PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


CRÓNICA DEL VIERNES 13 DE FEBRERO


Ken Loach salva el crepúsculo de la Berlinale

Para compensar los malos augurios de un viernes 13, la organización de la Berlinale se había reservado, a falta de uno, dos ases en la manga con el propósito de dejar un buen sabor de boca antes de dictar el palmarés. Decepción con el primero, Eric Rohmer y su jeroglífica “Triple agent”, y calidez con el segundo, un Ken Loach dulcificado en “Ae fond kiss”, no inclinó la balanza hacia el éxito la tercera película a competición del día, el drama chino “20 : 30 : 40”.

Serge Renko y Katerina Didaskalou - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínMateo Sancho CardielBerlín– Malintencionadamente colocada en la sesión de las nueve de la mañana, Triple agent arrancaba en el Berlinale Palast arropada por la esperanza de la garantía que un cineasta como Eric Rohmer, superviviente de la nouvelle vague, ofrecía. Fin de la película. Silencio absoluto. No se puede abuchear a un genio, pero tampoco aplaudirle en una construcción cinematográfica basada en un solo diálogo de densísimo contenido histórico y político. Situada en el periodo de entreguerras, mil y un términos para nada elementales sobre aquel contexto son lanzados por Rohmer cual lenguaje coloquial y el sopor o la escapada fueron las alternativas a una cinta tan excluyente para la inmensa mayoría del público. En un caso de radicalización del mismo problema del que se resiente el cine de Angelopoulos, el director francés crea una cinta con una segunda intención de deslumbrar con su sabiduría, para marcar las distancias con el espectador medio, llegando hasta tal extremo que ni incluso aquellos que son capaces de descifrar lo que quiere contarnos disfrutaron de su saturado bombardeo intelectual.

Afortunadamente, llegó Ken Loach y redujo notablemente su contenido incendiario, que hubiera rematado la agónica jornada matinal, para centrar su Ae fond kiss en una historia de amor interracial que lucha por sobrevivir entre las presiones del choque cultural e ideológico. Ambientada en Glasgow, el director inglés continúa retratando la problemática social, pero en esta ocasión deja parcialmente de lado su papel reivindicativo y abre una puerta a la esperanza y al optimismo, se deja llevar más por los reductos de amor que por la miseria global y crea con “Ae fond kiss” una de sus cintas más amables y comerciales, en el mejor sentido de la palabra. La película aborda el problema de los emigrantes Ken Loach - Foto copyright © 2004 Festival de Berlínde segunda generación que, ya arraigados en sus países de residencia, combaten con sus padres por la apertura a costumbres más modernas, y, en el caso del protagonista de la película, tendrá que luchar por una relación sentimental con una británica en contra de su matrimonio ya pactado con una prima suya pakistaní. Loach decide, finalmente, no complicarse la vida, renuncia a las argucias narrativas y opta por coger el toro por los cuernos, sin rodeos. Porque tanto la cámara de Loach como el guión de Paul Lavery enfocan la película desde un punto de vista claramente crítico hacia la falta de libertades de la familia hindú, pero renuncia a la caricaturización –habitual en estos casos– y ofrece un contrapunto de integrismo católico para dejar claro que la suya no es una postura racista. Acudió a la Berlinale acompañado de sus dos protagonistas, Atta Yaqub y Eva Brithistle, que hace una interpretación extraordinaria, de su guionista y marido de Icíar Bollaín, Paul Laverty, y de la productora Rebecca O’Brien. La comparecencia, sin embargo, acabó desviándose hacia el espíritu más reivindicativo que caracteriza al Loach de “Mi nombre es Joe” o “Agenda oculta” y no pudo evitar solicitar ayuda a la audiencia para resolver los problemas del mundo. Sobre su película se discutió mucho el desenlace, demasiado positivo para muchos pero “perfectamente lógico” para el director, que argumentó que muchos jóvenes hijos de inmigrantes optan, finalmente, por desvincularse totalmente de las imposiciones más arcaicas de su cultura. «Está pasando actualmente», comentaba Loach, «los hijos se están rebelando contra sus padres y los padres tienen que aceptar que las cosas están cambiando». Finalmente, comentó que quiso darle a la historia «todas las perspectivas posibles, y darles a todas una libertad».

Sylvia Chang - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínYa en la sesión de tarde, la penúltima película que compite por el Oso de Oro fue el drama dirigido por Sylvia Chang “20 : 30 : 40. De nacionalidad china, la cinta entremezcla la evolución de tres mujeres que se llevan diez años de diferencia cada una y, a pesar de iniciarse con buen pulso y la autóctona sensibilidad, acaba convirtiéndose en un barullo narrativo de escaso interés. Una lástima para la cinematografía oriental que, con su escasa representación, hasta ahora había sabido llenar, y mucho, con la obra más europea de Kim Ki-Duk. Tan sólo queda ya como improbable candidata a premio la cinta protagonizada por Carmen Maura “25 degrees in winter, una coproducción que fue rechazada por el festival de Cannes en su anterior edición y que parece haber sido seleccionada como una despedida ligera e intrascendente para esta dispar pero aun así muy interesante Berlinale.
 

  Fotos copyright © 2004 Festival Internacional de Cine de Berlín.


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