55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL JUEVES 10 DE FEBRERO


Dios y los pigmeos arrancan la Berlinale

Kristin Scott Thomas presentó "Man to man" en Berlín - Foto copyright © 2005 BerlinaleAnxela Iglesias GarcíaBerlín. Ya habían dicho los organizadores de la Berlinale que podían vivir sin Hollywood, ante el escaso interés que este año han mostrado los grandes estudios y las estrellas por el festival. Y la mejor forma de demostrarlo, debieron de pensar, era arrancar con una superproducción, una aventura con alarde de medios y exteriores, firmada por europeos. "Man to man", dirigida por el francés Régis Wargnier, y protagonizada por los británicos Joseph Fiennes y Kristin Scott Thomas, cumplía esos requisitos. Y así, la primera jornada de la Berlinale nos trasladó primero a las bellas selvas africanas, donde un antropólogo y una comerciante buscan y atrapan a una pareja de pigmeos, y después a las verdes llanuras de Escocia, a donde son trasladados los aborígenes para ser utilizados como cobayas. Todo ello ambientado a finales del siglo XIX, en plena época victoriana, cuando la comunidad científica trataba de encontrar desesperadamente el eslabón perdido entre el mono y el hombre, establecía divisiones de razas hoy ya superadas y no tenía muy claro cuáles eran los límites éticos de la experimentación. Los ingredientes para una gran aventura.

Pero el problema es que la película muy pronto se revela facilona, y los momentos más dramáticos no consiguen más que despertar sonrisas sarcásticas y alguna que otra deserción durante el pase para la prensa. Pronto se tiene la impresión de que Wargnier duda de las capacidades del espectador para entender el mensaje sin la ayuda de recursos manidos y diálogos poco ocurrentes. Una de las primeras frases del film –"Tú eres mi América y yo seré tu Cristóbal Colon”, le dice el científico Fiennes al pigmeo con ojos embelesados– ya anticipa los niveles de cursilería a los que se llegaría a lo largo de las dos horas de proyección. Y así este alegato contra el racismo, contra la supuesta superioridad del mundo civilizado y la lucha del “científico bueno” por salvar a los dos pigmeos convertidos en carne de zoológico, se convierte en una versión paternalista del “buen salvaje” de Rosseau.

Lo mejor de la película, quizás, fueran sus dos protagonistas africanos, Lomama Boseki y Cécile Bayiha, con sus intensas miradas y una naturalidad que los periodistas pudieron comprobar durante la conferencia de prensa posterior. Cuando les preguntaron si el rodaje había resultado cansado, si les había resultado difícil interpretar su primer papel cinematográfico, ambos contestaron rotundamente que no, que mucho peor era trabajar en el campo. Una lección para divos y estrellas.

Ante el flojo arranque no quedaba otro remedio que el de la huida hacia adelante, es decir, abandonar por unas horas la sección oficial para sumergirse en categorías alternativas y a menudo mucho más prometedoras. Es el caso de Panorama, apartado centrado en el cine independiente y de autor. La sección cumple veinte años en esta edición y para celebrarlo quiso estrenarse con una de sus actrices fetiche, la brasileña Fernanda Montengro (“Estación Central de Brasil”), quien llegó acompañada de toda su parentela.

Claudio Torres presentó "Redentor" en la sección Panorama - Foto copyright © 2005 Berlinale“Redentor” es el primer trabajo de Claudio Torres, hijo de la actriz y de Fernando Torres, quien también forma parte del elenco. Un proyecto familiar, por tanto, en el que también ha participado su hermana como co-guionista y que había sido recomendado por el propio director de la Berlinale, Dieter Kosslick. El film cuenta la historia de un edificio de viviendas en Río de Janeiro, que un empresario corrupto abandona a medio terminar, dejando a cientos de familias se queden en la calle y provocando que los obreros que trabajaron en la construcción se vean obligados a vivir en una favela. Un periodista lucha por recuperar el apartamento que su padre pagó religiosamente y acaba convirtiéndose en un Robin Hood dispuesto a repartir el dinero de los ricos entre todos los necesitados. Por el camino, el reportero, interpretado por Pedro Cardoso, se topa con el mismísimo Dios, que le da poderes sobrenaturales en esta rocambolesca y estridente propuesta. Una denuncia de la injusticia social que no logró convencer al público, algo anonadado tras una música atronadora, unos efectos desorbitados y, eso sí, algunos golpes de humor que lograron salvar el film del desconcierto generalizado.

La Berlinale número 55 arranca pues con poca fuerza y deja entre los asistentes la esperanza de que las próximas jornadas traigan algo más que mensajes paternalistas y delirios paranormales.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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