 |
|
CRÓNICA DEL MIÉRCOLES 11 DE FEBRERO
Jude
Law y Robin Williams, el galán y el showman, en la
Berlinale
Dos grandes
astros de Hollywood aterrizaron en Berlín. Jude Law, por obra y
gracia de Weinstein, pasó fugazmente para promocionar
tardíamente “Cold Mountain”, mientras que Robin Williams
presentó el discutido filme de ciencia-ficción a concurso, “The
final cut”. En un
segundo plano quedaron así el pujante cine sudamericano de
“María, llena eres de
gracia” y el avergonzante producto del país anfitrión
“Nightsongs”.
Mateo
Sancho Cardiel, Berlín–
Tiene la capacidad de ser Jack
Nicholson, un rapero, un australiano, un niño... ¡en menos de
cuarenta minutos! Mejor dicho, de robarles la voz, puesto que,
en cuerpo y alma, el inimitable Robin Williams
no dejaba lugar a la duda y ofrecía, como el genial showman
que es, la más dinámica y divertida rueda de prensa en años de
la Berlinale. Con una verborrea arrolladora y una rapidez mental
y cómica que dejó a la audiencia fascinada y sorprendida,
Williams presentó el que es, en cambio, uno de sus siempre
celebrados cambios de registro: el oscuro, frío y amoral
protagonista de “The final cut”.
«Cuando leí el guión me pareció tan bueno que fue difícil decir
que no», explicó Williams. Y, efectivamente, la propuesta de lo
que supone el debut cinematográfico de Omar Naïm
que se centra en un confuso futuro, es de lo más interesante.
“The final cut” sugiere la aparición de unos microchips capaces
de almacenar toda la información visual y auditiva que
acumulamos a lo largo de nuestra vida. Como recuerdo póstumo, el
personaje de Robin Williams se dedica a realizar montajes
complacientes de las vidas ajenas, pero se verá envuelto no sólo
en unas profundas secuelas psicológicas, sino también en una
compleja intriga empresarial. «Es una película sobre la
tecnología, pero por encima de todo sobre humanidad», señala
Williams, y lo cierto es que la cinta, pese a que toma unos
derroteros erróneos y finalmente insípidos, sabe diseminar sus
aislados golpes de efecto, algunos de ellos verdaderamente
sugestivos, a lo largo de todo el metraje y los envuelve de una
estética sórdida, como en una pintura maquinista. Con una gran
pericia para crear atmósferas, su joven director se revela como
una promesa a tener en cuenta y reconoció que era su primer
guión acabado, una historia resumida en palabras suyas como un
«tratamiento al mito de la objetividad». Hasta ahí llegó la
parte informativa de la rueda de prensa, puesto que el resto fue
acaparado, para delicia de todos los asistentes, por el genio y
figura de Williams, en plena forma a pesar, o precisamente por
eso, de lo poco acostumbrados que nos tiene últimamente en el
cine a su vis cómica. Así, el hotel Hyatt se convirtió en un
improvisado recital de monólogos, de imitaciones, de chistes, en
un vehículo para el lucimiento absoluto del impagable ingenio de
Williams.
Tan
hilarante fue su intervención que consiguió convertirse en el
acontecimiento del día, a pesar de contar con una competencia
tan estimulante como la de Jude Law. Desertor
en la presentación oficial por su actual rodaje con Mike
Nichols, la fría acogida de la cinta de Anthony
Minghella, "Cold
Mountain", debió calentar los motores de
Harvey Weinstein, que removió cielo y tierra
para que dos de sus estrellas pasaran, aunque fuera con retraso
y de manera no oficial, por la Postdemer Platz. Así, después de
la fugaz visita de Renée Zellweger, el nominado
al Oscar ®
derrochó poder de seducción en una reducida comparecencia,
vestido con una americana de raso, unos pantalones vaqueros de
lo más cool y haciendo uso y abuso de su mirada más
interesante. Con la sala rendida a sus pies, sin embargo,
demostró ser algo más que una cara bonita ofreciendo respuestas
dinámicas y con una notoria elaboración. Así, aun a riesgo de
parecer poco espontáneo, Jude Law se reveló más inteligente de
lo que los incrédulos de la perfección queríamos creer. Haciendo
alusión a sus posibilidades para el eunuco dorado, afirmó que
«no he podido promocionar nunca mi candidatura, porque siempre
estaba rodando, aunque, en cualquier caso, suelo tener mejores
cosas en las que pensar» y, aunque sí reconoció que le
encantaría tener el premio en sus manos el próximo 29 de
febrero, no tuvo problemas en reconocer que «honestamente, creo
que este es el año de Sean Penn». Abonado a la flema británica,
desmintió sin embargo que le hubieran ofrecido el papel de James
Bond, «un papel que les encanataría a mis hijos, si lo hiciera»,
y habló extensamente de uno de sus próximos papeles (tiene
cuatro películas en post-producción además de estar
simultaneando dos rodajes), el que ya hiciera en su día Michael
Caine y que ahora él retoma: “Alfie”. Entusiasmado con esta
nueva versión, aunque se confiesa algo alérgico a los remakes,
explicó su fascinación por el personaje, al que llegó a comparar
con un Hamlet o un Macbeth. Hablando ya de “Cold Mountain”, que
acabó pasando a un ultimísimo plano en el interés de la rueda de
prensa, comentó que «sí creo que se merecía estar entre las
nominadas a mejor película, pero simplemente no recibió los
votos suficientes». Finalmente, mostró su admiración, respeto y
confianza hacia Anthony Minghella, al que establece como
garantía suficiente para aceptar un papel como es el caso de
Inman y el que, no en vano, le ha ofrecido los dos roles que le
han valido el reconocimiento de la Academia de Hollywood.
Entre
tanta aparición estelar y tanta agitación periodística, casi
quedan como en una jornada más lejana de la que nos ocupa las
dos cintas que se han proyectado por la mañana. La primera de
ellas, “María, llena de
gracia”, era la historia de las muleras, es decir,
las mujeres que pasan drogas de Colombia a Estados Unidos
ingirendo bolsas de cocaína y guardándolas en su estómago. Más
loable por sus buenas intenciones que por sus resulados finales,
la cinta, en cambio, rezuma una ingenuidad que es tan criticable
como enternecedora, y contiene una interpretación de su hermosa
actriz principal, Catalina Sandino Moreno, que
bien podría valerle una mención a la actriz joven más destacable
de la competición berlinesa. En el público, pudo más el valor
del mensaje que los méritos de la realización, y así, el aplauso
recibido tras la proyección fue de los más sonoros de esta
edición. El director, Joshue Marston,
sorprendentemente norteamericano, se mostró orgulloso de que se
le estableciera, exageradamente, como el último eslabón de
brillantes títulos de la cinematografía sudamericana como
“Amores perros” o “Ciudad
de Dios” y, aunque la película no llega ni de lejos a
los niveles de éstas, nadie puso en duda su interés humano y el
dinamismo de su narrativa, lo que, a estas alturas de festival,
se agradece y mucho. Y también es posible que, en el recuerdo,
su dimensión haya ganado tras la visión de “Nightsongs”,
cinta que ha provocado hasta el rubor en el tremendamente
autocrítico público alemán y, sobre todo, ha sido la causa de la
masiva huida de los espectadores de la sala. Tediosa hasta unos
extremos jamás vistos por el que suscribe, es la peor película
vista en mucho tiempo en un festival internacional y, lejos de
sentir un mínimo sentido de culpa, el director defendió su filme
y culpó a los periodistas de estar demasiado acostumbrados al
cine norteamericano. Ver para creer.
|
Fotos copyright © 2004 Festival
Internacional de Cine de Berlín.
Suscribe tu correo para recibir gratis
los boletines de
La Butaca:
© 2004
LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno.
Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso.
Todos los derechos reservados.
|