PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


LA MEMORIA DE LOS MUERTOS
(The final cut)


cartel

Dirección y guión: Omar Naïm.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 96 min.
Género: Thriller, ciencia-ficción.
Interpretación: Robin Williams (Alan Hackman), Mira Sorvino (Delila), Jim Caviezel (Fletcher), Vincent Gale (Simon), Mimi Kuzyk (Thelma), Thom Bishops (Hasan), Genevieve Buechner (Isabel Bannister), Brendan Fletcher (Michael), Vincent Gale (Simon), Michael St. John Smith (Charles), Christopher Britton (Jason Monroe).
Producción: Nick Wechsler.
Música: Brian Tyler.
Fotografía:
Tak Fujimoto.
Montaje: Dede Allen y Robert Brakey.
Diseño de producción: James Chinlund.
Dirección artística: Kelvin Humenny.
Vestuario: Monique Prudhomme.
Estreno en USA: 15 Octubre 2004.
Estreno en España: 28 Enero 2005.

CRÍTICA por Tònia Pallejà

La memoria de los vivos

  Los anteriores trabajos para el cine de este realizador jordano llamado Omar Naïm gozaron de una resonancia prácticamente nula a nivel interna-cional. Quizás por ello, el estreno comercial de "La memoria de los muer-tos", producción estadounidense que se puede considerar un importante salto cualitativo en su carrera, tampoco haya despertado excesiva expecta-ción, por más que viniera respaldado por tres estrellas de desigual relevan-cia y atractivo popular, como son Robin Williams, Mira Sorvino y Jim Caviezel, así como por ese aval relativo que supone su exhibición dentro del 54º Festival de Berlín. Y, una vez vista la película, cabe decir que sería una lástima que su proyección en las salas españolas pasara desapercibi-da entre la marea de potentes títulos que nos colman en este periodo pre-vio a los Oscars®. Porque "La memoria de los muertos" es un film suges-tivo y eficiente, que con su modesto presupuesto logra emprender un vuelo mucho más alto que el de otras grandes producciones de corte similar que ni siquiera despegan del suelo, augurándole un promete-dor futuro a este joven autor, hasta ahora desconocido, que firma su propio guión.

  Hace unos años, el agotador Robin Williams nos sorprendía gratamente en "Retratos de una obsesión", poniéndose en la piel de un revelador de fotos introvertido, apocado y solitario que suplía sus vacíos afectivos y so-ciales con esos fragmentos congelados de vidas ajenas que pasaban a diario por sus manos. Su personaje de Alan Hackman en el presente largo-metraje no se encuentra muy alejado de aquél, tanto en sus circunstancias profesionales como en sus motivaciones, amén de en un registro interpre-tativo que los aproxima bastante.

  "La memoria de los muertos" se sitúa en una fecha futura en la que es posible implan-tarse un microchip, denominado Zoë, que gra-ba, a través de los ojos, todas las experien-cias y conversaciones de sus portadores des-de su nacimiento hasta que fallecen. Este so-fisticado mecanismo sólo resulta accesible para los económicamente privilegiados, aun-que se calcula que una de cada veinte perso-nas lo llevan instalado y son muchos los pa-dres que se esfuerzan por incorporar este ca-pricho a sus bebés. Cuando el individuo que posee el chip muere, el material audiovisual resultante se edita y monta como si de una película se tratara, seleccionando los mejores momentos y desechando aquellos más desagradables o comprometidos que perjudicarían su reputación, y esta Rememoria se proyecta durante el funeral a modo de tributo. La existencia de este microchip ha generado un cambio revolucionario en la forma de entender las relaciones sociales, y sus consecuencias no sólo afectan a cuestiones morales, sino también a algunos aspectos legales fácilmente deducibles, por lo que algunos grupos de activistas se muestran contrarios a este aparato y al uso que se le da.

  Alan Hackman es un reputado editor de Rememorias, el mejor en el ne-gocio, que con el paso de los años se ha ido aislando en su trabajo; ob-servador atento y discreto de otras vidas que discurren por el monitor de su "guillotina", se ha olvidado de vivir la suya propia. El hecho de maquillar el recuerdo de los difuntos, obviando o resaltando algunas situaciones y ma-nipulando otras, para hacerlos parecer santos cuando en verdad eran seres reprobables —él se considera un "devorador de pecados" porque elimina sus culpas, y su amiga le dice que es una mezcla de funerario, cura y montador—, le ayuda a expiar un suceso trágico de su pasado que lo ator-menta. Su existencia se complica cuando se encarga de la Rememoria de Bannister, un importante ejecutivo de Zoë Tech, la empresa responsable de los artilugios. Alan se siente azorado al reconocer una imagen familiar en los recuerdos de este hombre, mientras que un antiguo asistente suyo, Fletcher, le presiona para que le entregue dicho material.

  Como toda buena película de ciencia-ficción, "La memoria de los muertos" ofrece una interesante reflexión sobre el presente desde las sociedades del maña-na. Se tocan aquí temas tan actuales co-mo el derecho a la intimidad, los siste-mas de control, la manipulación (de las apariencias, de la imagen pública de determi-nadas personalidades, de la información...) y otras consideraciones humanistas, y también éticas, como las relativas a la ocultación de esos delitos que permanecen, lamentable-mente, en el secreto doméstico. Pero quizás la idea más estimulante que se recoge no repercute tanto en el ámbito social como en el individual. En efecto, los chips Zoë y las Rememorias son planteados como un juguete mnemotec-nológico que, sin embargo, transforma los hábitos humanos, comparable a la incorporación del teléfono móvil, internet o la televisión. No obstante, vie-ne a cubrir una limitación que no tiene relación con las comunicaciones, sino con una necesidad psicológica tan inherente al hombre como es la de difundir y, sobre todo, conservar un grato recuerdo de aquellos que ya no están con nosotros. Los microchips no son útiles a su portador en vida, pe-ro una vez fallecido, le permiten trascender ofreciendo una imagen impeca-ble de aquello que (no) fueron. Hackman manifiesta que a él no le preocu-pan los muertos, sino los vivos, porque las cintas que se exhiben durante los funerales, delante de todos los allegados del extinto, son la memoria sesgada de los muertos, pero en realidad responde a la memoria selectiva de los vivos, a aquellos recuerdos que éstos últimos quieren rescatar, para sentirse reconfortados, compensar la pérdida o no verse perjudicados ellos mismos.

  Precisamente uno de los grandes aciertos de Naïm, en este sentido, es su decisión de ambientar el film en un periodo futuro pero relativamente próximo en el tiempo. La factura estética, arropada por la fotografía de Tak Fujimoto,  se suma a la corriente que retrata de forma oscura y poco aco-gedora las grandes urbes del mañana —incluso aparece una especie de tribu urbana con llamativos tatuajes que guarda relación con la trama—, sin embargo, su diseño de producción no recrea unos escenarios netamente futuristas ni rompedores, con androides, naves y profusión de metales y lu-cecitas, sino que su concepción se halla muy cercana a nuestros días —no se han experimentado cambios en las construcciones, ni en el vestuario o en la decoración de las casas, ni en los medios de transporte, con la úni-ca salvedad de ese avance tecnológico que se introduce en lo cotidiano, y, de hecho, las herramientas que emplea Hackman, son muy similares a las tablas de montaje con soporte informático que conocemos—. Esto hace que el microchip y sus consecuencias se planteen para el espectador co-mo una posibilidad, más comprensible que si se tratara de algo inimagina-ble.

  Argumentalmente, "La memoria de los muertos" agrupa elementos que habíamos visto por separado en otras cintas —puede recordar a "Días extraños" de Kathryn Bige-low o a "Brainstorm" de Douglas Trumbull, el último largometraje en el que intervino Natalie Wood—, pero tal vez resulte bastante original por su combinación y, principalmente, por la finalidad que tiene aquí la grabación de las experiencias pasadas y por ese nuevo oficio que se deriva. Aunque su guión dispone de una consistencia interna aceptable y no incurre en incoherencias, se le podrían reprochar algunas consideraciones que, a priori, parecen poco lógicas o prácti-cas. Pero aun con estos desajustes no resueltos, es capaz de entre-tejer las diferentes subtramas con habilidad, proponiendo una doble, incluso triple, intriga paralela: la que marca al propio Hackman desde su infancia,  la que se refiere a los secretos que oculta la Rememoria de Bannister, y otras subsidiarias del funcionamiento del microchip. Porque "La memoria de los muertos" es, en realidad, un thriller psicológico que únicamente saca provecho de la ciencia-ficción para llamar la atención so-bre una serie de circunstancias que reverberan en la sociedad. Por otro lado, se trata de un libreto que atesora algunos diálogos memorables por su  desacostumbrada lucidez y sensibilidad.

  En su faceta de director, Omar Naïm se desvela capaz de resolver con bastante acierto las exigencias narrativas —adoptando, por ejemplo, el for-mato vídeo para mostrar los recuerdos registrados, diferenciándolos así de la realidad, o recreándose en silencios y expresiones cuando éstos comu-nican más que las palabras—, y su película avanza con ritmo sosegado pero perseverante, sabiendo salvaguardar el suspense y sostener el interés sin grandes derroches de acción ni trampas argumentales, a menudo insi-nuando más que exhibiendo.

  También cabe mencionar la estimable banda sonora de Brian Tyler —responsable de la partitura de esa maravilla del terror psicológico que es "Escalofrío"—, que se acomoda perfectamente a la atmósfera turbadora e inquietante que domina el relato.

  Si en las competencias técnicas resulta notable, también lo es en el capítulo ar-tístico. "La memoria de los muertos" cuenta con una buena ejecución inter-pretativa, sobre todo por parte del amplio reparto de secundarios, en el que destacan una estupenda Mimi Kuzyc ("La mancha hu-mana"), como compañera de oficio de Hack-man, Mira Sorvino, realmente oportuna pese a su limitada participación en el papel de ami-ga/amante del editor, o Genevieve Buech-ner como la esposa de Bannister. Jim Cavie-zel, recordado por encarnar a Jesús en "La Pasión de Cristo", solventa aquí su ambiguo personaje de Fletcher con aceptable discreción, mientras que Robin Wi-lliams, como señalaba al comienzo, deja de lado sus registros más desa-brochados y estridentes, y ahonda nuevamente en el tipo tímido, recogi-do y distante de "Retratos de una obsesión" con resultados correctos.

  "La memoria de los muertos" pertenece a ese tipo de películas que más me complace recomendar, porque llevan camino de ser desestimadas in-justamente por la coyuntura en que se estrenan o porque quizás se les ha destinado poca promoción. Estamos ante un largometraje que sobresa-le de manera satisfactoria como un entretenimiento inteligente y bien confeccionado que apunta contenidos de valor, y del que se ha sabido sacar un excelente y novedoso partido, aun con todas sus pe-queñas debilidades, debidas, probablemente, a la falta de veteranía de su autor.

Calificación:


Imágenes de "La memoria de los muertos" - Copyright © 2004 Lions Gate Entertainment, Cinerenta, Industry Entertainment y Cinetheta. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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