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.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]
Oso de Oro para la tolerancia más que para el cine de “In this World" El lema de esta edición, “Towards tolerance”, la situación política internacio-nal, las manisfestiaciones multitudinarias que han contextualizado este sábado 15 de febrero y el compromiso ideológico de las artes con la izquierda en ge-neral, han sido las principales causas, más allá de una calidad cinematográfica notable, que han llevado al falso documental de Michael Winterbottom “In this world” a alzarse con el máximo galardón de esta Berlinale. Retrato de los avatares de dos emigrantes en su camino de Afganistán a Lon-dres, “In this world” arriesgaba muy poco formalmente al abordar un tema de tan fácil calado y, pese a su buen sentido del ritmo, a ciertos golpes de emo-ción y al impacto ideológico que nos producía la transformación de una historia aparentemente remota en una realidad cotidiana en su última parte, la película adolecía de una visión más innovadora, más personal quizá o, simplemente, más cinematográfica. El término “documental” era, pese a no serlo rigurosa-mente hablando, el que acababa por definir esta obra de suma corrección pero inexistente brillantez, sobre todo si la enmarcamos en la magnífica sección a concurso que ha concurrido esta año en Berlín.
Ha sorprendido, por su reiteración y porque quizá no era lo más destacable de una película como “Son frère”, el Oso de Plata a Patrice Chéreau como me-jor director. Más por reiteración que por injusticia, el director parece arrasar ca-da vez que se presenta a este Festival y, si bien “Son frère” supera a su obra anterior “Intimacy”, no pudo deshacerse de todo el favoritismo que parecía im-plicar esta decisión. Un premio menor como el de la contribución artística recayó sin discusión so-bre otro habitual del palmarés, Zhang Yimou, puesto que ése había sido el único aspecto que le había preocupado en la realización de su aproximación a las artes marciales épicas en “Hero”. Del mismo país, China, también “Blind Shaft” fue reconocida, esta vez por su guión, más reconocido por su riesgo temático que por su ejecución final. Y finalmente, la mediocridad senegalesa “Madame Brouette” recogió una mención a su música, más sorprendente por su carácter exótico que por su verdadera vocación de acompañamiento fílmico.
Ha sido, en definitiva, una de las pocas ocasiones en que un festival hace ho-nor a su carácter de celebración cinematográfica al mirar solamente en su sección competitiva. Un verdadero disfrute pare el espectador, para el cinéfilo y para el trabajador, una fiesta para el cine, películas para la eternidad.
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Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
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