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CRÓNICA DEL JUEVES 12 DE FEBRERO
Theo
Angelopoulos, o cómo ver cine de verdad en la Berlinale
Después de
hacer de Cannes su patio de recreo, Theo Angelopoulos tratará de
conquistar este sábado el palmarés de la Berlinale con su nueva
y grandilocuente película, la primera parte de una trilogía
sobre la historia de Grecia en el siglo XX, “The weepeing
meadow”. Por otra parte, el cine alemán se desquitó del ridículo
producto de la jornada pasada con “Head-on”, una interesante
tragicomedia protagonizada por inmigrantes kurdos y, ya fuera de
concurso, el documental sobre blues producido por Martin
Scorsese “Lightning in a bottle” hizo las delicias de los
melómanos.
Mateo
Sancho Cardiel, Berlín–
Hay directores que, nos guste o
no, son únicos en el mundo. Tienen en su arsenal el arma de
doble filo de una gran personalidad que se imprime en cada
fotograma de su cine, de crear imágenes que, como los cuadros,
traen la firma en una de sus esquinas. Theo Angelopoulos
es uno de ellos y su cinta “Trilogy:
The weeping meadow” es una espléndida muestra de su
arte que, con una duración de tres horas y un alarde técnico de
espectacular minimalismo, se ha conformado como una de las
cintas más destacables de esta Berlinale. La película, quizá,
peca de sobrevalorar al público y obvia detalles sobre la
historia griega que la mayoría de los mortales desconocemos. El
elitismo de su cine es quizá lo más molesto de su filmografía,
con sus constantes de autoobservación algo exasperantes que
acaban por enfriar la trama que retrata, pero su calidad
estética es tan exquisita que, como una delicatessen,
se disfruta plenamente con una sola dosis. En cualquier caso,
haciendo uso de ese estilo cinematográfico del que solo él es
dueño y señor, la película se convierte en una experiencia
visual absolutamente fascinante, en una sucesión de planos
secuencia que el director construye con grandeza casi
operística, armonizando en un solo plano un sin fin de elementos
fílmicos y humanos, y logrando en él, además, la más absoluta
perfección estética. Su visión oscura, expresionista del siglo
que acabamos de cerrar, llena al filme de una decadencia, de un
horror que se sintetiza finalmente en el llanto de la
protagonista, tras pasar por el exilio, la viudedad, dos guerras
y la muerte de un hijo. Solemne y ombliguista, pero a sabiendas
de que puede permirse el lujo de ser así, Angelopoulos alimentó
su buen concepto de sí mismo en la rueda de prensa que ofreció
en la capital alemana con todo el equipo de la película. La
intensidad trágica de “The weeping meadow” es, tal y como
Angelopoulos comentó, lo que ve en la cara de su madre. «Es una
figura dramática, tuvo que ser testigo del cadáver de mi padre y
de la guerra civil, y en su rostro se marca la tragedia»,
afirmó, e hizo extensible este carácter funesto a la historia
mundial del siglo XX. «La tragedia humana nunca termina, la
aventura nunca llega a su fin y la película acaba con un llanto,
como el propio siglo», sentenció. Así, pasó a explicar la
continuación de esta trilogía, que ya tiene título en su segunda
entrega. Será “The imposible return” y abarcará desde el día de
la muerte de Stalin hasta el fin de la Guerra de Vietnam en
1974. El último bloque, en cambio, será «un viaje de sueños»,
según las palabras de su propio artífice. Pero la Berlinale, con
esta primera fracción, ya ha encontrado un perfecto candidato
para el Oso de Plata al mejor director, puesto que Angelopoulos
es su película y su ambiciosa propuesta sólo funciona por el
impulso de su genio.
Mucho
más llevadera, aunque con no menos vueltas en su estructura
narrativa, “Head-on”
devolvió la dignidad a la cinematografía alemana tras el abucheo
generalizado a “Nightsongs”
el día anterior. Recibida con un júbilo algo desproporcionado,
la película sigue explorando la inteligente línea del humor para
tratar los temas sociales más candentes. Como una hermana
pequeña y mucho menos brillante de “Oriente es Oriente”, la
película turcoalemana camina desde la comedia romántica de un
matrimonio de conveniencia que irá cogiéndose progresivo cariño
hasta el melodrama regido por el instinto de supervivencia. Todo
ello, por supuesto, con un tupido trasfondo de iconografía y
folklore turco y coordinado de manera irregular por la mano de
Fatih Akin, que no acaba de compensar el cambio
de la amabilidad al dramatismo y alarga innecesariamente esta
última parte, que redondea en dos horas la totalidad del
metraje. A pesar de todo, la cinta es de un visionado más que
agradable y encuentra sus mejores momentos en su primera parte,
construida con humor e ingenio y sustentada en unos personajes
jugosos y palpables. Sea como fuere, el resultado global fue
suciciente para que el público alemán enloqueciera y la rueda de
prensa fue una de las más apretadas de todo el certamen. Visto
su éxito, el director de la cinta aprovechó para dejar claro
que, pese a sus orígenes, son unos ciudadanos alemanes más, por
lo que acentuó aún más lo que en la película tiene un
tratamiento más dinámico y colorista.
Por último, y ya sin las
tensiones de la competición, se presentó la estadounidense
“Lightning in a bottle”,
un gustazo para los amantes del blues y de la música en general
que resultó una sesión más dada al relax que al análisis. Fruto
del montaje de entrevistas, ensayos y un concierto benéfico,
figuras tan imporatntes como B.B. King,
Natalie Cole o Macy Gray desfilan en
esta producción que es, en realidad, un capricho personal de
Martin Scorsese. Disfrutable con el buen sonido
y la pantalla grande, fue un acierto de la programación
incluirla en un día de emociones tan fuertes y duraciones tan
extensas.
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Fotos copyright © 2004 Festival
Internacional de Cine de Berlín.
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