CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Telenovela para la lucha
Si algo caracteriza a Ken Loach
es convertir su cine en instrumento para la denuncia política o
social de lo que considera injusto o abusivo, y hacer-lo
mediante el choque y enfrentamiento con pensamientos opuestos al
su-yo. Es un cine reivindicativo y de oposición –no en vano en
todas sus en-trevistas destaca su afiliación leninista–,
construido con ideas preconcebi-das que marcan la pauta de un
guión combativo, para el que siempre cuen-ta con su amigo
Paul Laverty.
En esta ocasión su propósito
es enunciado, en una especie de prólogo, por una joven
estudiante de Glasgow pero de familia pakistaní, para quien hay
que superar la barreras culturales y religiosas en las
relaciones perso-nales. La película tratará de poner el azúcar
suficiente para digerir este principio, desarrollando una
historia de amor entre un musulmán pakistaní –que iba a casarse
con una chica musulmana por acuerdo familiar– con una profesora
de música, católica y recién divorciada. Este amor naciente se
presenta como imposible por suponer una deshonra para la familia
y co-munidad musulmana, a la vez que choca con el clima adverso
en el entor-no católico de ella, hasta suponerle el despido del
instituto.
El director británico sabe
lo que busca y pulsa todas las teclas para ganarse al espectador,
y convencerle de que religión y cultura –musul-mana o católica–
suponen con frecuencia un factor de intolerancia que lle-va al
enfrentamiento o separación de las personas. Nada más fácil que
ser-virse de la historia romántica de quienes se sienten atados
por los impera-tivos de lo que su educación considera correcto,
que tienen cortadas sus alas para volar y hacer por sí mismos lo
que deben, que no son libres para amar... Visión un tanto
superficial de la vida en común y del amor al obviar tantas
circunstancias que hay que considerar para que un sentimiento de
afecto prospere; nos ofrece, más bien, un sentimiento que poco
tiene que ver con el amor y mucho con el deseo –más aún al
cargar las tintas en unos encuentros sexuales en los que se
detiene con morbosidad y fuerte contenido erótico–, y una vida
construida sin tener en cuenta las conviccio-nes y las raíces.
No le basta a Loach con este glamour epi-dérmico para atraer al
público contra lo que llama “otro tipo de terrorismo”, que echa
ma-no de una música melódica y romántica que la bella rubia
interpreta al piano, o de estudia-dos toques cómicos que
introduce oportuna-mente. Con todo, el guión se presenta
co-mo lineal, simple y muy trillado ya por cientos de películas
al uso, transparente pero tendencioso al perfilar unos
personajes que refuerzan su postura ideológica: por un lado,
unos padres pakistaníes irracionales y fanáticos, que anteponen
su tradición a la felicidad de su hijo hasta el punto de hacerle
una auténtica encerrona, y un párroco católi-co agrio, colérico
y maleducado que increpa e insulta a la chica; por el otro, un
joven confundido entre el amor a su fa-milia o tradiciones y el
que siente hacia su novia, y una profesora liberal, sincera y
sensata al que se le niega la posibilidad de amar y reconstruir
su vida. El esquematismo del guión aumenta al caer en tópicos
mil veces vis-tos en el cine, apuntados en torno a los
irlandeses católicos, al racismo británico o a los aires
aperturistas de las nuevas generaciones que se ven obligadas a
una doble vida. En definitiva, que el director no logra
despegar-se de su propio punto de vista “occidental” para
comprender la mentalidad musulmana, ni parece entender que la
religión no enfrenta ni genera intole-rancia cuando se entiende
bien, sino que ésta llega por la falta de respeto y sensatez
personal.
Película combativa bajo el
antifaz de telenovela, que llega al espectador por acertar al
darle una historia de amor y pasión, de lucha y rebeldía fren-te
a una sociedad que impone sus reglas. Quizá por ello ganase el
premio del público en la
Seminci’49,
porque desde el punto de vista cinemato-gráfico aporta poco
más que lo que supone saber usar hábilmente de los recursos de
la técnica, puestos al servicio de una causa.
Calificación:
    
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