PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


IN MY COUNTRY
(Country of my skull)


cartel

Dirección: John Boorman.
Países:
Reino Unido e Irlanda.
Año: 2004.
Duración: 104 min.
Género: Drama.
Interpretación: Samuel L. Jackson (Langston Whitfield), Juliette Binoche (Anna Malan), Brendan Gleeson (De Jager), Menzi Ngubane (Dumi), Sam Ngakane (Anderson), Aletta Bezuidenhout (Elsa), Lionel Newton (Edward Morgan), Langley Kirkwood (Boetie), Owen Sejake (Reverendo Mzondo), Harriet Manamela (Albertina).
Guión: Ann Peacock; basado en el libro de Antjie Krog.
Producción: Robert Chartoff, Mike Medavoy, John Boorman, Kieran Corrigan y Lynn Hendee.
Fotografía: Seamus Deasy.
Montaje: Ron Davis.
Diseño de producción: Derek Wallace.
Dirección artística: Emilia Roux-Weavind.
Vestuario: Jo Katsaras.
Estreno en España: 22 Abril 2005.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Café con leche y azucarado

  Resulta encomiable y valiente la decisión de Boorman por llevar al cine lo sucedido en Sudáfrica tras el Apartheid, cuando las autoridades iniciaron un proceso de reconstrucción nacional a través de la búsqueda de la ver-dad, abiertos al perdón y la reconciliación con quienes confesasen sus crí-menes. Sin duda, estamos ante una barbarie más de las que los hombres han llevado a cabo bajo la justificación de tratarse de medidas políticas previsoras de desórdenes futuros, o de que simplemente acataban órdenes de superiores, obviando que no siempre lo legal es moral o ético. No hay que irse al holocausto nazi para encontrar aberraciones similares, porque en nuestros días siguen existiendo impunemente.

  Un tema tan serio, que pretende mostrar al espectador —en clave de fic-ción— las mayores vejaciones, tropelías, violaciones o torturas, no puede hacerse sin respeto ni veracidad. No es fácil trasmitir la verdad de lo suce-dido sin caer en lo tendencioso, sin derivar hacia lo morboso, sin hundirse en lo desagradable. El director de la película no lo hace, pues centra la tra-ma en múltiples declaraciones de víctimas y acusados, con un discurso denunciatorio pero que rara vez respalda con crueldad en las imágenes: prefiere la palabra, los rostros resignados o llorosos de quienes declaran, o algunos planos de los instrumentos de tortura o de esqueletos desenterra-dos. Pero aunque Boorman es pudoroso y honesto en ese término, no lo-gra trasmitir la gravedad ni la fuerza que aquellos hechos encie-rran: le sale una película de denuncia sin fuerza ni con sensación de verosimilitud, y tampoco llega a calar en el espíritu de compa-sión y misericordia que sin duda el pueblo africano demostró. Toda la trama está enfocada desde una óptica occidental, la de dos periodistas que cubren las vistas judiciales para sus respectivos medios: Langston, un negro del Washington Post, y Anna, una poeta blanca y afrikaner sensibili-zada ante los atropellos de humanidad.

  Cuesta imaginar a Juliette Binoche de afri-kaner, y aunque se esfuerza por dar drama-tismo a su personaje y credibilidad a las si-tuaciones, no pasa de ser un islote desmar-cado del resto del reparto, más bien figuran-tes de una puesta en escena en que —como se ha dicho— todo gira en torno a unas de-claraciones terroríficas y a dos actores entre los que no hay ninguna química (con lo que la pretendida metáfora en torno a la convivencia posible de blancos y negros deja de funcio-nar). El guión aparece desestructurado, se empantana con tanta declaración, y se hace previsible y tópico con posturas en torno al problema racista. Cuando la pelí-cula pasa por sus horas más bajas, el director intenta relanzarla con el enamoramiento —un tanto forzado y artificioso— entre Binoche y Samuel L. Jackson, en un tórrido e increíble romance que a todas luces no pros-perará porque la película va sobre la “Verdad y Reconciliación”, y ahí se ha introducido la mentira en sus matrimonios: ése era el lema del gobierno su-dafricano para recuperar a la mayor parte de criminales confesos (según se nos dice en los títulos de crédito finales, 1.163 obtuvieron la amnistía de un total de 21.800 declaraciones), con lo que la coherencia exigía que esas máximas de buscar la verdad y el perdón se llevasen también al terreno de lo privado.

  En definitiva, el director británico se mueve con buenas intenciones,  de-nunciando injusticias y apoyándose en la capacidad del hombre para olvi-dar y perdonar, para recomenzar tras el error. Pero no logra imprimir a sus personajes ni a su historia un espíritu apropiado, y desaprovecha un buen material para quedarse en una fallida película, que avanza sin conmover —aunque alguna escena emocione y pueda rescatarse a este juicio— y sin sorprender a un espectador aburrido y decepcionado. Estuvo en la 49ª Se-minci fuera de concurso, aunque —a juzgar por su mala acogida entre el público y crítica— no parece que hubiese recogido nada en caso de com-petir.

Calificación:


Imágenes de "In my country" - Copyright © 2004 Phoenix Pictures, The Film Consortium, Merlin Films, UK Film Council, Industrial Development Corporation of South Africa Limited e Inside Track Productions. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

Página principal de "In my country"
Añade "In my country" a tus películas favoritas
Opina sobre "In my country" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "In my country" a un amigo
 


OTRAS PELÍCULAS DEL FESTIVAL

Beautiful country     25 degrés en hiver     El abrazo partido     Feux rouges     Om jag vänder mig om (Daybreak)     The final cut


Suscribe tu correo para recibir gratis los boletines de La Butaca:

© 2004 LaButaca.net - Revista de Cine. Ángel Castillo Moreno. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.