55ª BERLINALE

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

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CRÓNICA DEL VIERNES 18 DE FEBRERO


Al fin llegó el espectáculo

Anxela Iglesias GarcíaBerlín. Después de las críticas ante la falta de glamour y de estrellas, el festival apostó por el espectáculo más efectivo y ramplón. Will Smith acudió a Berlín para ofrecer una conferencia de prensa multitudinaria llena de gritos, besos, risas y trivialidades al más puro estilo de Hollywood. Antes el drama familiar danés “Anklaget” había mantenido a la platea con los nervios erizados y la película “Kong que” había recurrido a la fórmula costumbrista china de siempre.

Amber Valletta, Will Smith y Eva Mendes en la presentación de "Hitch: Especialista en ligues" - Foto copyright © 2005 BerlinaleEl argumento de Hitch: Especialista en ligues, la comedia dirigida por Andy Tennant, se resume rápido. Un hombre (Will Smith) que se encarga de adiestrar a sus congéneres para ligarse a las más guapas y una periodista (Eva Mendes) que no quiere saber nada del otro sexo. Ambos se encuentran y no es preciso tener mucha imaginación para saber cómo acaba la cosa. Los que se preguntaban la razón de incluir en la sección oficial, aunque fuera de concurso, una comedia repleta de lugares comunes y tópicos sobre las relaciones sentimentales tuvieron la respuesta poco después. El elenco del film tuvo un poder de convocatoria que sólo había conseguido antes George Michael (quien presentó en la muestra un documental sobre su vida) y quizás Daniel Day-Lewis y su mujer Rebecca, la hija del recientemente fallecido Arthur Miller (que hicieron lo propio con su último trabajo, “The ballad of Jack and Rose”). Con la sala de conferencias llena a rebosar, Will Smith y compañía hicieron lo que se esperaba de ellos: el payaso. Gritaron, se besaron efusivamente e hicieron reír a los presentes con chistes tan fáciles como eficaces. El punto culminante llegó cuando el actor saltó del estrado para propinar un tremendo ósculo a una periodista. La Berlinale ha logrado así unos cuantos titulares más de los que hasta ahora se había merecido con una edición de nivel muy desigual y poco atractiva para el gran público.

Antes del show habíamos tenido cine y del bueno. El director novel Jacob Thuesen logró mantener a los espectadores pegados a los asientos conAnklaget(Acusado) y eso a pesar de que a estas alturas el empacho fílmico provoca deserciones a la primera de cambio. Una familia de clase media danesa comienza a derrum-barse después de que la hija adolescente acuse a su padre de abusos sexuales. El paso por la cárcel, el juicio, las sospechas y la presión social mantienen el suspense hasta el final. Troels Lyby consigue con su interpretación despertar la simpatía más profunda y el desprecio más absoluto en un film bien construido, con un guión sumamente inteligente y un trabajo de cámara más que loable. “Anklaget” se esperaba como uno de los platos fuertes ya antes de que comenzara el certamen. Y las expectativas eran tan altas que muchos salieron de la proyección algo decepcionados. Las discusiones de los periodistas se centraron en fallos de construcción dramática y el papel de la madre, cuya lealtad absoluta hacia su marido resultaba quizás poco verosímil. En lo que sí hubo coincidencia es en que al film le sobran los últimos diez o quince minutos, pues el final deja un ligero regusto a moralina que resta impacto al conjunto. El punto culminante de tensión se alcanza un cuarto de hora antes de la escena final y es quizás allí donde Thuesen debería haberse quedado.

El tema “meter tijera” no afecta únicamente a este largometraje, sino a muchos otros en este certamen caracterizado por contribuciones especialmente largas. Buena parte de los filmes programados en la sección oficial superan las dos horas de metraje, algo que en la mayoría de los casos es absolutamente innecesario. Por eso no es extraño que los acreditados se hayan convertido en “potenciales censores” obsesionados por las escenas y secuencias que podrían eliminarse.

Gu Changwei, director de "Kong que" - Foto copyright © 2005 BerlinaleEn el caso de Kong que(Pavo real) las tijeras hubieran hecho mucho bien. Nada menos que 144 minutos ha empleado Gu Changwei para relatarnos en su ópera prima la melancólica vida de una familia obrera en una ciudad de provincias china de los setenta. Con todo lujo de detalles el film presenta los sueños y deseos de libertad de dos adolescentes y la castrante actitud de unos padres ocupados únicamente de un hijo deficiente. Tras las bellísimas imágenes y el uso del color y la luz se percibe la mano de Gu Changwei, aclamado director de fotografía en obras como “Sorgo rojo” o “Adiós a mi concubina”. Pero si hubiera superado una linealidad algo soporífera y aplicado cierta capacidad de síntesis, el conjunto del film hubiera sido mucho mejor.
 


Fotos copyright © 2005 Festival Internacional de Cine de Berlín.
 

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