53ª Berlinale


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LA BUTACA - Revista de Cine

.[Especial 53ª Berlinale] [Películas] [Crónicas] [Palmarés]

SOLARIS
Dirección: Steven Soderbergh.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 99 min.
Interpretación: George Clooney (Chris Kelvin), Natascha McElhone (Rheya Kelvin), Jeremy Davies (Snow), Viola Davis (Helen Gordon), Ulrich Tukur (Gibarian), Morgan Rusler (Emisario), John Cho (Emisario), Shane Skelton (Hijo de Gibarian), Donna Kimball (Mujer de Gibarian), Michael Ensign (Amigo), Elpidia Carrillo (Amiga), Kent Faulcon (Amigo), Lauren Cohn (Amiga).
Guión: Steven Soderbergh; basado en la obra de Stanislav Lem.
Producción: James Cameron, Jon Landau y Rae Sanchini.
Música: Cliff Martinez.
Fotografía:
Peter Andrews (Steven Soderbergh).
Montaje: Steven Soderbergh.
Diseño de producción: Philip Messina.
Dirección artística: Steve Arnold y Keith P. Cunningham.
Vestuario: Milena Canonero.
Estreno en USA: 29 Noviembre 2002.
Estreno en España: 14 Febrero 2003.

CRÍTICA por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

2003: la odisea de Soderbergh en el espacio

  "Solaris" lo tiene realmente complicado para lle-gar a entusiasmar a alguien, no porque sea una película lenta, hermética, distante, sosaina y con trazas "intelectualoides" –es decir, algo radical-mente opuesto a los cánones imperantes en el cine comercial de Hollywood de donde procede–, que eso también lo tiene; sino porque además es una película difícil. Es casi seguro que tanto los amigos del cine de Soderbergh –en mi opinión, un autor sobrevalorado en exceso– como los seguidores de su actor protago-nista, George Clooney, vayan a salir defraudados de la experiencia. Lo mismo se podría decir de los aficionados al género de la ciencia-ficción, e incluso se haría extensible al espectador en general sin intereses creados. Eso sin entrar a valorar las expectativas que se habían disparado en torno a este proyecto an-tes de su estreno, y que no se verán cumplidas.

  Soderbergh no es Stanley Kubrick, y "Solaris" no es "2001: Una odisea del espacio", aunque lo quisiera pretender. No digo esto porque me vea obligada a contemplar, como tantos otros, el largometraje de Kubrick como una obra maestra del cine... lejos de mi consideración. Sino porque igual que Ken Loach no busca ser Hitchcock, ni Woody Allen aspira a ser Jerry Bruckheimer, a So-derbergh los planteamientos metafísico-trascendentales le vienen grandes. So-derberg tampoco es Andrei Tarkovski, el primero que adaptó esta novela de uno de los autores emblemáticos de la ciencia-ficción, Stanislav Lem, para la gran pantalla. Soderbergh es simplemente un señor que conoce la narración, que sabe hacer productos de entretenimiento de calidad, que aprove-cha las dotes de sus intérpretes –siempre que éstos las tengan– y que arroja manufacturas bien acabadas, funcionales y complacientes. En otras palabras, Soderbergh hace cajas que cierran bien, prácticas, bonitas, in-cluso resistentes al uso durante los primeros años de utilización, pero cajas en definitiva. Basta con citar "Ocean's Eleven", "Traffic", "Erin Brockovich" o "El rey de la colina"... Si por algo se le puede premiar, es por haberse arriesgado con este nuevo trabajo, pero no por sus resultados.

  "Solaris" pertenece a ese tipo de relatos de ciencia-ficción que intentan proponer una re-flexión posterior sobre los orígenes del hom-bre y, sobre todo, acerca de la propia natu-raleza de nuestra existencia, esclava de la ex-periencia o, mejor dicho, de la percepción que te-nemos de esa experiencia, y que responde a nuestros propios intereses. No es ésta una ciencia-ficción que traiga cuestiones filosóficas de orden social, como sería el caso de dos títulos recientes, ambos de Spielberg –"A.I." y "Minority Report"–, sino que focaliza su interés sobre algo más abs-tracto y escurridizo, y que se sitúa en el plano psicológico: la percepción que tenemos de los otros, la naturaleza de nuestros sentimientos hacia esos otros, y cómo éstas influyen en nuestras relaciones. Un círculo vicioso que se retroa-limenta y que es aplicable a nuestras manifestaciones cotidianas.

  Esto se vehicula a través de la historia de un psicólogo viudo, Chris Kelvin (Clooney), quien viaja a la estación espacial de Prometheus ante la llamada de uno de sus mejores amigos (el Ulrich Tukur de "Amén"), jefe de la misión, que solicita su ayuda sin saberle o quererle dar mayores explicaciones sobre lo que sucede allí. Cuando Kelvin llega a la estación, se encuentra con que su colega se ha suicidado y el resto de la tripulación está en pleno estado de shock, a un paso de la locura. Con el tiempo, descubrirá el motivo de tanta desazón y para-noia, ya que empezará a experimentar los mismos fenómenos que ellos, fenó-menos que parecen estar ligados al planeta Solaris, junto al cual se halla la Prometheus: la aparición de seres queridos que, o bien están muertos, o bien continúan con vida en la Tierra. En el caso concreto de Kelvin, será su esposa, Rheya (Natascha McElhone), quien se suicidó años atrás, la que "resucite".

  Estos "visitantes", como acuerdan en llamarlos, tienen la misma apariencia que cualquier ser hu-mano de carne y hueso. No obstante, aunque el continente sea el de una persona normal, el con-tenido –la forma en que hablan, piensan o ac-túan– se corresponde con la imagen que de ellos tenía el miembro de la tripulación al que estaban unidos. La peculiaridad de estos "seres", de esta especie de replicantes, es que son en gran me-dida conscientes de su situación. Rheya, esa "nueva" Rheya, posee recuerdos de su vida en común con el psicólogo –algo que al espectador se le muestra a través de varios flashbacks–, pero es in-capaz de recordar que vivió esas experiencias, únicamente las tiene como si alguien las hubiera grabado en su mente. Los visitantes no disponen de recuer-dos propios ni secretos personales, es decir, carecen de recuerdos sobre co-sas que sólo ellos conocían, precisamente porque son fruto de la percepción y la memoria de sus seres queridos. Este hecho genera desazón, tanto en los propios "visitantes", como, obviamente, en los que reciben su visita, no sólo por su sorprendente e inexplicable existencia, sino porque Kelvin no tardará en sentirse emocionalmente ligado a la Rheya "resucitada", y deberá enfrentarse a un importante dilema: deshacerse de ella para poder volver a la Tierra o man-tenerla "con vida".

  Metiendo dentro de la cazuela todos estos ingredientes de distinta índole, So-laris se halla en una inestable y confusa encrucijada de géneros: el ya mencionado de la ciencia-ficción, aquel que se centra en este romance imposible entre el psicólogo y su mujer, el del drama psicológico y el del thriller a la vieja usanza. A pesar de que el film logra generar cierta in-triga –algo mucho mejor logrado en la novela original– por las pequeñas pistas que va cediendo en cuentagotas, al final echa por la borda todo su misterio, lle-gando a caer incluso en fáciles recursos y giros sorpresivos. Quizás se pueda rescatar su facturación, y la composición de algunas imágenes de notable be-lleza, aunque harto efectistas.

  En cualquier caso, no se dejen amedrentar cuando digan que esta cinta les parece aburrida, difusa, desaborida y que no les ofrece el más mínimo apunte para la reflexión. Habrá quien les responda que son unos convencionales, que no saben apreciar el talento de Soderbergh, ni sus inquietudes, que les falta sensibilidad para captar el mensaje de la historia. Eso es demagogia. "Solaris" PODRÍA haber traslucido todo eso y mucho más, pero ciertamente es aburri-da, difusa, desaborida y no ofrece el más mínimo apunte para la refle-xión. Es uno de esos ejemplos que se dan tan a menudo en los que la idea de fondo es mucho más interesante que la propia película en sí. Y ya se sabe que del dicho al hecho, hay mucho trecho.

  "Solaris" es una pieza de verbo comedido, con un importante número de escenas en las que los distintos personajes deben comunicar sus senti-mientos o reacciones exclusivamente a través de gestos y miradas, algo que se acentúa en el caso de su protagonista, el psicólogo encarnado por el actor George Clooney. Y es entonces cuando Clooney se revela como un intérprete insufi-ciente si no tiene una frase que pronunciar o una exclamación que lanzar, y se ve obliga-do a expresar su línea de pensamientos en base al lenguaje corporal. En el lado opuesto encontramos a un sobreactuado y molesto Jeremy Davies ("Ravenous", "Salvar al soldado Ryan") en el papel de Snow, uno de los miem-bros de la tripulación, quien gesticula y enfatiza las palabras sobremanera has-ta causar irritación. Sin ser una actriz que haya llamado nunca mi atención, en gran medida por la escasa relevancia dramática de sus anteriores trabajos, Na-tascha McElhone ("Ronin", "Miedo punto com", "La ciudad de los fantasmas" ), como la esposa de Klein, aprovecha su característica mirada turbia para com-poner un personaje que exige ser inquietante e hipnótico. La misma corrección es aplicable a Viola Davis ("Traffic", "Un romance muy peligroso") como la Doctora Gordon.

  En definitiva, este fallido producto resulta un trabajo pretencioso, vacío y nada estimulante, que puede llegar a hastiar a más de un espectador. Envoltorio y poco más.

Calificación: 4


Canal #Cine


Imágenes de "Solaris" - Copyright © 2002 20th Century Fox, Section Eight, USA Films y Lighstorm Entertainment. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Fotos por Bob Marshak. Todos los derechos reservados.

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