55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL SÁBADO 12 DE FEBRERO


Catherine Deneuve, un disparate italiano y una comedia futbolera

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. Un desaguisado italiano titulado "Provincia meccanica" y un amor tardío francés, con Gérard Depardieu y Catherine Deneuve a las órdenes de André Téchiné, ocuparon la mañana de la tercera jornada, que se vio algo compensada con el fresco trabajo paneuropeo sin muchas pretensiones del alemán Hannes Sthoer, en el que participan los gallegos Luis Tosar y Miguel de Lira.

La ópera prima del italiano Stefano Mordini deja mal cuerpo y revuelve las emociones. Y no es que la historia de un matrimonio inmaduro y anárquico, que no consigue poner en orden ni su casa ni la vida en familia, provoque reflexiones profundas e incómodas. El mal cuerpo lo provoca el desconcierto, que da paso a la irritación a medida que se va desvelando la sarta de tonterías que es "Provincia meccanica". Un vidente, un mecánico ruso, un marido celoso y los corredores de un maratón acompañan el relato de esta familia disfuncional y caótica que amontona platos sucios y animales de compañía.

Catherine Deneuve acudió a presentar "Les temps qui changent" - Foto copyright © 2005 BerlinaleTambién es el caos de los sentimientos lo que ha buscado André Téchiné en "Les temps qui changent" (los tiempos cambiantes). Con la cámara al hombro, el director galo ha querido acercarse a los personajes y reflejar con sus imágenes tambaleantes el desorden de la vida en la que el centro va variando. En su décimo octavo proyecto cinematográfico, el director galo acompaña a un constructor (Gérard Depardieu) hasta Tánger en busca de su primer y gran amor (Catherine Deneuve), casada y con un hijo de confusas tendencias sexuales. Es esta una relación sentimental en la que se invierten los patrones clásicos; el hombre es quien idealiza durante décadas a su primera novia y se decide a recuperarla en la madurez, mientras la mujer mantiene la cabeza fría y prefiere, en un principio, conservar la rutina de su vida marital. Un papel hecho a la medida de Deneuve, quien reconocía, después de la proyección, que las reacciones y el carácter de su personaje tenían mucho de ella, quizás debido a la larga amistad que le une a Téchiné. Más allá de la historia romántica, los tiempos cambiantes abordan los contrastes entre la sociedad europea y la árabe en una ciudad como Tánger, donde todo cabe y muchos africanos esperan para cruzar la frontera hasta el paraíso español. La oposición de los dos mundos corre a cargo de dos hermanas gemelas marroquíes, la una occidentalizada, adicta a los tranquilizantes y con un novio homosexual como único apoyo, y la otra de un puritanismo musulmán enfermizo que durante el día sustituye el pañuelo islámico por una visera de McDonald's. La segunda contribución francesa a la sección oficial de la Berlinale consigue retazos de profundidad y logra reflejar ese desorden de emociones del que Téchiné habló a los periodistas. Una pena que el conjunto sea confuso, como si al veterano realizador se les escaparan las buenas ideas de las manos provocando que al final el film se tambalee tanto como sus imágenes.

Miguel de Lira durante la rueda de prensa de "One day in Europe" - Foto copyright © 2005 BerlinaleY finalmente, Hannes Stöhr logró aliviar la espesura del día con su One day in Europe (un día en Europa), un viaje a través del continente, desde Moscú hasta Berlín, pasando por Estambul y Santiago de Compostela. La historia, que sobre el papel sonaba descabellada –toda Europa sigue la final de la Liga de Campeones entre el Galatasaray y el Deportivo de la Coruña mientras varios turistas son víctimas de robos– resulta fresca y simpática en la pantalla. El balompié es el denominador común de los habitantes del viejo continente y por eso el director germano quiso emplearlo para defender la construcción de un “european way of life”, según explicó. Stöhr asegura que el empleo de tópicos manidos –los rusos beben vodka, los turcos té y los españoles siempre dicen “vuelva usted mañana”– fue intencionado, para investigar qué es lo que hay detrás de los prejuicios. Pero no es necesario buscar grandes mensajes, puesto que la película, una babel de idiomas y nacionalidades, cumple el más que honroso objetivo de hacer pasar un buen rato. Aunque suene a hacer patria, fue el personaje de un policía compostelano y pícaro interpretado por Miguel de Lira el que más carcajadas desató durante la proyección gracias al diálogo de sordos que mantiene con un peregrino húngaro. De Lira mantiene una vieja amistad con el director alemán, quien participó en los proyectos teatrales del actor gallego durante una temporada en Santiago. También fue allí donde Stöhr conoció, haciendo malabares en la calle, a Luis Tosar, que hace un cameo como hincha del Depor en una comisaría de Moscú.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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