CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
La memoria de los vivos
Los anteriores trabajos para el cine
de este realizador jordano llamado
Omar Naïm gozaron de una
resonancia prácticamente nula a nivel interna-cional. Quizás por ello, el estreno
comercial de "La memoria de los muer-tos", producción
estadounidense que se puede
considerar un importante salto cualitativo en su carrera,
tampoco haya despertado excesiva expecta-ción, por más que viniera
respaldado por tres estrellas de desigual relevan-cia y atractivo
popular, como son Robin Williams,
Mira Sorvino y
Jim Caviezel, así como por ese
aval relativo que supone su exhibición dentro del 54º Festival
de Berlín. Y, una vez vista la película, cabe decir que sería
una lástima que su
proyección en las salas españolas pasara desapercibi-da entre la
marea de potentes títulos que nos colman en este periodo pre-vio
a los Oscars®.
Porque "La memoria de los muertos" es un film suges-tivo y
eficiente, que con su modesto presupuesto logra emprender un
vuelo mucho más alto que el de otras grandes producciones de
corte similar que ni siquiera despegan del suelo, augurándole un
promete-dor futuro a este joven autor, hasta ahora desconocido, que
firma su propio guión.
Hace unos años, el agotador Robin Williams nos sorprendía
gratamente en "Retratos
de una obsesión", poniéndose en la piel de un
revelador de fotos introvertido, apocado y solitario que suplía
sus vacíos afectivos y so-ciales con esos fragmentos congelados
de vidas ajenas que pasaban a diario por sus manos. Su personaje
de Alan Hackman en el presente largo-metraje no se encuentra muy alejado
de aquél, tanto en sus circunstancias profesionales como en sus motivaciones, amén de en
un registro interpre-tativo que los aproxima bastante.
"La memoria de los
muertos" se sitúa en una fecha futura en la que es posible
implan-tarse un microchip, denominado Zoë, que gra-ba, a través de los
ojos, todas las experien-cias y conversaciones de sus portadores
des-de su nacimiento hasta que fallecen. Este so-fisticado
mecanismo sólo resulta accesible para los económicamente
privilegiados, aun-que se calcula que una de cada veinte perso-nas
lo llevan instalado y son muchos los pa-dres que se esfuerzan por
incorporar este ca-pricho
a sus bebés. Cuando el individuo que posee el chip
muere, el material audiovisual resultante se edita y monta como si de una
película se tratara, seleccionando los mejores momentos y
desechando aquellos más desagradables o comprometidos que perjudicarían
su reputación, y esta Rememoria se proyecta durante el
funeral a modo de tributo. La existencia de este microchip ha
generado un cambio revolucionario en la forma de entender las
relaciones sociales, y sus consecuencias no sólo afectan a
cuestiones morales, sino también a algunos aspectos legales
fácilmente deducibles, por lo que algunos grupos de activistas
se muestran contrarios a este aparato y al uso que se le da.
Alan Hackman es un reputado editor de Rememorias, el
mejor en el ne-gocio, que con el paso de
los años se ha ido aislando en su trabajo; ob-servador atento y
discreto de otras vidas que discurren por el monitor de su
"guillotina", se ha olvidado de vivir la suya propia. El hecho de maquillar
el recuerdo de los difuntos, obviando o resaltando algunas
situaciones y ma-nipulando otras, para hacerlos parecer santos
cuando en verdad eran seres reprobables —él se considera un
"devorador de pecados" porque elimina sus culpas, y su amiga le
dice que es una mezcla de funerario, cura y montador—, le ayuda a
expiar un suceso trágico de su pasado que lo ator-menta.
Su existencia se complica cuando se encarga de la Rememoria de
Bannister, un importante ejecutivo de Zoë Tech, la empresa
responsable de los artilugios. Alan se siente azorado al
reconocer una imagen
familiar en los recuerdos de este hombre, mientras que un
antiguo asistente suyo, Fletcher, le presiona para que le
entregue dicho material.
Como toda buena película de
ciencia-ficción, "La memoria de los muertos" ofrece una
interesante reflexión sobre el presente desde las sociedades del
maña-na. Se tocan aquí temas tan actuales co-mo el derecho a la
intimidad, los siste-mas de control, la manipulación (de las
apariencias, de la imagen pública de determi-nadas
personalidades, de la información...) y otras consideraciones humanistas, y
también éticas,
como las relativas a la
ocultación de esos delitos que permanecen, lamentable-mente, en
el secreto doméstico. Pero quizás la idea más estimulante que se
recoge no repercute tanto en el ámbito social como en el individual. En
efecto, los chips Zoë y las Rememorias son planteados como un
juguete mnemotec-nológico que, sin embargo, transforma los hábitos
humanos, comparable a la incorporación del teléfono móvil, internet o la televisión. No obstante, vie-ne a cubrir una
limitación que no tiene relación con las comunicaciones,
sino con una necesidad psicológica tan inherente al hombre como
es la de difundir y, sobre todo, conservar un grato recuerdo de
aquellos que ya no están con nosotros. Los microchips no son
útiles a su portador en vida, pe-ro una vez fallecido, le
permiten trascender ofreciendo una imagen impeca-ble de aquello
que (no) fueron. Hackman manifiesta que a él no le preocu-pan los
muertos, sino los vivos, porque las cintas que se exhiben
durante los funerales, delante de todos
los allegados del extinto, son la memoria sesgada de los muertos,
pero en realidad responde a la memoria selectiva de los vivos, a aquellos
recuerdos que éstos últimos quieren rescatar, para sentirse
reconfortados, compensar la pérdida o no verse perjudicados
ellos mismos.
Precisamente uno de los grandes
aciertos de Naïm, en este sentido, es su decisión de ambientar
el film en un periodo futuro pero relativamente próximo en el
tiempo. La factura
estética, arropada por la fotografía de
Tak Fujimoto, se suma a la corriente que retrata de
forma oscura y poco aco-gedora las grandes urbes del mañana
—incluso aparece una especie de tribu urbana con llamativos
tatuajes que guarda relación con la trama—, sin
embargo, su diseño de producción no recrea unos escenarios
netamente futuristas ni rompedores, con androides, naves y
profusión de metales y lu-cecitas, sino que su concepción
se halla muy cercana a nuestros días —no se han experimentado
cambios en las construcciones, ni en el vestuario o en la
decoración de las casas, ni en los medios de transporte, con la
úni-ca salvedad de ese avance tecnológico que se introduce en lo
cotidiano, y, de hecho, las herramientas que emplea Hackman, son
muy similares a las tablas de montaje con soporte informático
que conocemos—. Esto hace que el microchip y sus consecuencias se
planteen para el espectador co-mo una posibilidad, más comprensible que si se tratara
de algo inimagina-ble.
Argumentalmente, "La memoria de los muertos"
agrupa elementos que habíamos visto por separado en otras cintas
—puede recordar a "Días extraños" de Kathryn Bige-low o a "Brainstorm"
de Douglas Trumbull, el último largometraje en el que intervino
Natalie Wood—, pero tal vez resulte bastante original por su
combinación y, principalmente, por la finalidad que tiene aquí
la grabación de las experiencias pasadas y por ese nuevo oficio
que se deriva. Aunque su guión dispone de una consistencia
interna aceptable y no incurre en incoherencias, se le podrían
reprochar algunas consideraciones que, a priori, parecen poco
lógicas o prácti-cas. Pero aun con estos desajustes no resueltos,
es capaz de entre-tejer
las diferentes subtramas con habilidad, proponiendo una doble, incluso triple,
intriga paralela: la que marca al propio Hackman desde su
infancia, la que se refiere a los secretos que oculta la
Rememoria de Bannister, y otras subsidiarias del funcionamiento
del microchip. Porque "La memoria de los muertos" es, en
realidad, un thriller psicológico
que únicamente saca provecho de la ciencia-ficción para llamar
la atención so-bre una serie de circunstancias que reverberan en la
sociedad. Por otro lado, se trata de un libreto que atesora
algunos diálogos memorables por su desacostumbrada lucidez
y sensibilidad.
En su faceta de director,
Omar Naïm se desvela capaz de resolver con bastante acierto las
exigencias narrativas —adoptando, por ejemplo, el for-mato vídeo
para mostrar los recuerdos registrados, diferenciándolos así de
la realidad, o recreándose en silencios y expresiones cuando
éstos comu-nican más que las palabras—, y su película avanza con ritmo sosegado pero
perseverante, sabiendo salvaguardar el suspense y
sostener el interés sin grandes derroches de acción ni trampas
argumentales, a menudo insi-nuando más que exhibiendo.
También cabe mencionar la
estimable banda sonora de Brian Tyler
—responsable de la partitura de esa maravilla del terror
psicológico que es "Escalofrío"—,
que se acomoda perfectamente a la atmósfera turbadora e
inquietante que domina el relato.
Si en las competencias
técnicas resulta notable, también lo es en el capítulo
ar-tístico. "La memoria de los muertos" cuenta con una buena ejecución inter-pretativa, sobre todo por
parte del amplio reparto de secundarios, en el que destacan una
estupenda
Mimi Kuzyc ("La
mancha hu-mana"), como compañera de oficio de
Hack-man, Mira Sorvino, realmente oportuna
pese a su limitada participación en el papel de ami-ga/amante del
editor, o
Genevieve Buech-ner como
la esposa de Bannister. Jim Cavie-zel, recordado por
encarnar a Jesús en "La
Pasión de Cristo", solventa aquí su ambiguo
personaje de Fletcher con
aceptable discreción, mientras que Robin Wi-lliams, como señalaba al
comienzo, deja de lado sus registros más desa-brochados y
estridentes, y ahonda nuevamente en el tipo tímido, recogi-do y
distante de
"Retratos de una obsesión" con resultados correctos.
"La memoria de los muertos"
pertenece a ese tipo de películas que más me complace
recomendar, porque llevan camino de ser desestimadas
in-justamente por la coyuntura en que se estrenan o porque
quizás se les ha destinado poca promoción. Estamos ante un
largometraje que sobresa-le de manera satisfactoria como un
entretenimiento inteligente y bien confeccionado que apunta
contenidos de valor, y del que se ha sabido sacar un excelente y
novedoso partido, aun con todas sus pe-queñas debilidades,
debidas, probablemente, a la falta de veteranía de su autor.
Calificación:
    
Imágenes
de "La memoria de los muertos" - Copyright ©
2004 Lions Gate Entertainment, Cinerenta, Industry Entertainment
y Cinetheta. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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