Anxela Iglesias García, Berlín.–
Un desaguisado italiano
titulado "Provincia meccanica" y un amor tardío francés, con
Gérard Depardieu y Catherine Deneuve a las órdenes de André
Téchiné, ocuparon la mañana de la tercera jornada, que se vio
algo compensada con el fresco trabajo paneuropeo sin muchas
pretensiones del alemán Hannes Sthoer, en el que participan los
gallegos Luis Tosar y Miguel de Lira.
La ópera prima del italiano
Stefano Mordini deja mal cuerpo y revuelve las emociones. Y no
es que la historia de un matrimonio inmaduro y anárquico, que no
consigue poner en orden ni su casa ni la vida en familia,
provoque reflexiones profundas e incómodas. El mal cuerpo lo
provoca el desconcierto, que da paso a la irritación a medida
que se va desvelando la sarta de tonterías que es "Provincia
meccanica". Un vidente, un mecánico ruso,
un marido celoso y los corredores de un maratón acompañan el
relato de esta familia disfuncional y caótica que amontona
platos sucios y animales de compañía.
También es el caos de los
sentimientos lo que ha buscado André Téchiné en "Les temps qui
changent" (los tiempos cambiantes). Con la cámara al hombro, el
director galo ha querido acercarse a los personajes y reflejar
con sus imágenes tambaleantes el desorden de la vida en la que
el centro va variando. En su décimo octavo proyecto
cinematográfico, el director galo acompaña a un constructor
(Gérard Depardieu) hasta Tánger en busca de su primer y gran amor
(Catherine Deneuve), casada y con un hijo de confusas tendencias sexuales. Es esta una relación
sentimental en la que se invierten los patrones clásicos; el
hombre es quien idealiza durante décadas a su primera novia y se
decide a recuperarla en la madurez, mientras la mujer mantiene
la cabeza fría y prefiere, en un principio, conservar la rutina
de su vida marital. Un papel hecho a la medida de Deneuve, quien
reconocía, después de la proyección, que las reacciones y el
carácter de su personaje tenían mucho de ella, quizás debido a
la larga amistad que le une a Téchiné. Más allá de la historia
romántica, los tiempos cambiantes abordan los contrastes entre
la sociedad europea y la árabe en una ciudad como Tánger, donde
todo cabe y muchos africanos esperan para cruzar la frontera
hasta el paraíso español. La oposición de los dos mundos corre a
cargo de dos hermanas gemelas marroquíes, la una
occidentalizada, adicta a los tranquilizantes y con un novio
homosexual como único apoyo, y la otra de un puritanismo
musulmán enfermizo que durante el día sustituye el pañuelo
islámico por una visera de McDonald's. La segunda contribución
francesa a la sección oficial de la Berlinale consigue retazos
de profundidad y logra reflejar ese desorden de emociones del
que Téchiné habló a los periodistas. Una pena que el conjunto
sea confuso, como si al veterano realizador se les escaparan las
buenas ideas de las manos provocando que al final el film se
tambalee tanto como sus imágenes.
Y finalmente,
Hannes Stöhr
logró aliviar la espesura del día con su “One day in Europe” (un
día en Europa), un viaje a través del continente, desde Moscú
hasta Berlín, pasando por Estambul y Santiago de Compostela. La
historia, que sobre el papel sonaba descabellada –toda Europa
sigue la final de la Liga de Campeones entre el Galatasaray y el
Deportivo de la Coruña mientras varios turistas son víctimas de
robos– resulta fresca y simpática en la pantalla. El balompié es el denominador
común de los habitantes del viejo continente y por eso el
director germano quiso emplearlo para defender la construcción
de un “european way of life”, según explicó. Stöhr asegura que el empleo de
tópicos manidos –los rusos beben vodka, los turcos té y los
españoles siempre dicen “vuelva usted mañana”– fue
intencionado, para investigar qué es lo que hay detrás de los
prejuicios. Pero no es necesario buscar grandes mensajes, puesto
que la película, una babel de idiomas y nacionalidades, cumple
el más que honroso objetivo de hacer pasar un buen rato. Aunque suene a hacer patria,
fue el personaje de un policía compostelano y pícaro
interpretado por Miguel de Lira el que más carcajadas desató
durante la proyección gracias al diálogo de sordos que mantiene
con un peregrino húngaro. De Lira mantiene una vieja
amistad con el director alemán, quien participó en los proyectos
teatrales del actor gallego durante una temporada en Santiago.
También fue allí donde Stöhr conoció, haciendo malabares en la
calle, a Luis Tosar, que hace un cameo como hincha del Depor en
una comisaría de Moscú.