PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


CRÓNICA DEL VIERNES 6 DE FEBRERO


Calidad en el concurso con Leconte y glamour con Jack Nicholson y Diane Keaton fuera de él

Dignidad cinematográfica se ha respirado en la primera jornada a concurso de esta Berlinale. Dos cintas de dispar interés, provenientes de cinematografías europeas ambas pero con estructuras absolutamente distintas, concurrieron para dejar un nivel notable para el resto de la competición y traer el que es, sin duda, el sabor del cine de festival. Tanto “Daybreak”, del sueco Björn Runge, comoConfidences trop intimes” han ahondado a su manera en el sentimiento humano y han renunciado al esplendor de la técnica para bastarse solamente con ello.

Pernilla August - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínMateo Sancho CardielBerlín–  La película nórdica ha apuntado ya maneras hacia la afición de este festival por el desgarro emocional, por la desestabilización de la familia y las situaciones al límite. En palabras de su director, es «la sensación de presente, de que estamos aquí y ahora, y que lo que se narra en esta película son las 24 horas más importantes de las vidas de los personajes». En esa condensación de la intensidad y el dramatismo, la cinta es heredera de todas y cada unas de las filias y las fobias que han caracterizado desde siempre la producción cinematográfica sueca y, lo que nos preocupa más, lo que empezamos a creer es su comportamiento habitual. Las historias cruzadas que se nos narran en Daybreakson mostradas sin filtros ni trampas, con un sentido de la cotidianidad que no deja resquicio para la caricatura ni para la ironía, ni tan siquiera para un mínimo sentido del humor. Nos muestran las consecuencias de la incomunicación, de la apatía y de las existencias anodinas escondidas tras el mecanismo superdesarrollado del sistema de vida escandinavo y, de esta manera, a través de la crisis matrimonial por la infidelidad de un médico desempleado, de la vida de una divorciada desquiciada incapaz de rehacer su vida con su exmarido y del búnker que construyen unos ancianos para mantenerse al margen de la sociedad, el director construye tres ejes sobre los que levanta una cinta de continuo impacto humano, de exclamaciones sobre lo que estamos acostumbrados a susurrar y, por ello, de sensaciones en absoluto agradables para el visionado. Así, si no fuera porque, por desgracia, es una experiencia en los lugares más comunes de esta vertiente cinematográfica, habría que hablar de un película recomendable. Sin embargo, al no ser así, la cinta se convierte en un espectáculo de visión emocionalmente gore, innecesariamente impúdica que, pese a su calidad, no es lo suficientemente interesante como para suponer algo novedoso. Sus protagonistas, Pernilla August y Jacob Eklund, han acudido junto al director al festival para defender la película que, preocupantemente, bebe más de las experiencias personales del director que de influencias de otro tipo. Han salido a la palestra términos como el Dogma o directores como John Cassavates, del que reconoció admirar su capacidad para captar la expresión del rostro.

Sandrine Bonnaire - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínEl rostro más bello que ha pasado por la alfombra roja de Berlín ha sido el de Sandrine Bonnaire, la actriz principal de la última y espléndida, aunque imperfecta, obra de Patrice Leconte. El director de “El marido de la peluquera” retoma un pulso narrativo que parecía perdido en su filmografía reciente para componer una bonita cápsula de magia en la mundana vida de un asesor financiero. Confundido con un psiquiatra, recibirá la consulta de una mujer deseosa de salvar su matrimonio y su vida sexual y, sin poder evitarlo, se creará un extraño vínculo de los dos personajes a esta falsa terapia. Bonita telaraña en la que se enredan la compasión, la necesidad, la soledad, el desamor y la ilusión, Leconte capta momentos de hermosura en sus diálogos y en la creación casi escultórica de sus personajes principales. A la presencia refrescante y natural de Bonnaire se superpone un trabajo interpretativo de Fabrice Luchine de una ternura y una ductilidad que lo perfilan ya, en este primer día, como un más que firme candidato a recoger su respectivo premio. Su trabajo esconde, tras la pasividad de su personaje, una elocuencia gestual nada histriónica que refleja cada titubeo, cada cavilación de su personaje y dota a la evolución dramática una tensión y un nerviosismo amoroso que crea una calidez que contrasta con la fotografía gris de Eduardo Serra. La cinta ha sido recibida, no obstante, con división de opiniones, y a ello ha contribuido un desenlace demasiado edulcorado para el tenebrismo que impregna las brillantes secuencias de diálogo entre sus peculiares protagonistas. A pesar de ello, es irrebatible que Confidences trop intimes es una pieza sólida de Séptimo Arte, moldeada con contención y bañada en sensibilidad.

Jack Nicholson y Diane Keaton - Foto copyright © 2004 Festival de BerlínSin embargo, por exigencias estrictas del show business, el evento que acapara titulares, flashes y récord de asistencia es la presencia de dos actores de sumo prestigio y de envidiable veteranía: Jack Nicholson y Diane Keaton. Esta última, nominada el Oscar por la película que presenta, Cuando menos te lo esperas..., proporcionó a la audiencia el sentimiento vivo de la desmitificación por un estado de sospechosa falta de reflejos y de inteligencia en sus comentarios. Una verdadera pena que empaña ligeramente la grata sorpresa que nos había dado verla en plena forma en la película con una interpretación tan versátil y completa que rellena los numerosos agujeros narrativos del guión de Nancy Meyers. La película, básica y elemental donde las haya, funciona gracias a la vis cómica de sus intérpretes, y esa genialidad profesional sí fue conservada en su estado más puro por Jack Nicholson, que acaparó el protagonismo en la conferencia de prensa, le dio vida, ritmo y brillantez como hacía tiempo que ya no se veía en el Hyatt de Berlín. Sus comentarios irónicos acerca de la política («todo va estupendamente», comentó) y su metodología de respuestas inteligentes aun a la más necia de las preguntas demostraron la calidad de su carisma y su capacidad de alimentar la propia leyenda. Como mera comparsa, Amanda Peet y Hans Zimmer completaron la representación de la película, que ha cosechado un gran éxito comercial en Estados Unidos.
 

  Fotos copyright © 2004 Festival Internacional de Cine de Berlín.


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