La mediocridad sigue siendo
el principal nutriente que se ofrece al espectador en este
banquete cinematográfico de la Berlinale. Ninguna de las
películas a competición aportaron grandes logros ni artísticos
ni técnicos, mientras que el español Miguel Albaladejo presentó
en Panorama su última y más dramática película: “Cachorro”.
Mateo
Sancho Cardiel, Berlín–
La jornada
comenzó con el thriller
croata “Witnesses”,
que ha sido acogido
como una cinta
entretenida, pasable... de estas que, ya que las has visto,
intentas verle el lado positivo. Ha agradado por la falta de
expectativas a la vista de una nacionalidad que nos suena
tremendamente exótica, porque la que sí que quedó muy por debajo
de lo que todo el mundo esperaba ha sido “Country
of my skull”, la película de John
Boorman que prometía profundizar en los entresijos de
la desaparición del apartheid en Sudáfrica. Sin embargo, a pesar
de contar con una ambientación magnífica y una profusión de
medios, la oquedad de su trama, el convencional desarrollo de la
misma y la visión tan sumamente fácil de un tema tan
interesante, disuelven los méritos de unas buenas
interpretaciones y una competente dirección. La
película da tumbos entre la improbable historia de amor entre
los dos protagonistas (aun así,
excelentes Juliette Binoche y
Samuel L. Jackson) y establece una básica estructura
movida por los juicios contra las actitudes vejatorias y
asesinas de hombres de raza blanca. No
crea tensión, ni emoción, no implica al espectador porque oye el
chirrío de un mecanismo forzado, diseñado desde el
desconocimiento al servicio de un mensaje que, por su
maniqueísmo y su simplicidad, pierde cualquier fuerza. Y
el menú no ha elevado su tono con “The missing”,
el primer paso de Ron Howard hacia la autoría
con resultados que no recomiendan su continuidad y nos hacen
pedirle la vuelta a lo anodino de su trabajo previo. Fusión de
géneros tan distantes como el western y el esoterismo, la
película no llega a superar la incompatibilidad de ambos y se
pierde por caminos narrativos totalmente desbrozados. Pese a la
presencia de Cate Blanchett
en la ciudad y la importancia informativa que su ficha técnica
representa, las deserciones han sido habituales a lo largo de la
proyección que se ha extendido hasta las dos horas y diez.
Con
esta competición, no es pecar de patriota el afirmar que lo
mejor del día ha venido de parte de la producción española.
Miguel Albaladejo trajo a la Berlinale su
última película, “Cachorro”,
que, aunque no se puede evitar calificar de tropezón la cinta en
su hasta ahora irreprochable trayectoria profesional, contiene
factores que la hacen digna de ver. Como él mismo ha dicho,
«parecía ideal para competir en un festival de Osos y con un
premio como el Teddy Bear». Relato de un dentista homosexual,
orondo y peludo, (“oso” en la jerga gay) que se tendrá que hacer
cargo de su sobrino cuando su hermana es detenida en la India
por tráfico de drogas, la película peca de ambiciosa y vuelve a
caer en un prototipo de cinta complaciente con el público gay
con más escasez de miras. Pese a todo, vislumbramos entre la
sobrecargada trama los aciertos de un director que
sabemos a ciencia cierta que tiene talento, pero al que la
película se le va de las manos por su deseo de mezclar
demasiados elementos en una historia principal muy bien tratada
pero que sucumbe a un abigarrado y turbulento contexto. De esta
manera, lo que era una historia reconocible, cercana y comedida,
admirablemente afrontada con naturalidad, adquiere unos ribetes
de exceso melodramático que desvirtúan el potencialmente muy
interesante y poco manido tema de la compatibilidad de un
homosexual como cabeza de familia.
El director, junto con el protagonista
–un estupendo José Luis García-Pérez– y
el actor francés Arno Chavrier han acudido al
festival a presentar la película y, ante una audiencia casi en
su totalidad española,
han visto cómo distribuidoras de diferentes países mostraban su
interés por comprar la cinta. Albaladejo comentó que esperaba
que la película se entendiera perfectamente, a pesar de contener
numerosos guiños a la
España “cañí” que más han caracterizado a su director y que,
curiosamente, son introducidos con calzador en la tensión
dramática. También se ha mostrado encantado de haber sido
convocado por el festival y, en cuanto a lo explícito de sus
escenas de sexo, ha hablado de la importancia de éstas
a lo largo de la película por la evolución del personaje.
Asimismo, reconoció algo de autocensura en algunas de estas
escenas, pero “prometió” que saldrían como reclamo en la edición
del DVD. Y es que ha destacado que la película, que se estrena a
finales de este mes, aunque va dirigida a todo tipo de público,
espera tener muy buena acogida entre el sector homosexual.