55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL VIERNES 11 DE FEBRERO


Un golpe a las conciencias y una vida sin respuesta

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. Si "Hotel Rwanda, la aclamada película de Terry George, no se hubiera presentado fuera de concurso en la sección oficial de la Berlinale, su protagonista Don Cheadle sería sin duda uno de los más firmes candidatos al Oso de Plata al Mejor Actor. Pero, a falta de galardones posibles, el intérprete y sus compañeros de reparto debieron conformarse con el aplauso de los periodistas, que avala las tres nominaciones a los Oscar.

Don Cheadle, protagonista destacado de "Hotel Rwanda" - Foto copyright © 2005 BerlinaleEl film, sin duda el plato fuerte de la segunda jornada, llegó al público y eclipsó los otros dos filmes proyectados, la interesante “Thumbsucker” y “Asylum”, una cinta de desenlace poco convincente. Con su relato elegante y contenido, pero no por ello menos conmovedor, George consigue acercar al gran público el genocidio de Ruanda, cuando una parte de la mayoría hutu, armada de machetes, se lanzó al exterminio de la élite tutsi al grito de “los grandes árboles deben caer”. Lo hace a través de la historia verídica del gerente de un hotel, convertido en héroe de la noche a la mañana y con la responsabilidad de salvar la vida a un millar de personas refugiadas en su establecimiento. Y golpea las conciencias al recordar que les dejamos solos, porque Ruanda, al igual que el resto de África, no está en la lista de prioridades occidentales.

Las escenas de sangre, desolación y barbarie humana quedan para los telediarios y documentales. George opta por reflejar la desesperación en los ojos de los ruandeses que contemplan la evacuación de los blancos, por mostrar la impotencia de un puñado de cascos azules de la ONU que intentan detener la masacre con disparos al aire y enseñar el odio desencadenado por la casualidad de formar parte de la etnia equivocada. Y en su intento de reflejar la realidad de la tragedia ha contado con la enorme actuación de Cheadle y las interpretaciones más que convincentes de Sophie Okonedo, en el papel de su mujer, y de Nick Nolte, el jefe de la misión internacional desbordado por los acontecimientos.

«Los errores cometidos en Ruanda no han sido corregidos», subrayó el combativo director en su encuentro con la prensa. Lo que ocurre hoy en Sudán y en el Congo recuerda una vez más que, para la comunidad internacional, la vida de los africanos tiene menos valor que la de los demás, proclamó George, flanqueado del héroe real, Paul Rusesabagina. El guión fue escrito con la ayuda de este “Schindler africano”, quien también colaboró intensamente con Cheadle para preparar su papel. Todos ellos coincidieron en destacar la importancia de las nominaciones y la atención mediática, para conseguir que, más allá del valor artístico de la cinta, se produzca una reflexión política de lo ocurrido hace sólo una década.

Mike Mills durante la rueda de prensa de "Thumbsucker" - Foto copyright © 2005 BerlinaleMás humildes son las pretensiones de Thumbsucker, el primer largometraje de Mike Mills, reflejo de los miedos, frustraciones y sueños de la clase media americana. Un adolescente con el hábito compulsivo de chuparse el dedo, un padre frustrado por no haber llegado al fútbol profesional, una madre con delirios de grandeza enamorada de un actor de telenovela y un genial odontólogo neo-hippie encarnado por Keanu Reeves, conforman esta interesante propuesta que llegó a Berlín avalada por el premio al mejor actor para el protagonista, Lou Taylor Pucci, en el festival de Sundance. En la línea argumental de “American beauty”, la película transmite con triste ironía los problemas de hacerse adulto, también entre los que ya hace tiempo que abandonaron la pubertad, y concluye con la sabia reflexión del dentista-filósofo: «la madurez es saber vivir con las preguntas. Porque la respuesta es que no hay respuesta».

Si “Thumsucker” supo seducir al público a medida que pasaban los minutos de metraje, la tercera película de la jornada,Asylum, provocó exactamente el efecto contrario con la historia de un amor fatal excesivamente enrevesado. El último proyecto de David MacKenzie gira en torno a un hospital psiquiátrico inglés al que van a parar un envarado médico y su mujer, interpretada por Natasha Richardson. El encuentro entre uno de los pacientes, un psicópata aquejado de celos asesinos, y la frustrada esposa, encorsetada en la sociedad de los cincuenta, desemboca en una relación tortuosa y destructiva donde las haya. La exploración de los rincones más oscuros del ser humano es hasta ahí meritoria. Pero la entrada de un cuarto personaje, un psiquiatra obsesionado con la obsesión ajena, provoca un inevitable descarrilamiento que ya resulta imposible de encauzar.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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