CÓMO SE HIZO "MARÍA
LLENA ERES DE GRACIA"
Notas de producción
© 2004
Golem
María Llena Eres de Gracia,
opera prima de Joshua Marston es una película realista, que
expresa vigorosamente los matices y detalles en la vida de una
persona. Narra el recorrido de María Álvarez desde una
plantación de flores en una población colombiana hasta las
calles de Nueva York. María Llena Eres de Gracia nos relata una
apremiante historia sobre el riesgo, la determinación y sobre
vivencia. Nos muestra los detalles de una experiencia que la
mayoría desconoce. María, una joven compleja, en una situación
límite, quien al igual que el espectador desconoce cómo se
desencadenarán los eventos que la lleven a tomar cada una de las
decisiones de esta historia; Catalina Sandino en el papel de
Maria nos ofrece una actuación llena de vida que personifica
todas las fuerzas, fallas y contradicciones del entorno en que
le ha correspondido vivir a su personaje.
El cineasta Joshua Marston
conjugó en esta obra una serie de temas de interés personal que
traía desde hace mucho tiempo, como lo son su curiosidad en
otras culturas y la experiencia de los inmigrantes en Estados
Unidos. Marston vive en Brooklyn, barrio de Nueva York donde
viven muchos colombianos y desde donde ha seguido con
detenimiento las políticas y los asuntos internos de Colombia,
incluyendo la prolongada Guerra Civil a la que ha estado
sometida desde hace años. “Como cineasta intento alcanzar un
mundo externo en donde encuentro gente, lugares e historias
convincentes, una vez logrado esto me dedico a escuchar, a
recibir” señala Marston. “Esa especie de enfoque antropológico
es el motivo por el que soy cineasta, y la razón por la cual
deseo contar historias”.
Marston escuchó sobre la vida
que algunos colombianos han dejado atrás y la que ahora viven.
Un día conversó con una mujer que había tragado pepas con
heroína, las cuales transportó hacia los Estados Unido solo para
terminar capturada y arrestada. El tema del tráfico de drogas
había surgido anteriormente, pero en esta ocasión la historia de
este mundo oculto fue narrada a él por alguien que lo conocía de
primera mano. Marston señala que “Fué una historia que jamás
había presenciado, definitivamente nunca había escuchado algo
semejante de alguien que había sido mula. Esa fue una de las
primeras inspiraciones para la película: observar lo que es ser
mula e intentar imaginarlo desde la perspectiva de esa persona.
Así intenté comprender los motivos que pueden impulsar a alguien
a una situación tan extrema como esa”.
Durante el proceso de
escritura Marston continuó con la investigación que le daría la
autenticidad y textura que la historia de María necesitaba.
Conversó con mulas que se encuentran en la cárcel y se reunió
con oficiales de aduana del aeropuerto Kennedy en Nueva York
donde observó los interrogatorios realizados a varios pasajeros
provenientes de Colombia. Aprendió que la droga se empaca en
pepas de caucho y que dependiendo del tamaño de la persona una
mula puede transportar hasta un kilo de cocaína o heroína dentro
del estómago. También entrevistó un cirujano quien le describió
en detalle cómo en repetidas ocasiones ha salvado la vida de
varias “mulas” sacando las pepas por medios quirúrgicos.
Sin embargo, la investigación
sobre el tráfico de drogas fue sencilla en comparación con la
investigación necesaria para el desarrollo de los personajes,
pues la historia no era sobre tráfico de drogas sino sobre una
joven - llamada María. Marston recuerda que “Comencé a pensar a
fondo en María y las decisiones que ella toma. Existen más de
mil millones de personas en éste planeta que subsisten con menos
de un dólar diario; todos no son mulas de drogas. Quiere decir
que la pregunta se plantea a si misma: ¿qué motiva a una persona
que se encuentra en una situación difícil a convertirse en mula?
La conclusión es que existen tantas respuestas como personas
dispuestas a hacerlo”.
La investigación de Marston
lo condujo a Orlando Tobón, respetado líder de la comunidad
colombiana en Nueva York quien ha trabajado ayudando a mulas y a
sus familiares desde 1980. Desde entonces Tobón se ha encargado
de enviar a más de 400 muertos que de lo contrario habrían sido
enterredados en las fosas comunes de Nueva York. Familiares,
doctores, e incluso la policía, acuden a Orlando solicitando su
ayuda cuando una mula fallece en estas condiciones precarias.
Durante este tiempo Orlando a conocido jóvenes de tan sólo 17
años, y ancianos de hasta 82 que han sido mulas; toda su
experiencia la compartió con Marston durante sus innumerables
visitas a la agencia de viajes de Tobón en Queens, barrio de
Nueva York con gran presencia de inmigrantes hispanos. De esta
manera Orlando se convirtió en un pilar importante durante el
desarrollo de la película y finalmente trabajó como Productor
Asociado. “Pensé que era una idea muy bella la de dar a conocer
a la gente un perfil auténtico de la vida de una mula, observar
el lado humano detrás de estas personas” declara Tobón.
Marston vió cómo el altruismo
de Tobón, así como su apoyo incondicional tiene una influencia
diaria y práctica en la vida de la comunidad colombiana en Nueva
York. Su agencia de viajes en la Avenida Roosevelt tiene un
flujo constante de personas buscando su ayuda. Si alguien
necesita algo - ya sea trabajo, un lugar donde vivir o
asistencia con las planillas de inmigración, ellos buscan a
Orlando. Marston comenzó a ver en la figura de Tobón una parte
esencial de la historia que deseaba narrar y por eso desarrolló
un personaje basado en él, como lo es “Don Fernando”.
La parte más compleja de la
investigación fue conocer los detalles de la vida diaria de una
joven en Colombia. Marston conversó con muchos colombianos que
vivieron en pueblos y aprendió sobre la estructura de la familia
Colombiana, las actividades sociales y las arduas condiciones de
trabajo en las plantaciones de flores. El cineasta también contó
con experiencia de primera mano, pues viajó en una ocasión al
Ecuador en donde tuvo la oportunidad de visitar plantaciones de
flores muy semejantes a las del país vecino, Colombia.
A partir de su investigación
Marston desarrolló un guión centrado más en el lado humano de la
historia que en el ámbito de las drogas. María comenzó a surgir
como una joven de 17 años de edad, brillante, determinada, que
deja su niñez y se enfrenta a un futuro incierto. “Considero que
existen aspectos de la vida de una joven de 17 años que van más
allá de las condiciones culturales y económicas. Ese fué uno de
los aspectos que le dieron a la película un característica aún
mas personal para mí, pues se trata de alguien que intenta
descifrar quién es y qué lugar le corresponde en el mundo. Se
trata sobre la inconformidad de María y su instinto de
superación, su búsqueda y anhelo por algo distinto de lo que
tiene a pesar de no poder definirlo en palabras. A partir de
esto se desarrolló un guión que tenía poco que ver con la vida
de una mula y más con la lucha de una joven que intenta huir de
un entorno, un mundo que parece atropellarla, para así poder
alcanzar algo mejor” expresa Marston.
Marston le entregó el guión
al productor Paul Mezey cuyo trabajo en los afamados
largometrajes de corte realista La Ciudad y Our Song
representaba la aproximación estética que Marston imaginaba para
María. Ambas películas habían explorado vidas de personas
comunes dentro de comunidades de inmigrantes y obreros, y fueron
filmadas en esas comunidades principalmente con actores no
profesionales.
Paul Mezey leyó el guión en
una sola sentada.“La historia te atrapa desde el momento en que
se introduce a este personaje” el productor comenta. “Como
espectador no sabes realmente en donde estás metido, de la misma
manera en que María tampoco lo sabe. Los eventos presentados te
van envolviendo poco a poco. A pesar de esto el guión nunca deja
de ser sútil pues trata con gracia el drama pero no permite que
los eventos de la trama sobrepasen el tema central de la
historia - que es la vida de esta joven”.
Marston recibió respuesta de
Mezey una semana después de enviarle el guión. “Tuvimos una
conversación de 45 minutos sobre la historia de la película y
sus personajes” nos comenta Marston. “Desde ese momento, supe
que él entendía la historia que yo deseaba narrar y así se
convirtió en nuestra historia”.
Al ser una película en
español que debía ser filmada en un país políticamente
inestable, con un elenco que incluía actores no profesionales,
Mezey sabía que María Llena Eres de Gracia no sería fácil de
realizar. Pero al igual que Marston, el productor sentía un
apego personal hacia Colombia: su padre había crecido allí. Fue
coincidencialmente que unos días después de tener el guión en
sus manos, Paul haría su primer viaje a Colombia, acompañando a
su padre a una conferencia a la que éste debía asistir. “Leía el
guión mientras conducía con mi padre por el interior del país”,
recuerda Mezey. “Podía ver la historia tomando vida en ese
paisaje que tenía frente a mi, algo visualmente maravilloso.
Allí fue cuando pasé de lo hipotético a lo real”.
Mezey pronto regresó a
Colombia junto con Marston para la primera visita del escritor y
director. El objetivo de este viaje era definir detalles en la
historia y también ver potenciales locaciones para ser
utilizadas. De esta manera Marston pudo apreciar la vida en
Colombia en donde permaneció durante varias semanas. Vivió en
pequeños pueblos y visitó muchísimas plantaciones donde conversó
tanto con los gerentes así como con los trabajadores. En un
centro para adolescentes embarazadas conoció algunas jóvenes que
compartieron con él sus condiciones de vida. Se trasladó a
prisiones para conversar con mulas y conoció a un hombre que por
muchos años se había dedicado a la preparación de las pepas
cargadas de droga. El hombre le mostró cómo se cortan los dedos
de los guantes de caucho, cómo se pesa la droga para luego ser
comprimida mecánicamente dentro de los dedos, cómo son sellados
en seis capas de látex y así ser finalmente cerrados con hilo
dental.
Cuando Mezey comenzó a
trabajar en el proyecto le sugirieron entrar en contacto con
Jaime Osorio Gómez, una figura líder en la comunidad
cinematográfica colombiana. Osorio había realizado producciones
de televisión en toda Sur América y recientemente había
producido la película de Barbet Schroeder La Virgen de los
Sicarios. Al leer el guión, Osorio quedó impresionado con su
autenticidad. “Se leía como si hubiese sido escrito por un
colombiano pues presenta los detalles en la vida de María, su
trabajo, su hogar, su familia y los problemas económicos que
enfrentan día a día”, comenta Osorio. “Al explorar el cómo y el
por qué María toma la decisión de contrabandear drogas, la
historia otorga un elemento humano específico a una temática
familiar como lo es el tráfico de drogas. Jaime Osorio explica
que “todos los días se escuchan las noticias sobre mulas de
drogas que capturan en aviones en Estados Unidos y en Colombia o
de quienes mueren en el intento de contrabandear drogas a Norte
América, Europa o Asia. Escucha la historia sobre algún amigo,
vecino o cualquier extraño que ha sido capturado. Constantemente
vemos anuncios en la televisión Colombiana que son auspiciados
por el gobierno como parte de la campaña en contra del tráfico
de drogas, por eso considero que por estar dentro del bosque es
difícil para nosotros poder ver los árboles que nos rodean”.
Osorio se unió al equipo como
co-productor, e inmediatamente se involucró en la formídable
labor de reclutar al elenco por lo cual estableció dos grupos de
casting en Colombia. Uno convocaba actores profesionales y el
otro, comprendido por un grupo de jóvenes cineastas, conocidos
como “El Barco”, se encargó de localizar el talento no
profesional. “El Barco” se encargó de distribuir volantes en
plantaciones de rosas, de recorrer pueblos con megáfonos sobre
el techo de un auto y también de convocar gente por la radio
promocionando audiciones generales. Paralelamente, en Nueva York
los directores de casting Ellyn Marshall y María Nelson también
hicieron un llamado en las zonas donde existe una gran comunidad
Colombiana como lo son Queens, Nueva Jersey, Long Island y
Miami. De igual manera en Ecuador se organizó un grupo de
casting para la comunidad colombiana presente en Quito, la
capital de ese país.
Fuera profesional o no, la
actriz para el personaje de María no sólo debía tener la
capacidad de llevar toda la película sobre sus hombros, también
debía tener la habilidad de comprender y encarnar las
contradicciones que le dan verosimilitud a este personaje.
“María posee los rasgos de un personaje conflictivo”, observa
Mezey. “Ella reacciona impulsivamente con frecuencia, y no
siempre toma la mejor decisión. Tiene un carácter complejo lo
cual convierte al personaje en un verdadero reto para cualquier
actriz sea profesional o no”.
La actríz para el papel
principal no había sido encontrada, aun después de varios meses
y mas de 800 audiciones. La decisión de aplazar el inició del
rodaje había sido tomada, cuando el director, desalentado de no
haber encontrado a su María, recibió una cinta de vídeo
proveniente de Colombia. “No estaba prestándole mucha atención
al monitor de televisión cuando coloqué la cinta” recuerda
Marston. “Catalina fué la primera audición en la cinta y pasados
los primeros 30 segundos supe que era a quien buscaba. Su
presencia era cautivante, no tenía duda alguna – era María:
tenía la apariencia del personaje que yo había escrito, se
comportaba como ella y emanaba una frescura cautivadora en cada
uno de sus gestos. En cada una de las improvisaciones que
Catalina realizaba yo encontraba algo interesante y distinto a
la anterior”.
Catalina Sandino Moreno,
estudiante universitaria, se enteró a través de una amiga sobre
la audición. Catalina había estudiado teatro, y durante un
tiempo realizó diversas audiciones para comerciales de
televisión, pero nunca había sido seleccionada. Ella recuerda
haber dudado en hacer la audición para esta película. “Me dije a
mí misma, -Si no me han elegido para ninguna otra cosa, ¿por qué
habrían de escogerme para una película?” Pero mi amiga me dijo;
“Tienes que intentarlo” y mi madre también insistió, “Sí, tienes
que ir, tienes que ir”.
Mientras tanto el equipo de
El Barco realizó una visita en un colegio en el sur de Bogotá.
Las clases recién habían terminado y los estudiantes apenas
salían de las aulas pero convencieron a 35 de ellos para que se
quedaran un rato más. Uno por uno posaron frente a la cámara,
dieron su nombre y dijeron algo sobre sus vidas. Una vez vieron
a Yenny Paola Vega en la audición, el equipo de El Barco fué
conciente del parecido entre ella y el personaje de Blanca.
“Esta muchacha jamás había actuado en su vida, nunca había
pensado siquiera en trabajar en una de las obras de teatro de la
escuela y mucho menos se le habría ocurrido tomarse la molestia
de ir en autobús al norte de Bogotá para una audición” comenta
Marston. Vega hizo varias improvisaciones que impresionaron al
director. “Tiene una maravillosa habilidad natural de
improvisación y para colocarse en situaciones imaginarias
adoptando el personaje que se le entrega” recuerda Marston.
Durante el otoño del 2001 la
inestabilidad política y violencia en Colombia estaban llegando
a un momento particularmente turbulento. Por este motivo el
temor de rodar la película en Colombia bajo esas circunstancias
se incrementaba día a día. Se comenzó a pensar en alternativas
de rodaje, incluyendo Ecuador, país fronterizo con Colombia y el
cual posee una topografía similar. La proximidad geográfica
significaba que el equipo de producción podría ser trasladado de
Colombia a Ecuador. Una de las ventajas adicionales era la
presencia de numerosas plantaciones de flores, muchas de las
cuales pertenecen a Colombianos que han emigrado al Ecuador.
El traslado de la producción
de un país a otro implicó muchas dificultades para los
realizadores de la película. La inquietud principal era mantener
la integridad visual de la película, ambientada originalmente en
Colombia, un asunto que involucra actores, extras y locaciones
por igual. Para asegurar que las locaciones interiores y
exteriores fueran precisas hasta el último detalle, Jaime Osorio
contó con la contratación de un equipo de trabajo clave en
Colombia, incluyendo a la diseñadora de producción Mónica
Marulanda quien diseñó la producción de La Virgen de los
Sicarios. Osorio también buscó personal experimentado, con el
cual ya había trabajado y conocía dentro de la industria del
cine y la televisión en Ecuador. Altercine se incorporó al
equipo de producción siendo una agencia de servicios de
producción que opera en Quito. La compañía es encabezada por la
productora Gigia Jaramillo y el documentalista Pocho Alvarez.
Distintas locaciones fueron
estudiadas y un pequeño pueblo al sur de Quito, Amaguaña, fué
elegido como lugar a ser utilizado para doblar la población de
María. Inmediatamente se inició la labor de ambientación de las
residencias y edificios públicos en Amaguaña, dado que los
colores vibrantes que predominan en el paisaje colombiano no son
de uso común en el Ecuador. El equipo de producción también
trajo de Colombia muebles para las locaciones interiores, así
cómo la señalización de tránsito con las letras y estilos de uso
común en Colombia.
Al llegar los actores a
Amaguaña el pueblo ya estaba transformado. Dice Catalina que
“Tanto la iglesia, el hospital, la farmacia y el bar - fueron
esos cuatro lugares particularmente los que fueron ambientados
de manera idéntica a los de un pueblo colombiano”. Los colores
eran los mismos, así como la casa de María - era una casa
colombiana. Yo sentía que estaba en mi país”.
Marston pasó tres semanas
ensayando y utilizando un método específico con los actores que
trabajarían en la porción colombiana de la historia. Una vez
seleccionados, los actores recibieron una versión de la primera
parte del guión en español (que termina cuando María aborda el
avión) bajo la condición que tendrían tan solo 24 horas para
leer el texto. Cuando los actores llegaron a Ecuador, varias
semanas después de haber leído la primera mitad del guión,
improvisaron sus diálogos de acuerdo a las características de
sus personajes y a su historia personal. A los pocos días
comenzaron a improvisar escenas específicas basándose en lo que
recordaban de ellas. Marston y los actores leyeron el guión
original y rescribieron las escenas según las improvisaciones
realizadas. Como resultado Marston explica “Cada actor encontró
la forma en que sus personajes hablarían. Los actores crearon un
sentido de pertenencia sobre la historia y cada una de las
escenas, sobre sus personajes y en particular sobre sus propios
parlamentos”.
Los ensayos también
contribuyeron a crear un entendimiento armonioso entre los
actores, tan necesario para proyectar relaciones vívidas en
pantalla. Sobre todo en la relación entre Catalina y Yenny
quienes están juntas a lo largo de la película como María y
Blanca. Catalina recuerda que “de inmediato hubo una conexión
entre nosotras. Empezamos a hablar sobre nuestra vida personal
por fuera de los ensayos y conversamos sobre cómo iban a ser
nuestros personajes y qué imaginábamos en cada escena. Me gusta
mucho cómo María y Blanca se mantienen unidas a lo largo de esta
aventura. Al final se dan cuenta que han superado suficientes
situaciones y están listas para mantenerse por sí solas. Se
trata de la amistad y la independencia”.
Un sentido de espontaneidad y
naturalidad predominó en el esquema visual de la película.
Marston y el director de fotografía Jim Denault decidieron que
una cámara en mano sería la forma más segura de capturar la
intimidad que la historia de María exigía. Marston comenta que
“de la misma manera que María es quien lleva toda la fuerza de
la película, también es la fuerza de lo que nosotros observamos.
Si ella está en movimiento, nosotros también nos movemos para
mantenernos junto a ella. Jim Denault fue clave para ayudar a
definir la apariencia y la sensación cinematográfica adecuada
para integrar a María y su historia”.
Fue evidente de inmediato que
Catalina representaba para Marston una actríz con la fuerza
suficiente para mantener la cámara con facilidad. “Catalina no
sólo trajo consigo al proceso de ensayos la frescura y la
creatividad que yo había percibido en su audición, una vez que
comenzamos a rodar instintivamente supo cómo comportarse frente
a una cámara”.
La actríz por su parte, alaba
a Marston por ayudarla a afilar su personaje y colocarla en una
posición relajada. “Josh fue un apoyo grande, me dio muchas
fuerzas a lo largo del rodaje”. Naturalmente, Sandino se mostró
aprensiva en un principio por debutar en una película en la que
formaba parte de todas las escenas. “Pero al trabajar con Josh y
Paul supe que cada día de rodaje iba a estar bien”.
Era de suma importancia para
los realizadores que al iniciar el rodaje pudieran ellos
trabajar muy de cerca con la comunidad donde se filmaría la
película. En Ecuador el elenco completo y el equipo técnico era
colombianos, por ese motivo todas las operaciones de campo se
realizaron en español. Se establecieron buenas relaciones desde
el comienzo y los creadores de la película intentaron aportar
cuanto fuera posible del presupuesto de la película hacia la
economía local, ya fuera contratando los servicios de algún
restaurante cercano o alquilando utilería de los residentes de
Amaguaña. Al rodar la escena de la fiesta en la plaza principal
de Amaguaña se invitó a todo el pueblo a que asistiera. En Nueva
York prevaleció la misma filosofía y la presencia del productor
asociado Orlando Tobón aseguró la benevolencia de la comunidad
colombiana. La gente del vecindario Jackson Heights le dio la
bienvenida a la película. Tobón comenta que “Es la primera vez
que algo así ocurre en esta zona. Nadie había hecho una película
sobre la experiencia colombiana dentro de una comunidad
colombiana en Queens”.
Tobón también hizo su debut
actoral en la película como “Don Fernando” quien de inmediato
intuye que María se encuentra en apuros y organiza los
preparativos del funeral para su amiga Lucy. “Cuando rodábamos
la película me sentía en una situación real, porque este tipo de
historias las he vivido en repetidas ocasiones” Tobón comenta.
“Cuando vi a Catalina como María, comencé a recordar personas
con los mismos problemas. Esta película es muy, muy auténtica”.
La experiencia colombiana de
inmigrantes está representada en el personaje de Carla (Patricia
Rae), la hermana de Lucy que le abre las puertas de su casa a
María. Como Carla se lo describe a María, la promesa de una
nueva vida en Estados Unidos no es tan fácil e implica muchos
sacrificios. Este era un tema frecuente en las conversaciones
entre Marston y los inmigrantes que conoció durante su
investigación, independientemente del país de origen de estas
personas. “Por donde mires hay gente que viene de otros lugares
del mundo intentando encontrar algo diferente, un nuevo
horizonte” reflexiona el cineasta. “Una de las cosas que me
interesaba reflejar en la película era qué se siente como
inmigrante al llegar a este país. Retratar esos sentimientos en
conflicto: el de dejar tu hogar y tomar la decisión de vivir en
otro lugar del mundo, con la sensación permanente de querer
estar estar allá y acá a la vez”.
Al final María decide formar
parte de la historia de inmigrantes. Una decisión que refleja la
madurez del personaje y un entendimiento más profundo de lo que
podría ser su vida. “Es una muchacha muy fuerte”, observa
Sandino. “Me encanta la manera con la que lucha por su bebé. No
está enamorada de su novio pero ama al niño que lleva dentro.
Lógicamente no desea que su hijo pase por lo que ella ha tenido
que vivir”.
Así es como María aprende a
moldear su vida de una manera diferente. “Uno de los rasgos de
madurez del personaje se percibe en cómo María comienza a tomar
decisiones más acertadas y positivas en la medida en que la
historia avanza. No sólo se trata de lo que no desea en su vida,
sino de lo que si desea” reflexiona Marston. Su búsqueda se
refleja en el título de la película. “María sí tiene su propia
gracia, y ésta es el potencial de alcanzar algo mas allá de lo
que ella pueda llegar a imaginar, considerando las
circunstancias que la rodean en un principio”.
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