55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL JUEVES 17 DE FEBRERO


Ruanda o la historia de la humanidad

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. El genocidio de Ruanda regresó en toda su intensidad a las pantallas berlinesas conSometimes in April, de Raoul Peck, mientras que dos actores –el japonés Issey Ogata, en su papel de emperador Hirohito, y el francés Romain Duris, encarnando a un melómano del hampa– dieron sendas lecciones de interpretación. Por primera vez en esta edición el festival ha conseguido una jornada redonda con tres películas a concurso de estilo diferente pero calidad indiscutible.

Imagen de "Sometimes in April" - Copyright © 2005 HBO Films«Esta no es una historia de negros matando a negros, esta es la historia de la humanidad» y el recuerdo vivo de lo que puede volver a ocurrir en cualquier lugar de la Tierra. Así se expresaba Peck tras el pase de su film, que se ganó el respeto general de la crítica. Y eso a pesar de que no lo tenía fácil. Pocos días antesHotel Rwanda, de Terry George, que se presentó fuera de competición, se había ganado el corazón de los espectadores con la historia real de un gerente de hotel que logra salvar la vida a cientos de personas. El director haitiano asegura no haber visto aún “Hotel Rwanda”, pero insiste en que todo trabajo sobre el tema es positivo. Sin embargo, pudo apreciarse en sus palabras cierto deje de frustración –«yo recorrí Ruanda durante meses y conocí la realidad»– ante el éxito y las nominaciones al Oscar del film, que amenazan con dejar su proyecto en un segundo plano. Sería injusto, porque, en cierta medida, “Sometimes in april” llega más lejos al relatar lo ocurrido de forma global, incluir los juicios celebrados en una Tribunal Penal Internacional en Arusha una década después y evitar el final feliz hollywoodiense. También su enfoque de la violencia es algo más crudo. «Mi objetivo era llegar tan lejos como fuera posible en el reflejo de la realidad, hasta el límite que evitara que la audiencia volviera la cabeza».

Peck contó con un equipo de seis psicólogos durante el rodaje y quiso explicar previamente su proyecto a todos los figurantes locales. Se sorprendió ante la implicación de los ruandeses. «El primer día de rodaje yo tenía la impresión de que habíamos filmado demasiada realidad y quise dar por terminada la jornada. Pero la gente me pedía que hiciéramos más tomas. Insistían en que todo fuera perfecto para después poder enseñar al mundo lo ocurrido. Ya lloraremos después, me decían». Su objetivo puede darse por cumplido y muchos aquí ya han incluido el film en su lista de favoritos. No estaría mal, dicen, que un certamen que ha puesto su acento en África distinga una película sobre este continente. Los cuatro minutos de aplausos del público durante el estreno oficial parecen darles la razón.

Issey Ogata en "Solnze" - Copyright © 2005 Nikola Film, Proline Film, Dowtown Pictures, MACT Productions y Riforma FilmMás tarde, el ruso Aleksandr Sokurov nos sumergió en la espesura y la penumbra de su Solnze(El sol), un acercamiento al emperador japonés Hirohito en el año 1945 que supone la tercera parte de una tetralogía, como anunció el propio director. Al igual que antes hizo con Hitler en “Moloch” y con Lenin en “Taurus”, el realizador se sumergió en una de las figuras más relevantes del siglo XX. «No estoy interesado en la historia, sino en los hombres y su capacidad de superar situaciones difíciles, en cómo cambian cuando tienen en sus manos el arma del poder, cómo pierden la humanidad», explicaba Sokurov en una rueda de prensa tan densa y profunda como su film. Retrata a un Hirohito muy cercano, con el uso de planos cortos y pausados de los que se encargó él mismo como camarógrafo. Y consigue dar a conocer, como pretendía, a un ser humano enfrentado a la decisión de renunciar a su “naturaleza” divina y capitular para acabar así con la devastación de la II Guerra Mundial.

Si el trabajo de dirección es enorme, la interpretación de Issey Ogata es magistral, llena de matices y con un humor sutil. Es Ogata el que nos muestra a un emperador aislado de su pueblo, venerado como un dios, incapaz de abrir una puerta por sí mismo. Logra ilustrar la paradoja de un emperador dispuesto a cuestio-narse leyes milenarias y al mismo tiempo comportarse tan ingenuamente como un niño. Ogata cuenta con el talento de un actor de cine mudo, a través de una gestualidad pretendidamente exagerada. Y le hace la competencia al francés Michel Bouquet (Le promeneur du champ de Mars) en la carrera por los osos.

Romain Duris en “De battre mon coeur s´est arrêté” - Copyright © 2005 Vértigo FilmsTampoco Romain Duris se quedó muy lejos con su papel de sexy matón a sueldo con vocación musical enDe battre mon coeur s´est arrêté. Este remake del largometraje de James Toback “Melodía para un asesinato” sustituye la mafia de Nueva York por un corrupto ambiente inmobiliario francés. En la nueva versión, el director Jacques Audiard quiso explorar en «la capacidad de una persona de cambiar su vida y las oportunidades que se presentan para ello». Para el protagonista, esa posibilidad se presenta través del piano, al que quiere regresar para escapar de un entorno corrupto y violento. El mundo del hampa es masculino, identificado con un padre que le encarga trabajos sucios, y el de la música es femenino y representado por el recuerdo de una madre pianista muerta y su profesora. Finalmente, el personaje central opta por un camino intermedio, como explicó Audiard.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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