55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL LUNES 14 DE FEBRERO


El viejo Mitterrand y el drama palestino hacen hablar de premios

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. Comienza a hablarse de candidatos a los Osos en los pasillos del festival después de que Michel Bouquet nos regalara una interpretación magnética de François Mitterrand y de que Hani Abu-Assad acercara a la capital alemana la verdad desnuda de dos palestinos a punto de cometer un atentado suicida. La política, uno de los tres pilares de esta edición junto al fútbol y el sexo, fue protagonista de la jornada, que también tuvo espacio para la reivindicación. Fernando Fernán Gómez aprovechó la concesión de un premio de honor del certamen para arremeter contra la crítica española en un discurso leído en su nombre.

Robert Guédiguian firmando el libro de visitas del festival - Foto copyright © 2005 BerlinaleMitterrand se enfrenta a su ocaso político y vital. Con una mezcla de lucidez y megalomanía decide compartir sus recuerdos y reflexiones con un joven periodista. «Soy el último de la saga de los grandes presidentes», asegura el viejo y enfermo estadista al comienzo de Le promeneur du Champ de Mars (el paseante del Campo de Marte). El film es Michel Bouquet. Su rostro, sus palabras, su identificación casi mimética con el jefe de Estado socialista atraen como un imán al espectador. El director Robert Guédiguian es consciente de ello. Por eso cuando le ofrecieron llevar a la pantalla un libro que ha levantado ampollas en Francia, decidió que sólo lo haría en el caso de que el actor se embarcara en el proyecto. «Nadie más que Bouquet podría haber interpretado a Mitterrand», explicó; para el realizador se ha producido «el encuentro de un gran actor con un gran personaje, con una gran figura histórica». Esta alegoría de la “muerte del rey” tiene la estructura de una obra teatral, en la que se ven reflejadas las grandes contradicciones de Mitterrand, su vasta cultura y su amor por las mujeres, su humor y su despotismo, su clarividencia y su desencanto. Y, si bien es cierto que se trata de un film francés hecho para franceses, la interpretación magistral de Bouquet sobrepasa cualquier frontera.

Paradise nownos llevó después a los territorios ocupados, a la ciudad de Naplusa marcada por la más absoluta desesperanza. Muchos de los que allí sobreviven se refugian en el fanatismo y la religión. Y algunos deciden convertirse en bombas dirigidas contra el enemigo, Israel, como es el caso de los dos protagonistas: Saïd y Khaled (Kais Nashef y Ali Suliman). No hay duda de qué lado están Hany Abu-Assad y sus actores, como también quedó claro en la rueda de prensa. «Quise hacer esta película desde un punto de vista real, pero palestino», explicó el director. En su film habla de la frustración y el odio, pero también de la presión social, de los deseos casi pueriles de alcanzar la heroicidad y de las voces que se alzan entre los palestinos para recordar que el terrorismo no es la solución. La crítica de Abu-Assad es sutil pero certera. Su actitud se comprende a la perfección en una de las mejores secuencias, cuando uno de los protagonistas graba un mensaje de despedida, mientras los demás comen despreocupados un bocadillo.

Fernando Fernán Gómez - Foto copyright © 2004 Alta FilmsUna película que bien puede merecer el reconocimiento del jurado y más ahora, en un momento en el que crecen las esperanzas de lograr al fin la paz en Oriente Próximo. La entrega del Oso de Oro de Honor a Fernando Fernán Gómez nos hizo abandonar Berlín para volver a España y a sus rencillas domésticas. El veterano actor, director y guionista aprovechó la proyección internacional que ofrece el certamen para rendir cuentas con los periodistas patrios, aquellos que tachan a los actores españoles de “sobreactuantes patológicos” y consideran que el cine nacional está dominado por “la mediocridad, la recurrencia y la vulgaridad”. En un discurso que la actriz Emma Vilarasau pronunció en su nombre, Fernán Gómez dio las gracias a los organizadores de la muestra por este premio, que le ha salvado, según sus propias palabras, de caer en la más profunda depresión. Y hablando de tristeza, ese fue el estado en el que se sumieron los asistentes a la entrega del galardón durante el pase del dramón Para que no me olvides, de Patricia Ferreira. Y es que el argumento, que gira en torno a la pérdida de un hijo, novio y nieto ideal, y el recuerdo de las víctimas de la guerra civil, ataca directamente a la glándula lacrimal. La mejor, sin duda, Emma Vilarasau, que borda su papel de madre desesperada.

Y al margen de los premios quedó una de las joyas de esta edición, un proyecto conjunto de Ermanno Olmi, Abbas Kiarostami y Ken Loach que responde al nombre de Tickets. Los tres consagrados realizadores escogieron un tren para rodar sendos episodios, como metáfora del encuentro y del cruce de caminos. «Esto ha sido como tres amigos que se encuentran para cocinar; lo que importa no es sólo el resultado, sino el placer de prepararlo y saborearlo juntos», explicaba Olmi, promotor de esta obra coral.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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