CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Mal gusto
Tengo una
buena y una mala noticia acerca de "In my country", así que
empezaremos por la mala para luego compensar: este largome-traje
no sólo dispone de una baja calidad en lo estrictamente
cinematográfico, sino que su voluntarioso mensaje ha sido
transmitido de una forma tan incompetente que termina
ofen-diendo a aquellos a los que se proponía ho-menajear, y
resulta al mismo tiempo nociva para cualquier espectador que
considere que las buenas intenciones de poco sirven si se
canalizan por pésimos medios, volviéndolas finalmente en su
contra. Pero dije que había otra forma optimista y constructiva
de enca-rarlo, y es que al menos podrán ahorrar su dinero, tiempo
y energías no acudiendo a la sala donde la proyecten, e
invertirlo en otro producto más cabal, logrado y entretenido,
o como mínimo más inofensivo. Marginalmente, sólo le puedo
otorgar un "mérito" a este lastimoso film, porque hacía tiempo
que no sentía tanta vergüenza de una película, y de veras
que me la provocó.
"In my
country" relata el proceso sudafricano conocido como "Comisión
para la verdad y la reconciliación" —proceso por el que los
crímenes come-tidos durante el Apartheid gozarían de una amnistía
si los responsables se confesaban arrepentidos— a través de dos
observadores interesados en la cuestión: un periodista
afroamericano (Samuel L. Jackson)
y una poeta afrikaaner (Juliette
Binoche), quienes, al mismo tiempo que asisten a los
espeluznantes testimonios de las víctimas sobre las torturas,
vejaciones y asesinatos que sufrieron, y descubren nuevos y
penosos aspectos de una realidad que desconocían, se verán
envueltos en un (adúltero) romance in-terracial.
Lamentablemente,
"In my country" responde al típico caso en que un tema decisivo,
doloroso, intenso, delicado, y lleno de matices y posibilidades
dramáticas y reflexivas, ha sido abordado de una ma-nera tan
rutinaria, plana, desmadejada, desapasionada, patosa, in-fantil, absurda, grotesca,
obtusa, forzada y terroríficamente previsi-ble —y suma y sigue—
que al final de la proyección, uno no sabe si lo que ha visto es una tomadura de pelo, una falta de respeto, o
am-bas las dos y a la par.
Si nos
ceñimos a su guión, basado en un libro de
Antjie Krog
que la sudafricana
Ann Peacock
se ha encargado de adaptar para la gran pantalla,
en el mejor de los casos es mediocre
e inoperante, y en el peor un com-pleto despropósito. Las
situaciones y diálo-gos son ridículos, sobados, cogidos por los
pelos y tan sonrojantemente tópicos y forza-dos que uno no deja
de "maravillarse" ante la evidencia de que hayan podido caer, una
vez tras otra, en semejantes absurdos. El relato alterna
sin concierto, sin gracia y sin una aparente justificación de
continuidad las es-cenas que tienen lugar en el interior de la
sa-la donde se celebra la Comisión con aquellas que en principio
deberían servir para desarrollar a los personajes y sus
re-laciones en el exterior, y con aquellas otras en las que la
pareja protago-nista investiga en paralelo por su propia cuenta.
Sin embargo, el resultado es una sucesión de momentos
desconectados e inefectivos que nun-ca alcanzan profundidad o
evolución dramática alguna, y unos per-sonajes unidimensionales y
poco convincentes a los que se les de-para un affaire romántico
que huele a muerto antes de empezar. En cuanto a la parte
dedicada a los testimonios y a destapar otros horrores del
Apartheid es la más dura por sus contenidos, y contrasta con la
bana-lidad de otros momentos, pero está tan mal enfocada, y
expuesta de una manera tan torpe, burda y maniquea que raya la
bufonada. Pero, como ya advertía al inicio, lo peor de todo es
que convierte la horrible realidad en el más vergonzoso y
esperpéntico cliché. Me habría reído con ganas de la
in-capacidad de los responsables de "In my country" para aportar
algo de me-sura, honestidad, elegancia y respeto por la situación
que estaban expli-cando si no se hubiera tratado de una barbarie
real, pero así las cosas, sólo pude preguntarme dónde quedaba la
dignidad de los afectados en la película viendo el flaco favor
que les hacían.
Tampoco la labor de
John Boorman tras las cámaras arroja un saldo
aceptable. No es que esperara gran cosa de este realizador
inglés, pues si hacemos un repaso por su filmografía, no podría
ser más desconcertante, por irregular y variopinta, y ya su
anterior título, "El sastre de Panamá"
—precisamente otra adaptación, en aquel caso de todo un best
seller de John Le Carré—, había hecho que le retirara la
moderada consideración que le tenía. Pero su puesta en escena
aquí es francamente insípida, ro-ma, acartonada y monótona. En
el resto de apartados, las perspectivas son, del mismo modo,
desalentadoras. El diseño de producción es es-pecialmente
pobre, más propio de un telefilm de modesto presu-puesto que de
una producción de estas características, y ni siquiera se salva
en el capítulo fotográfico, sobre todo teniendo en cuenta las
oportunidades que se le brindaban en ese paisaje de gentes y
escenarios naturales.
Igual de
grave es el despilfarro de talento
interpretativo con que humilla a sus atractivos cabezas de
cartel. Los siempre solventes, cuando no es-pléndidos, Juliette
Binoche y Samuel L. Jackson salen bastante mal para-dos de esta encerrona
en que se han metido. No podrían resultar menos creíbles en sus
papeles ni estar peor dirigidos, y la química entre ellos, co-mo
pareja romántica, es nula. Si bien el desempeño de Jackson
podría considerarse pasable, la francesa aparece directamente
como una insol-vente pasada de rosca.
Me hubiese encantado poder recomendar "In my country" aunque
sólo fuese en su ca-lidad de denuncia o testimonio de unos he-chos
reales, por su valor crítico, especulativo o de memoria
histórica, pero tal como están presentados, insertados y
tratados los maca-bros detalles sobre las barbaridades cometi-das
durante el Apartheid, su presencia sólo sirve para que se te
remueva el estómago con morbosidades innecesarias en una
película que no tiene nada, absolutamente nada más que ofrecer,
y que desaprovecha cuanto tenía entre manos. Si alguien desea
informarse sobre aquellos sucesos, hará mucho me-jor cogiendo un
libro de texto o viendo algunos de los muchos documentales que
se han rodado al respec-to. Siempre se está a tiempo de ver otras
pésimas películas que al menos no ofenden como ésta. A su paso
por los festivales de Berlín y Valladolid, "In my country"
levantó no poca polvareda, y es que, una vez conocidas las
razones de tan encendido rechazo, sólo puedo sumarme a él, así
como otorgar a esta nefasta propuesta poco más que la mínima puntuación
po-sible, y únicamente porque quiero creer que en algún rincón
existían unas buenas intenciones iniciales que, es obvio, se
perdieron por el camino.
Calificación:
    
Imágenes de "In my country" - Copyright © 2004
Phoenix Pictures, The Film Consortium, Merlin Films, UK Film
Council, Industrial Development Corporation of South Africa
Limited e Inside Track Productions. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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