PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


CRÓNICA DEL MIÉRCOLES 11 DE FEBRERO


Jude Law y Robin Williams, el galán y el showman, en la Berlinale

Dos grandes astros de Hollywood aterrizaron en Berlín. Jude Law, por obra y gracia de Weinstein, pasó fugazmente para promocionar tardíamente “Cold Mountain”, mientras que Robin Williams presentó el discutido filme de ciencia-ficción a concurso, “The final cut”. En un segundo plano quedaron así el pujante cine sudamericano de “María, llena eres de gracia” y el avergonzante producto del país anfitrión “Nightsongs”.

Robin Williams - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínMateo Sancho CardielBerlín Tiene la capacidad de ser Jack Nicholson, un rapero, un australiano, un niño... ¡en menos de cuarenta minutos! Mejor dicho, de robarles la voz, puesto que, en cuerpo y alma, el inimitable Robin Williams no dejaba lugar a la duda y ofrecía, como el genial showman que es, la más dinámica y divertida rueda de prensa en años de la Berlinale. Con una verborrea arrolladora y una rapidez mental y cómica que dejó a la audiencia fascinada y sorprendida, Williams presentó el que es, en cambio, uno de sus siempre celebrados cambios de registro: el oscuro, frío y amoral protagonista de The final cut. «Cuando leí el guión me pareció tan bueno que fue difícil decir que no», explicó Williams. Y, efectivamente, la propuesta de lo que supone el debut cinematográfico de Omar Naïm que se centra en un confuso futuro, es de lo más interesante. “The final cut” sugiere la aparición de unos microchips capaces de almacenar toda la información visual y auditiva que acumulamos a lo largo de nuestra vida. Como recuerdo póstumo, el personaje de Robin Williams se dedica a realizar montajes complacientes de las vidas ajenas, pero se verá envuelto no sólo en unas profundas secuelas psicológicas, sino también en una compleja intriga empresarial. «Es una película sobre la tecnología, pero por encima de todo sobre humanidad», señala Williams, y lo cierto es que la cinta, pese a que toma unos derroteros erróneos y finalmente insípidos, sabe diseminar sus aislados golpes de efecto, algunos de ellos verdaderamente sugestivos, a lo largo de todo el metraje y los envuelve de una estética sórdida, como en una pintura maquinista. Con una gran pericia para crear atmósferas, su joven director se revela como una promesa a tener en cuenta y reconoció que era su primer guión acabado, una historia resumida en palabras suyas como un «tratamiento al mito de la objetividad». Hasta ahí llegó la parte informativa de la rueda de prensa, puesto que el resto fue acaparado, para delicia de todos los asistentes, por el genio y figura de Williams, en plena forma a pesar, o precisamente por eso, de lo poco acostumbrados que nos tiene últimamente en el cine a su vis cómica. Así, el hotel Hyatt se convirtió en un improvisado recital de monólogos, de imitaciones, de chistes, en un vehículo para el lucimiento absoluto del impagable ingenio de Williams.

Jude Law - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínTan hilarante fue su intervención que consiguió convertirse en el acontecimiento del día, a pesar de contar con una competencia tan estimulante como la de Jude Law. Desertor en la presentación oficial por su actual rodaje con Mike Nichols, la fría acogida de la cinta de Anthony Minghella, "Cold Mountain", debió calentar los motores de Harvey Weinstein, que removió cielo y tierra para que dos de sus estrellas pasaran, aunque fuera con retraso y de manera no oficial, por la Postdemer Platz. Así, después de la fugaz visita de Renée Zellweger, el nominado al Oscar® derrochó poder de seducción en una reducida comparecencia, vestido con una americana de raso, unos pantalones vaqueros de lo más cool y haciendo uso y abuso de su mirada más interesante. Con la sala rendida a sus pies, sin embargo, demostró ser algo más que una cara bonita ofreciendo respuestas dinámicas y con una notoria elaboración. Así, aun a riesgo de parecer poco espontáneo, Jude Law se reveló más inteligente de lo que los incrédulos de la perfección queríamos creer. Haciendo alusión a sus posibilidades para el eunuco dorado, afirmó que «no he podido promocionar nunca mi candidatura, porque siempre estaba rodando, aunque, en cualquier caso, suelo tener mejores cosas en las que pensar» y, aunque sí reconoció que le encantaría tener el premio en sus manos el próximo 29 de febrero, no tuvo problemas en reconocer que «honestamente, creo que este es el año de Sean Penn». Abonado a la flema británica, desmintió sin embargo que le hubieran ofrecido el papel de James Bond, «un papel que les encanataría a mis hijos, si lo hiciera», y habló extensamente de uno de sus próximos papeles (tiene cuatro películas en post-producción además de estar simultaneando dos rodajes), el que ya hiciera en su día Michael Caine y que ahora él retoma: “Alfie”. Entusiasmado con esta nueva versión, aunque se confiesa algo alérgico a los remakes, explicó su fascinación por el personaje, al que llegó a comparar con un Hamlet o un Macbeth. Hablando ya de “Cold Mountain”, que acabó pasando a un ultimísimo plano en el interés de la rueda de prensa, comentó que «sí creo que se merecía estar entre las nominadas a mejor película, pero simplemente no recibió los votos suficientes». Finalmente, mostró su admiración, respeto y confianza hacia Anthony Minghella, al que establece como garantía suficiente para aceptar un papel como es el caso de Inman y el que, no en vano, le ha ofrecido los dos roles que le han valido el reconocimiento de la Academia de Hollywood.

Catalina Sandino Moreno - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínEntre tanta aparición estelar y tanta agitación periodística, casi quedan como en una jornada más lejana de la que nos ocupa las dos cintas que se han proyectado por la mañana. La primera de ellas, María, llena de gracia, era la historia de las muleras, es decir, las mujeres que pasan drogas de Colombia a Estados Unidos ingirendo bolsas de cocaína y guardándolas en su estómago. Más loable por sus buenas intenciones que por sus resulados finales, la cinta, en cambio, rezuma una ingenuidad que es tan criticable como enternecedora, y contiene una interpretación de su hermosa actriz principal, Catalina Sandino Moreno, que bien podría valerle una mención a la actriz joven más destacable de la competición berlinesa. En el público, pudo más el valor del mensaje que los méritos de la realización, y así, el aplauso recibido tras la proyección fue de los más sonoros de esta edición. El director, Joshue Marston, sorprendentemente norteamericano, se mostró orgulloso de que se le estableciera, exageradamente, como el último eslabón de brillantes títulos de la cinematografía sudamericana como “Amores perros” o “Ciudad de Dios” y, aunque la película no llega ni de lejos a los niveles de éstas, nadie puso en duda su interés humano y el dinamismo de su narrativa, lo que, a estas alturas de festival, se agradece y mucho. Y también es posible que, en el recuerdo, su dimensión haya ganado tras la visión de Nightsongs, cinta que ha provocado hasta el rubor en el tremendamente autocrítico público alemán y, sobre todo, ha sido la causa de la masiva huida de los espectadores de la sala. Tediosa hasta unos extremos jamás vistos por el que suscribe, es la peor película vista en mucho tiempo en un festival internacional y, lejos de sentir un mínimo sentido de culpa, el director defendió su filme y culpó a los periodistas de estar demasiado acostumbrados al cine norteamericano. Ver para creer.
 

  Fotos copyright © 2004 Festival Internacional de Cine de Berlín.


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