53ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

MI VIDA SIN MÍ
(My life without me)
Dirección: Isabel Coixet.
Países:
España y Canadá.
Año: 2002.
Duración: 100 min.
Interpretación: Sarah Polley (Ann), Amanda Plummer (Laurie), Scott Speedman (Don), Leonor Watling (Vecina), Deborah Harry (Madre), Mark Ruffalo (Lee), Sonja Bennett (Sarah), Alfred Molina (Padre), Jessica Amlee (Penny), Kenya Jo Kennedy (Patsy), María de Medeiros, Deanne Henry.
Guión: Isabel Coixet; basado en el relato 'Pretending the bed is a raft' de Nanci Kincaid.
Producción: Esther García y Gordon McLennan.
Música: Alfonso de Vilallonga.
Fotografía:
Jean-Claude Larrieu.
Montaje: Lisa Jane Robinson.
Diseño de producción: Carol Lavallee.
Dirección artística: Shelley Bolton.
Vestuario: Katia Sano.
Estreno en España: 7 Marzo 2003.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Morir viviendo, vivir muriendo

  La difícil tarea de hacer un melodrama sin caer en el sentimentalismo y la cursilada es algo que no está al alcance de cualquiera. Isabel Coixet supera el reto con nota y nos ofrece pura poesía sobre los borrosos límites que sepa-ran la vida y la muerte, la realidad y la ensoñación. Coproducida y rodada en Canadá en inglés, seleccionada para el pasado festival de Berlín, nos presenta un testimonio lleno de humanidad y dulzura sobre la muerte anunciada de una joven madre, que descubre que le quedan sólo tres meses de vida y decide ha-cer unas cuantas cosas antes de morir, para librar a los suyos del previsible terremoto que provocará su ausencia.

  Una historia llena de sensibilidad –que no sensi-blería–, tejida con la realidad cotidiana más actual en que la familia está desmembrada, la preocupa-ción por no engordar o por el aspecto ocupan un lugar prioritario para muchos, o la dificultad para conseguir un trabajo y sacar adelante a la familia están al orden del día. Una historia también en que Coixet busca empujar al espectador a la reflexión de la mano de la protagonista, por-que verdaderamente hay pocas cosas im-prescindibles en la vida y es necesario descubrir las que tienen im-portancia. Ann lo descubre cuando su vida se le escapa entre las manos, y entonces siente que le falta el tiempo para decir a sus hijas lo mucho que les quiere, para preparar el futuro a su familia o para visitar a su padre en la cárcel. Es la abnegación de una auténtica heroína –como lo son todas las madres–, llena de coraje y entereza, que busca quedarse de alguna forma cuando ya se haya ido, traer para sus hijas un cielo en que no la recuerden con tristeza o rezar para que miren la vida sin reproches ni amarguras. Todos ésos son los deseos de una enferma terminal que va dejando sus afectos y recuerdos en un trozo de papel en forma de diario o en unas cintas de cassette, con unas es-cenas mágicas y conmovedoras llenas de intimismo y emoción. Son las cosas que quiere hacer movida por un amor a la vida y a su familia, que encuentran una fractura de guión y coherencia al abandonarse a un idilio pasajero con el compañero de lavandería -excelente y sugestiva escena-, fruto de su deseo de sentir algo nuevo con hombre distinto a su marido.

  No es una mirada pesimista del mundo, ni de la enfermedad o la muerte, como no lo son las muchas historias que se cuentan a lo largo de la película en forma de recuerdos o de ficción fantástica. No hay amargura ante la precaria situación laboral o por vivir en una caravana y sin va-caciones, y no se puede pensar que se trate de una familia utópica. Simple-mente, estamos ante una mujer que ha aprendido a vivir la vida como le ha venido, con sus limitaciones y dificultades, a disfrutar y a mostrar el cariño sin temores, tal y como le pide a su madre en su testamento particular; llegado el momento, sabrá también encarar la muerte con una mirada enamorada. Pero no hay moralinas ni discursos reflexivos: la película es pura humanidad, pura sensación de sentir la vida como siente la lluvia que cae y la moja ya en la primera escena, o como se pone a bailar en el supermercado en una escena plena de imaginación que nos lleva a Lars von Trier y su "Bailar de la oscuri-dad".

  Sorprende Coixet con una manera muy van-guardista en el rodaje, sirviéndose inteligen-temente de los recursos que el lenguaje cine-matográfico le ofrece. Tan pronto unas veces emplea una cámara nerviosa que corta a los per-sonajes en el plano y realiza barridos audaces, como otras la ubica cuidadosamente para buscar angulaciones atrevidas o unos planos fijos de es-tudiada composición, según busque dar un aire naturalista o un toque más idealista. Una inteli-gente uso de la elipsis narrativa, de los fundidos o de la ruptura del tiempo fíl-mico por medio de ralentís o aceleraciones contribuyen igualmente a crear ese clima subjetivo con que la protagonista ha empezado a saborear los días de vida que le quedan. Esa esmerada estética llega hasta la misma escritura del diario reflejada en la misma pantalla, como si una voz en off se tratase, que parece susurrar al oído del espectador unos deseos de vivir y de cuidar la vida, y de no tener reparos por vivir un amor clásico con una familia clásica que dé sentido incluso a la muerte. Pero de nada serviría todo el guión y la técnica demostradas si no llega a estar al frente una Sarah Polley que da autenticidad e inmediatez a la historia e impide que caiga en el folletín lacrimógeno y sen-timental que podía haber sido: abundantes primeros planos y una expresividad contenida dan buena prueba de una interpretación admirable llena de delicade-za y pudor. Emocionante y antológica resulta la escena en que el médico le confiesa su enfermedad o cuando graba sus felicitaciones para sus hijas.

  Película muy personal e independiente, con forma muy cuidada pero donde el fondo no lo es menos; auténtico poema dramático, que provoca buenos sentimientos y quizá alguna lágrima dulce, pero que lo hace desde la sinceridad y honestidad de quien sabe que el cine debe ayudar a vivir y no sólo a evadirnos de una realidad que a veces se presenta dura y di-fícil de digerir.

Calificación:


Imágenes de "Mi vida sin mí" - Copyright © 2002 El Deseo y Milestone Productions. Distribuidora en España: Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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