Mateo
Sancho Cardiel, Berlín–
Ambiente enrarecido en la sala de prensa con unos premios que,
aunque representaban lo más granado de esta edición número
cincuenta y cuatro, parecían traspapelados, intercambiados unos
con otros. Así, la película alemana “Head-on”,
aplaudida con rabia por el público, aunque no desdeñable, sí
carece del cuerpo necesario para alzarse como la gran ganadora
de este certamen. Su triunfo, en cambio, parece más fruto de una
acumulación de méritos extracinematográficos que por su propia
calidad como obra artística. En primer lugar, Fatih Akin
ha escogido para su filme una problemática social de gran
actualidad y la enfoca con cariño y tolerancia, con esa mezcla
de humor y dramatismo que tan buenos resultados ha dado en, sin
ir más lejos, el gran éxito del cine alemán “Good
bye, Lenin!”. Su retrato de los inmigrantes turcos en
Alemania es entrañable y bonito, creando unos personajes vivos,
simpáticos y emotivos. Si a eso sumamos que era la única
producción alemana a concurso con cierta dignidad, “Head-on” es,
clarísimamente, una ganadora circunstancial y cuyo paso a la
posteridad queda más que en entredicho.
Una vez más, el Gran Premio del
Jurado viene a ser la película que en realidad hubiera ganado de
no ser por los conflictos de intereses. Ya sucedió con “Adaptation”
el año pasado, y “El abrazo
partido” supera, en muchos aspectos, a la vencedora.
Continúa la espléndida cosecha que el cine argentino ha ofrecido
en los últimos años, coincidiendo con la crisis, con
inteligencia, dinamismo, sentido del humor y, por momentos,
verdadera genialidad. Su reconocimiento fue completado con el
galardón a su magnífico protagonista, Daniel Hendler, que
crea en su papel la duda y el desarraigo con una brillante
naturalidad, con una impactante parquedad de gestos y con ello
aleja al espectador del concepto de personaje para acercarnos
hasta el de persona, una sensación de realidad que el director
Daniel Burman ha sabido imprimir en el conjunto de su
enternecedora y magnífica película.
En una línea similar,
Catalina Sandino Moreno nos introduce con su mirada inocente
la gran baza de “María,
llena de gracia”, la sensación de atolondramiento y de
ignorancia de estas muleras que pasan droga en sus estómagos a
Estados Unidos y que retrata el norteamericano Joshua Marston
con gran oficio. La joven actriz se echa a la espalda toda la
responsabilidad del funcionamiento del filme y lo levanta con
gracia y talento, con sensibilidad y pureza en su
interpretación. Y es que la cinta, además, ha sido destacada con
el Premio Alfred Bauer a la innovación personal, un premio que
no acabamos de entender pero que nos alegra haya recaído en esta
cinta valiente y desnuda. Entrada de última hora en la
competición, “María, llena de gracia” parece haber conmovido al
jurado hasta tal punto que su intérprete ha sido equiparada, con
uno de los ex-aequo a los que son tan aficionados, con la
vistosa, vibrante y espectacular recreación por parte de
Charlize Theron de la primera asesina en serie de los
Estados Unidos en la sórdida y brutal “Monster”.
La actriz surafricana suma así a su palmarés el galardón de este
festival que, si hacemos un recorrido histórico, recordamos que
fue el preámbulo para las dos últimas ganadoras del Oscar®:
Nicole Kidman y Halle Berry. Sin duda, su mención ha sido la más
previsible de cuantas ha hecho el jurado presidido por
Frances McDormand, y también la que más ha sido aplaudida
por los asistentes.
Desconcierto, sin embargo, ha
creado el hecho de que Kim Ki-Duk haya sido alzado como
el mejor director por “Samaritan girl”,
película que, al parecer del que suscribe, es la mejor de
toda la competición. La división de opiniones creada por una
cinta de contenido tan intenso y simbólico estableció polos de
adoración y de rechazo que expresaron tanto su entusiasmo como
su desacuerdo en el dictado del palmarés. Pero, sin duda, es el
reconocimiento a uno de los maestros modernos del cine actual, a
una fuente inagotable de imaginación y poderío fílmico y a un
trasgresor nato que sorprende, para bien o para mal, con cada
nuevo proyecto. La madurez temática y la construcción apoteósica
y lírica de su espiritual película son de una trascendencia y un
poder humano que no llegan ni a rozar el resto de las películas
y, aunque ha sido tachado de pretencioso por un gran sector de
la prensa especializada, cumple sus objetivos con facilidad
pasmosa. Conscientes de su genio, hubo silencio pero nunca
abucheo contra él, porque, comulgantes o no con su universo
propio, cuenta con el respeto de los grandes artistas.
El abucheo fue unánime, en
cambio, para el premio a la mejor música. No porque fuera mala,
pues la gran mayoría de los que estábamos en la sala ni siquiera
nos habíamos fijado en ella, sino por pertenecer a una cinta tan
deplorable como “Primo amore”,
del italiano Matteo Garrone. Absurda hasta la saciedad y
la indignación, mucho más acertado podría haber sido que
recayera en “Beautiful country”,
la coproducción noruega y estadounidense basada en una idea de
Terrence Malick. Más sensorial y poética, la cinta acabó
yéndose de vacío pese a la extraordinaria acogida. Claro, que si
por apoyo popular se escribiera el palmarés, la gran triunfadora
hubiera sido “Before sunset”,
la encantadora –aunque menor– secuela de “Antes del amanecer”
que, sin embargo, tuvo que conformarse con el calor del público.
Tampoco parecieron impresionar
al jurado las excelentes aportaciones de Patrice Leconte
o Theo Angelopoulos, dos obras de espléndida
sofisticación cinematográfica que podrían perfectamente haber
ocupado el puesto de “Daybreak”,
la cinta sueca que practicó un intrusismo silencioso en el
palmarés con el premio Ángel Azul a la Mejor Película Europea y
un Oso de Plata a la contribución artística para todo el reparto
de la cinta.
La presencia española,
finalmente, fue anulada hasta la mínima expresión. A nadie ha
sorprendido la omisión de la película de Manuel Gutiérrez
Aragón, “La
vida que te espera”, en el veredicto final, pero ni tan
siquiera las participaciones españolas en cintas extranjeras
como “25 degrees in winter”
(la divertida comedia que cerró el festival con Carmen Maura
de protagonista) o la que sí tenía más posibilidades, “Ae
fond kiss” de Ken Loach, acabaron por cristalizar
sus buenas acogidas en forma de premio. Sólo rebuscando entre
los jurados no oficiales encontramos que el cortometraje español
“¿Con qué la lavaré?” de María Trénor ha sido
galardonado con el Teddy Bear, el premio que se otorga a las
mejores piezas cinematográficas de temática gay. En la categoría
de largometraje, sin embargo, “Cachorro”
no alcanzó galardón como así era su intención, puesto que ganó
“Wild side”, de Sébastien Lifshitz.
Y así se cierra, una vez más,
la fiesta de la Berlinale. Para mañana, día 15, ya sólo quedan,
como epílogo de esta 54ª Berlinale, últimas sesiones de algunas
de las películas exhibidas dutante esta edición del festival
alemán. Ha sido una edición heterogénea, pero
que ha mantenido un digno nivel de calidad y tan sólo ha
encontrado dos puntos aislados de atroz equivocación en la
selección oficial con la ya mencionada película de Garrone y la
producción local “Nightsongs”.
Por lo demás, los grandes nombres que convergieron en el
festival no decepcionaron –con la excepción de Rohmer–, y
las producciones norteamericanas, pese a sus distintas suertes,
escaparon a la superficialidad que siempre se les ha achacado.
Han paseado por aquí grandes estrellas, directores de culto y
conferenciantes elocuentes. Ha habido comedia y drama, violencia
y sensibilidad. No ha sido la mejor de las Berlinales, pero los
días han pasado con rapidez, con intensidad y sin desgaste para
el cronista. En definitiva, sin perder la categoría que
convierte a este festival en uno de los grandes acontecimientos
del año.