55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL MIÉRCOLES 16 DE FEBRERO


La sandia, ese oscuro objeto del deseo

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. Desde hoy la sandía deja de
ser un fruto inocente asociado a las tardes de verano en el pueblo. Desde hoy la sandía es la encarnación de la lascivia, la redonda alegoría del cuerpo y sus deseos más carnales. Quien haya visto
la primera secuencia de "
Tian bian yi duo yun" (The wayward cloud: la nube impredecible) jamás podrá olvidarla.

Imagen de "Tian bian yi duo yun" - Copyright © 2005 Arena Films, Homegreen Films y Arte France CinemaEl taiwanés Tsai Ming-Liang retoma en su último proyecto la línea de "¿Qué hora es allí?“ y otras obras anteriores. Su sello aparece también en los planos largos, eternos, y en los elementos que le han acompañado a lo largo de toda su carrera: el agua, la soledad, el silencio. En este caso el agua es un bien escaso, con la ciudad de Taipei castigada por una sequía como escenario. Y el sexo es explícito, puro y duro, alternado con cómicas escenas melódicas. El film ha sido bautizado en Berlín como “el musical porno chino”, pero es mucho más que eso. «Quise contar qué es el cuerpo. Es lo más bonito y a un tiempo lo más feo, puede venderse o idealizarse; es lo único que no podemos controlar, envejece. A través de él quiero expresar mi perspectiva de la vida», explicaba el realizador para quien el sexo es lo más misterioso y lo más íntimo que se puede hacer con el cuerpo.

Se presentó en la muestra rodeado de sus intérpretes fetiche (Chen Shiang-Chyi, Lee Kang-Sheng y Lu Yi-Ching), de
nuevo implicados en su último film por la simple razón de que
«les quiero» y también porque, a su juicio, «los actores no son
un producto de consumo, sino personas a las que acompañar en su evolución». A cambio de su lealtad, los protagonistas se vieron sometidos a un trabajo “extenuante” en una película donde la única vía de comunicación es el lenguaje corporal y se cruza en varias ocasiones la frontera del erotismo.

Tampoco el espectador queda exento del agotamiento tras 112 minutos plagados de símbolos, de sordidez y de momentos magistrales como el parto de, otra vez, una sandía. Las películas de Tsai Ming-Liang no son «un pastel que se compra, se come y se olvida», como él mismo quiso subrayar. El director se mostró reacio a explicar el film y, sin embargo, profundizó en el significado del agua como algo imprescindible, principal elemento de nuestro cuerpo y también de las sandías. Algunos creen advertir olor a premio en la nube impredecible; de ser así la controversia está asegurada, a juzgar por todos los que prefirieron abandonar la sala antes del perturbador final.

Bill Murray en  "The life aquatic with Steve Zissou" - Copyright © 2004 Buena Vista InternationalCate Blanchett y Anjelica Huston fueron las encargadas de poner el toque de glamour de la jornada durante la presentación de "The life aquatic with Steve Zissou" de Wes Anderson. El oceanógrafo Steve Zissou (Bill Murray) y su peculiar equipo se embarcan a la búsqueda de un terrible tiburón-jaguar con el que esperan recuperar el prestigio perdido en la comunidad científica. El particular universo de Anderson, otro repetidor de la Berlinale, se encuentra a medio camino entre Jacques Cousteau y “Buscando a Nemo”. De hecho, los surreales animalitos de colores, que parecen escapados de una película de Walt Disney, son quizás lo más reseñable del film junto a las canciones de David Bowie que uno de los tripulan-tes interpreta en portugués. Ni siquiera la vis cómica de Murray logró convencer al respetable de Berlín, que comenzó riendo las gracias del grupo de lunáticos, para acabar después guardando un mutismo glacial.

Quizás ese silencio se debiera a que todavía estaban concentrados intentando resolver la incógnita de la jornada. ¿Cómo se ha podido colar un telefilm en la sección a competición de un festival inter-nacional de cine? Nadie ha podido entender aún la inclusión de la francesa Les mots bleus (palabras en azul), con el catalán Sergi López en el papel de profesor de niños sordomudos y héroe de andar por casa. El veterano maestro galo del suspense Alain Corneau firma esta historia de una niña y su madre (Camille Gauthier y Sylvie Testud), unidas por un enfermizo temor a las palabras, hasta que llega su salvador. Lo mejor del film es la colección de camisones de la miedosa protagonista.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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