No es por falta de inteligencia o
sensibilidad, sino por la forma en que los distintos hechos son
expuestos, sin que haya un excesivo desarrollo, en el plano interior, de
las dimensiones dramáticas de estas mujeres. Por citar sólo algunos
ejemplos, no queda del todo reflejado el enorme tormento que supone para
Laura Brown consumar ese pastel perfecto para su marido, ni cómo se
siente de desprotegida y torpe en relación con su hijo, ni el porqué de
ese beso a su vecina Kitty (Toni Collette)
–una mujer a la que admira y rechaza a par-tes iguales, y que se
derrumba un instante en su cocina–. Tampoco se llega a perfilar apenas
el pasado que unió a Clarissa Vaughan con Richard y Louis (Jeff
Daniels), ni el hecho de que esta mujer, este eterno
personaje –es "la Señora Dalloway" para su amigo, y fue una ficción en
la única novela que éste escribió– sólo se haya considerado alguien
valioso mientras su vida quedaba plasmada en un libro. Ni el pavor que
representa para Virginia Woolf enfrentarse al servicio... Por suerte,
estas notables insuficiencias son salvadas gracias al enorme despliegue
del reparto, pero no evitan que la experiencia devenga, en parte, una
desilusión, ya que no se queda en la superficie, va más allá, pero
tampoco se llega a tocar fondo. Las imágenes, en muchas ocasio-nes,
hablan por sí solas y substituyen al lenguaje, pero no siempre y no lo
bastante.
Como decía, el nivel interpretativo es altísi-mo. Su trío
protagonista –que ya ha recogido varias menciones y reconocimientos,
tanto por separado como conjuntamente– no sólo constituye un aliciente
importante para ver la película, sino que la fundamenta. Tampoco se
queda corto Ed Harris. Pero si me viera obligada a destacar alguna por
encima del resto –cosa harto difícil–, sería la fabulosa caracterización
de Nicole Kidman, quien, más allá de la lograda máscara de maquillaje
que exhibe para acercarla físicamente a Virginia Woolf, compone su
personaje a partir de detalles llevados con tanta sutileza como
efectividad: la modulación y profundidad de su voz, los movimientos de
su cuerpo o la intensi-dad de una mirada febril y desesperada, a ratos
hastiada, hacen que cueste trabajo reconocerla bajo la piel de la
escritora.
Con todas sus
virtudes –mayoría– y defectos –minoría pero muy activa–, la conjunción
final es notable, puede que engañosamente excelente, pero en reali-dad
todavía le falta un tramo para cerrarse como un trabajo inmejorable.
La en-comiable dirección de Daldry, el estudiado montaje a cargo de
Peter Boyle y la estupenda recreación de
las distintas épocas contribuyen a acabar de empaquetar un producto de
gran calidad, virtuoso en estruc-tura, minucioso en sus detalles, y de
gran calibre humano. Pero ni Mi-chael Cunningham, ni David Hare, ni
Stephen Daldry son mujeres, ni es-ta película es un libro abierto.
Calificación:
   
Canal #Cine
Imágenes de "Las horas" - Copyright © 2002 Miramax Films, Paramount
Pictures y Scott Rudin / Robert Fox Productions. Distribuidora en España: Lauren
Films. Fotos por Clive Coote y Francois Duhamel. Todos los derechos reservados.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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