CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Por lo general, el ritmo de los largometrajes que nos
llegan de un país tan apasionante como Japón no tiene
nada que ver con el de las cintas que se producen en
los Estados Unidos o incluso en Eu-ropa. No sé cómo lo consiguen,
pero existe un buen número de ar-tistas nipones que son capaces
de contarnos historias íntimas en las que apenas sucede gran
cosa, si bien a pesar de ello el espec-tador no tiene la
sensación de que le embargue el aburrimiento, es como si
existiera un certero dominio de la cadencia que ha de po-seer el
relato en cuestión. Por supuesto, esta fórmula no siempre
funciona, de ahí que tan sólo unos cuantos elegidos sean capaces
de rodar filmes que duren lo justo como para no hacerse pesados
y captar nuestra atención durante buena parte de su metraje, por
no decir todo.
El nombre de Akira Kurosawa sale inmediatamente a
relucir a la hora de plantear este tema, pues era un
direc-tor capaz de confeccionar películas que, como
"Barbarroja" o "Los siete samuráis", rebasaban las
tres horas, pero sin duda ése era el tiempo que
precisaba tan afamado cineasta para desarrollar un
determinado argumento o para que entendiéramos la
evolución de sus personajes. Yoji Yamada, un autor
apenas conocido en España, y ello a pesar de que en su
filmografía encontramos decenas de títulos, no es capaz de
alcanzar la maestría de Kurosawa, pero sí con-vence con esta
narración en la que nos cuenta la vida de un sa-murái justo en un
momento histórico, mediados del siglo XIX, en el que se están
produciendo
severos cambios en Japón.
"El ocaso del samurái" no hace referencia a la
decadencia de un individuo, Seibei Iguchi, sino a la
de toda una sociedad. Por contra, y aunque pudiera
parecer una paradoja, el protagonista de este fil-me
parece haber aceptado que los tiempos han cambiado y
que sus prioridades son otras. Su esposa ha fallecido,
de ahí que tenga que mantener a sus hijas y a su
anciana madre con un pequeño jornal. No nos hallamos
ante un hombre ambicioso, a pesar del po-der que aún
atesoran sus manos de guerrero, sino frente a una
per-sona que ansía la felicidad de los suyos y que, no
obstante, oculta sus verdaderos anhelos. No le importa
lo que los demás puedan pensar de él, y aunque es
consciente de que ha de cumplir una se-rie de rígidas
normas, eso no le impide tener sus ideas muy claras,
ya que tan sólo desea vivir en paz y ver a sus
pequeñas crecer.
Cabe citar al respecto el fragmento en el que aprueba
que su hija mayor lea libros en la escuela, pues
quizás sea algo menos útil para una jovencita que
saber coser, pero le otorgará un don: el de pensar por
sí misma. Simi-lar es el pasaje en el que su tío abue-lo
le reprocha que no se case de nue-vo, rechazando Seibei
con considera-ción las opiniones de su iracundo
fa-miliar, quien de paso no duda en des-preciar a su
senil hermana. Estos de-liciosos retratos son sin duda
los as-pectos más sólidos de "El ocaso del samurái",
aparte de la hermosa histo-ria de amor entre el Seibei
y Tomoe, si bien se podría haber ahon-dado más en ella
y restarle algo de protagonismo a todo lo relacio-nado
con los conflictos que mantienen los clanes,
especialmente durante el tramo final de la película.
En la planificación que realiza Yamada de la cinta
prima sobre todo el trabajo de los actores, cada uno
de ellos es-pléndido. La cámara se mantiene fija
durante buena parte del rela-to mientras observamos a
los intérpretes en la pantalla, como si de una obra de
teatro se tratara. No es éste un largometraje
especial-mente bello desde un punto de vista plástico,
ya que no se busca tanto el preciosismo, sino captar
la ambientación de una etapa his-tórica concreta a
través de los personajes. Incluso la música de
Isao
Tomita aparece en momentos puntuales, empleándose de
forma sabia sus inconfundibles y emotivos sones
orientales.
Aunque pueda parecer lo contrario, "El ocaso del
samurái" no es la histo-ria de una tragedia, sino la
descrip-ción del afecto de un padre hacia sus hijas,
del respeto y del cariño que és-tas le profesaban y de
un amor que permanecía escondido en el corazón de
aquél y que por fin un día se atre-vió a revelar.
Insisto, no nos encon-tramos ante una película para
to-dos los gustos, de ahí que su quie-tud y sencillez
puedan exasperar al público más impaciente; no
obstante, y aunque sólo sea para contemplar su bello y
esperanzador epílogo, merece la pena echarle un vistazo.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "El ocaso del samurái" - Copyright © 2002
Shochiku, Nippon Television Network, Sumitomo Corporation,
Hakuhodo, Nippon Shuppan Hanbai y Eisei Gekijo. Distribuida en
España por Notro Films. Todos los derechos
reservados.
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