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CRÓNICA DEL JUEVES 5 DE FEBRERO
Neblina
en la fría montaña que inaugura la Berlinale
Mateo
Sancho Cardiel, Berlín–
Un año más, la Postdamer Platz acoge con entusiasmo las grandes
producciones de Hollywood a la espera de lanzarlas hacia la
carrera del Oscar®.
El cambio de calendario de los académicos, sin embargo, ha
reducido el atractivo que aportaba conocer las candidaturas en
los fulgores del festival y, ante todo, ha provocado que la
película que se alzó como favorita al anunciarse el vaticinio
previo de los Globos de Oro, “Cold
Mountain”, haya llegado al inusitadamente cálido Berlín
con la sonrisa de cortesía para no dejar entrever la decepción
de su ausencia en las máximas categorías. Así, el poderoso trío
protagonista no ha acudido a la capital alemana para hacer
promoción y Berlín ha abierto las puertas de su festival algo
cojo, desprovisto del glamour y la fama que acostumbra. Ni
Nicole Kidman (con mal perder por su perfectamente
justificable no nominación frente a sus compañeros de reparto),
ni Renée Zellweger (rodando la secuela de Bridget Jones
en Londres), ni Jude Law (con Mike Nichols en pleno set
de “Closer”) han lucido sus palmitos por las calles de este
centro de la modernidad arquitectónica. Para contrarrestar,
Harvey Weinstein, Anthony Minghella, Brendan
Gleeson y Philip Seymour Hoffman masculinizaron al
máximo la sala de prensa del Hyatt Hotel.
La película, en sí misma, tampoco ofreció el espectáculo que
prometía, aunque sí una gran parte del mismo. Brillante por
momentos, magistral en otros, pero mal ensamblada en el
conjunto, no desató el fervor de la audiencia y eso hizo mella
en la rueda de prensa, que transcurrió con escasas declaraciones
interesantes como respuesta a preguntas que ya de por sí no
brillaban por su ingenio. Tan sólo la presencia de Harvey
Weinstein, poderoso magnate de la Miramax, aportó un mínimo de
sensación de acontecimiento y, para los más cinéfilos, incluso
nos trajo el aroma de un David O. Selznick y de aquella época en
la que los productores de cine movían el mundo con su
megalomamía y mal genio. Weinstein demostró estar hecho de esa
pasta, de esa aleación de tiranía y carisma que cotizaba en los
grandes estudios y propició los momentos más cinematográficos de
la conferencia. Representó con ironía y autocrítica su rol de
soberbio, excusando a las estrellas de su película con un «si yo
no les he podido traer es que realmente no podían hacerlo» y
dejando entrever un posible complot hacia “Cold Mountain” por su
procedencia europea. Imbatible, confirmó que «hay una
discriminación hacia las películas europeas. No se emiten en la
televisión desde hace veinticinco años», pero asimismo afirmó
que seguiría rodando en países como Rumanía.
Efectivamente, “Cold Mountain”, a pesar de tratar de Guerra de
Secesión de los Estados Unidos, se rodó, con exquisita captación
de exteriores, en territorio rumano, y todo el celuloide que
compone esta película nos habla de su director, de la
sensibilidad humana y estética de Anthony Minghella. El autor de
“El paciente inglés”, humilde y sutil, hizo más referencia al
contenido de su película: «Si en “El talento de Mr. Ripley”
saqué el lado más oscuro de mí mismo, en “Cold Mountain” los
personajes suponen lo mejor de la gente», comentó, «Ripley era
la poesía, "Cold Mountain" la redencion». Y, refugiado en el
material literario de Charles Frazier, escribió el guión
sobre su novela homónima. De ella le fascinó la historia de
amistad entre los personajes de Kidman y Zellweger, su viaje
emocional en contraposición al trayecto físico del de Jude Law.
Encantado tanto con el rodaje como con las localizaciones y el
equipo, Minghella puso el entusiasmo que faltó a los intérpretes
Gleeson y Seymour Hoffman y declaró, para terminar, «no tener
una visión pesimista del amor», pese a lo que su cine con miras
a la tragedia refleje. Y así, con fuegos a medio gas, ha dado
comienzo esta edición del festival que, en los próximos días,
verá cómo autores de la categoría de Ken Loach, Theo
Angelopoulos, Eric Rohmer, Kim Ki-Duk, John Boorman o Daniel
Burman desfilarán por Berlín y encenderán presumiblemente la
llama del arte para dejar constancia de su sabiduría
cinematográfica.
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