Anxela Iglesias García, Berlín.–
Comienza a hablarse de
candidatos a los Osos en los pasillos del festival después de
que Michel Bouquet nos regalara una interpretación magnética de
François Mitterrand y de que Hani Abu-Assad acercara a la
capital alemana la verdad desnuda de dos palestinos a punto de
cometer un atentado suicida. La política, uno de los tres
pilares de esta edición junto al fútbol y el sexo, fue
protagonista de la jornada, que también tuvo espacio para la
reivindicación. Fernando Fernán Gómez aprovechó la concesión de
un premio de honor del certamen para arremeter contra la crítica
española en un discurso leído en su nombre.
Mitterrand
se enfrenta a su ocaso político y vital. Con una mezcla de
lucidez y megalomanía decide compartir sus recuerdos y
reflexiones con un joven periodista. «Soy el último de la saga
de los grandes presidentes», asegura el viejo y enfermo
estadista al comienzo de “Le
promeneur du Champ de Mars” (el paseante del Campo de
Marte). El film es Michel Bouquet. Su rostro, sus
palabras, su identificación casi mimética con el jefe de Estado
socialista atraen como un imán al espectador. El director
Robert Guédiguian es consciente de ello. Por eso cuando le
ofrecieron llevar a la pantalla un libro que ha levantado
ampollas en Francia, decidió que sólo lo haría en el caso de que
el actor se embarcara en el proyecto. «Nadie más que Bouquet
podría haber interpretado a Mitterrand», explicó; para el
realizador se ha producido «el encuentro de un gran actor con un
gran personaje, con una gran figura histórica». Esta alegoría de
la “muerte del rey” tiene la estructura de una obra teatral, en
la que se ven reflejadas las grandes contradicciones de
Mitterrand, su vasta cultura y su amor por las mujeres, su humor
y su despotismo, su clarividencia y su desencanto. Y, si bien es
cierto que se trata de un film francés hecho para franceses, la
interpretación magistral de Bouquet sobrepasa cualquier
frontera.
“Paradise
now” nos llevó después a los territorios ocupados, a la
ciudad de Naplusa marcada por la más absoluta desesperanza.
Muchos de los que allí sobreviven se refugian en el fanatismo y
la religión. Y algunos deciden convertirse en bombas dirigidas
contra el enemigo, Israel, como es el caso de los dos
protagonistas:
Saïd y
Khaled (Kais Nashef y Ali Suliman). No hay duda de
qué lado están Hany Abu-Assad y sus actores, como también
quedó claro en la rueda de prensa. «Quise hacer esta película
desde un punto de vista real, pero palestino», explicó el
director. En su film habla de la frustración y el odio, pero
también de la presión social, de los deseos casi pueriles de
alcanzar la heroicidad y de las voces que se alzan entre los
palestinos para recordar que el terrorismo no es la solución. La
crítica de Abu-Assad es sutil pero certera. Su actitud se
comprende a la perfección en una de las mejores secuencias,
cuando uno de los protagonistas graba un mensaje de despedida,
mientras los demás comen despreocupados un bocadillo.
Una
película que bien puede merecer el reconocimiento del jurado y
más ahora, en un momento en el que crecen las esperanzas de
lograr al fin la paz en Oriente Próximo. La entrega del Oso de
Oro de Honor a Fernando Fernán Gómez nos hizo abandonar
Berlín para volver a España y a sus rencillas domésticas. El
veterano actor, director y guionista aprovechó la proyección
internacional que ofrece el certamen para rendir cuentas con los
periodistas patrios, aquellos que tachan a los actores españoles
de “sobreactuantes patológicos” y consideran que el cine
nacional está dominado por “la mediocridad, la recurrencia y la
vulgaridad”. En un discurso que la actriz Emma Vilarasau
pronunció en su nombre, Fernán Gómez dio las gracias a los
organizadores de la muestra por este premio, que le ha salvado,
según sus propias palabras, de caer en la más profunda
depresión. Y hablando de tristeza, ese fue el estado en el que
se sumieron los asistentes a la entrega del galardón durante el
pase del dramón “Para
que no me olvides”, de Patricia Ferreira. Y es
que el argumento, que gira en torno a la pérdida de un hijo,
novio y nieto ideal, y el recuerdo de las víctimas de la guerra
civil, ataca directamente a la glándula lacrimal. La mejor, sin
duda, Emma Vilarasau, que borda su papel de madre desesperada.
Y al margen de los premios
quedó una de las joyas de esta edición, un proyecto conjunto de
Ermanno Olmi, Abbas Kiarostami y Ken Loach que
responde al nombre de “Tickets”.
Los tres consagrados realizadores escogieron un tren para rodar
sendos episodios, como metáfora del encuentro y del cruce de
caminos. «Esto ha sido como tres amigos que se encuentran para
cocinar; lo que importa no es sólo el resultado, sino el placer
de prepararlo y saborearlo juntos», explicaba Olmi, promotor de
esta obra coral.