CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Una película notable para un
documento imprescindible
La historia de esta película ha de empezar necesariamente por su
título que, más allá de la evidente provocación que resulta (no
en va-no en el cartel de la película puede verse a la
protagonista en actitud de recibir lo que debe-ría ser la
comunión, pero que en realidad es algo mucho más siniestro)
debería ganar un premio al título más inteligente e irónico del
año. Porque María, una joven colombiana de 17 años que se gana
la vida como puede con un trabajo esclavizante, no lleva en su
seno solamente el fruto de su amor con un noviete tarambana,
sino que, forzada por las circuns-tancias y un indómito deseo de
cambiar su vida, acabará portando en su estómago ‘pe-pas’, es
decir, unos envoltorios de látex con heroína en su interior que
la convierten en una ‘mula’, una persona contratada por los
narcotraficantes con la promesa de una buena suma de dinero para
introducir ilegalmente la droga en los EE.UU., empresa esta
sumamente peligrosa y con un alto ín-dice de mortandad, pues si
una sola de estas siniestras “pepas” se desha-ce en el estómago
provoca la muerte inmediata de su portador. Un hecho por otra
parte de lo más común, según parece.
Joshua Marston, un cineasta algo atípico (graduado en
Ciencias Políti-cas y Sociales por Berkeley, trabajó en Europa
para diversos medios como la revista Life antes de hacer un
Master de Cine en Nueva York y dirigir va-rios cortos) que
reside en Brooklyn, donde entró en contacto con multitud de
colombianos, se interesó por este tema al escuchar de primera
mano la historia de una de estas ‘mulas’ que acabó arrestada. Su
interés por saber más le llevó a
Orlando Tobón (Don Fernando en la película), un líder
de la comunidad colombiana en Nueva York que ha trabajado
ayudando a repa-triar los cuerpos de más de 400 personas
fallecidas por esta causa. Tales antecedentes invitaban a pensar
que "María llena eres de gracia" sería una cinta decididamente
comprometida, casi un film de denuncia al estilo de aquel
contundente documento que filmó Víctor Gaviria sobre los niños
de la calle colombianos llamado "La vendedora de rosas" o
incluso la película de Barbet Schroeder "La virgen de los
sicarios", obras que nos han acercado a la dura realidad de un
país tan conflictivo como es Colombia. Y en cierto modo lo es (y
de qué forma), pero su apuesta es bien otra.
El film de Marston se aleja conscientemente de esos precedentes
y, aun guardando cier-tos parecidos con ellos (sobre todo en lo
refe-rente al diseño de producción del film, que tiene una clara
vocación realista), está más cercano a una mirada más personal
sobre las protagonistas de esta historia, un poco en la línea
del naturalismo de "Las mujeres de ver-dad tienen curvas"
(Patricia Cardoso, 2003) ¿Qué lleva a una joven de 17 años a
jugarse la vida de esa forma? ¿Cuál es la historia per-sonal que
se oculta detrás de esa gente ca-paz de correr esos riesgos con
tal de huir de su precaria situación? Marston centra toda la
película alrededor de su personaje principal, esa María del
título, un brillante descubrimiento llamado
Catalina Sandino (Mejor Actriz
en el pasado Festival de Berlín) que aguanta sobre sus hombros
toda la carga de un film que narra una odisea personal, un viaje
que, además de físico, tiene mucho de iniciático. A ese
respecto, llama la atención la facilidad con la que esa decidida
e inteligen-te chica que no soporta el maltrato sistemático al
que es sometida tanto en su trabajo (precisamente empaquetando
rosas, lo que no deja de ser un consciente guiño al film de
Gaviria) como en su ámbito familiar (donde se ve forzada a
sostener a una hermana madre soltera desempleada), acaba
transitando por el lado más peligroso del narcotráfico.
La estructura dramática
del film es tan simple como eficaz: una minuciosa descripción de
los pasos que esta joven ha de dar en su proceso de convertirse
en esa ‘mula’ capaz de llevar en su interior esas terribles
‘pepas’ (para lo que necesitará un entrenamiento previo...
deglutiendo uvas sin masticarlas), en el que no faltarán las
advertencias sobre lo que le ocurrirá a su familia si no cumple
con su parte (una exce-lente escena en la que ese amigable
viejecito, todo delicadeza y amabili-dad, muestra su verdadera
faz de despreciable monstruo sin descomponer un segundo el
rostro y sin necesidad de alzar la voz), seguida por la cróni-ca
de ese calvario que comienza en el avión que la lleva a los
EE.UU –es excelente el momento en el que María es consciente de
que en el mismo vuelo viajan varias ‘mulas’, incluyendo tanto a
la veterana que le ha enseña-do el oficio como la amiga apuntada
a última hora, con lo que queda de manifiesto la intención de
los narcos de pasar al menos a algunas de ellas sacrificando en
la aduana a otras, con lo que la película gana una tensión digna
del mejor thriller– y concluye en la accidentada estancia en
Nueva York, donde se sucederán nuevas y en algún caso extremas
penalidades. No en vano esas mujeres son, para los narcos, meros
recipientes huma-nos de una carga mucho más valiosa.
La gran baza de esta notable película es la
contundencia de la historia que cuenta, un drama real como la
vida mis-ma que sucede a diario en este primer mundo al que
tantos aspiran a llegar, de la forma que sea. La mirada de
Marston, que deja a sus actores amplio margen para la
improvisación (algo que, en ocasiones funcio-na de maravilla y
consigue una interpretación natural por la mayor parte de su
elenco... pe-ro que, en honor de la verdad, no siempre resulta
la fórmula acertada), consigue mostrar una perspectiva social y
casi antropológica de primer orden sobre esa realidad
colombia-na que aboca a sus integrantes más ambicio-sos (o
desesperados) a tirar por la vía más directa para salir de esa
miseria asfixiante. El uso de la cámara en mano, el formato casi
documental de la película, una puesta en escena que se acerca de
forma constante a los personajes para conseguir la complicidad
del espectador... todo parece en-focado a contar esta historia
con la mayor verosimilitud posible. Y la verdad es que hay
muchos momentos brillantes que consiguen de sobra ese obje-tivo,
por más que el tono de la película haya resultado finalmente
edulco-rado, quizás por la necesidad de ofrecer un respiro al
espectador entre tan-ta angustia y dureza. Pero, por encima de
todo (quizás incluso de la propia historia, algo que ya no es
precisamente un acierto) se alza el descomunal trabajo de esta
debutante colombiana llamada Catalina Sandino, en un pa-pel que
no sólo la obliga a estar de forma permanente en pantalla y a
exhi-bir una notable variedad de registros de forma solvente,
sino que consigue con su arrebatador magnetismo y una enorme
fuerza arrastrar al especta-dor en su peripecia y que éste se
implique hasta el fondo con ella en ese tremendo viaje.
"María llena eres de gracia"
es un trabajo cargado de simbolismos –y no sólo católicos: véase
el reencuentro en Manhattan de María con las rosas que
preparaba– que nace marcado por su origen: la mirada de un
america-no consciente de la realidad que le rodea y que describe
de forma podero-sa en ese empeño de ofrecer algo más de luz
sobre un problema que no por sabido resulta menos relevante.
Las buenas intenciones de la pelí-cula cuentan en esta ocasión
con un vehículo fílmico que, pese a algunas discutibles
concesiones finales, está en general a la altura de la
importancia de la problemática que denuncia, sin renunciar
por ello a su condición de producto cinematográfico de calidad.
Lo que no deja de ser la mejor forma de esquivar ciertos
maniqueísmos en este tipo de obras de denuncia, tan proclives a
deslizarse por los temibles caminos del panfleto.
Calificación:
    
Imágenes de "María llena eres de gracia" - Copyright © 2004
HBO Films, Fine Line Features, Journeyman
Pictures, Tucán producciones Cinematográficas y Altercine.
Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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